sábado. 22.06.2024

Las langostas son una de las principales plagas que dañan cultivos y zonas de pastos, sobre todo en su etapa adulta cuando son capaces de volar y agruparse. Excepto en la Antártida, están presentes en todos los continentes. Durante mucho tiempo, la vía principal para eliminarlas han sido los pesticidas químicos, pero estos perjudican el medioambiente y afectan a la biodiversidad. Por ello, en los últimos años se ha apostado por biopesticidas, fundamentalmente hongos entomopatógenos, esto es, hongos que infectan a los insectos matándolos. Para garantizar la efectividad del hongo, los cuales funcionan mejor en insectos con temperaturas corporales más bajas, es clave controlar el momento en el que se aplican. Según un estudio publicado en la revista Frontiers in Physiology por un equipo internacional del que ha formado parte Pablo González, investigador del Departamento de Ingeniería Forestal de la UCO y que ha estudiado la langosta migratoria oriental, el mejor momento para aplicar el hongo es cuando estas son jóvenes, concretamente en torno a los 20 días tras la eclosión de los huevos.

En ese momento, en el que la langosta se encuentra en la tercera fase de desarrollo (de las cinco por las que pasa hasta su etapa adulta), es cuando se dan las mejores condiciones de temperatura y comportamiento para garantizar la efectividad del hongo. Como las langostas, por ser insectos ectotermos, no pueden regular por sí mismas su temperatura interior, lo que hacen es modificar su comportamiento para buscar zonas de temperaturas más adecuadas.

Tras analizar casi 1.000 muestras de langosta migratoria oriental recogidas en las provincias chinas de Dagang y Dongying, la investigación comprobó que en la tercera fase de desarrollo las langostas mantienen una temperatura más baja que en otras etapas (por debajo de los 35 grados) ya que normalmente se encuentran situadas cerca del suelo debido a su vulnerabilidad. A medida que las langostas iban creciendo, su temperatura aumentaba porque se acercaban a zonas más cálidas, por encima de la vegetación o incluso volando. Por tener unas temperaturas más bajas, la tercera fase representa el momento idóneo para aplicar el hongo.

Pero, además, al ser aplicado en la tercera fase de crecimiento, el hongo dispone de tiempo suficiente para actuar antes de que la langosta llegue a su etapa adulta (lo que ocurre a los 35-40 días tras la eclosión de los huevos y se prolonga 20 o 30 días más) cuando ya puede volar y convertirse en un problema al poder desplazarse a otros cultivos.

Dado que las autoridades de las zonas tradicionalmente afectadas por plagas de langostas hacen un seguimiento continuo de sus poblaciones para identificar el estado y la abundancia, la identificación del momento óptimo para aplicar el hongo podrá ayudarlos a un mejor control de la plaga.

El estudio, que se ha realizado en China, pero es extrapolable a otras zonas, ha contado con financiación de Reino Unido y de China y ha sido liderado por un equipo de investigación perteneciente a la ONG internacional CABI cuyo objetivo es mejorar la vida de las personas proporcionando información para resolver problemas en la agricultura y el medio ambiente, además de personal de la Universidad de Zhejiang y del servicio nacional de extensión agraria de China y de la Universidad de Córdoba en España.

Un estudio analiza la temperatura y el comportamiento de las langostas