Nueva pirámide alimentaria de EEUU: guía de recomendaciones y evidencia

Se han reunido las preguntas que más se repiten desde que el Departamento de Sanidad de Estados Unidos lanzó su nueva pirámide alimentaria. El documento ha generado debate por su enfoque y por cómo coloca los alimentos dentro de la figura.

El análisis gira en torno a un punto clave: qué encaja con la evidencia científica y qué parece chocar con recomendaciones oficiales e independientes. El resultado es una discusión intensa sobre proteínas, grasas, alcohol y ultraprocesados.

A continuación, las claves explicadas de forma directa, con los datos y fuentes citadas en el propio debate. Atención a los matices: algunos mensajes se presentan como saludables, pero no siempre cuadran con lo que marcan las pruebas actuales.

  1. Proteínas: el foco en la carne y el choque con la ciencia
  2. Grasas “saludables”: qué sugiere la guía y qué advierte la evidencia
  3. Alcohol: el regreso del “menos” frente al “cero”
  4. Puntos que sí encajan con una alimentación saludable
  5. Ultraprocesados: la afirmación de “por primera vez” bajo la lupa
  6. ¿Pirámide invertida? No es la primera propuesta
  7. Productores y posibles intereses: lo que se conoce hasta ahora

Proteínas: el foco en la carne y el choque con la ciencia

La pirámide del Departamento de Sanidad de Estados Unidos insiste en incluir alimentos ricos en proteína en cada comida y pone por delante la proteína de origen animal. El diseño también comunica ese mensaje: en la parte superior izquierda, la zona más visible, aparece un filete, mientras que las nueces y avellanas que representan a los frutos secos quedan en un segundo plano.

Esta prioridad por la carne roja frente a opciones vegetales como legumbres y frutos secos ha recibido críticas. El Centro para la Ciencia para el Interés Público de Estados Unidos (CSPI) alerta de que el énfasis en carne, mantequilla y lácteos enteros como fuentes de proteína es perjudicial “al socavar tanto el límite de grasas saturadas como el consejo científico del Comité Asesor de las Guías Alimentarias de 2025”, que recomendaba priorizar proteínas vegetales “para reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares”, como también refleja la evidencia científica actual.

La evidencia sobre la base de la dieta habitual apunta a un protagonismo claro de los alimentos de origen vegetal como verduras, hortalizas y frutas. Sin embargo, la nueva pirámide estadounidense coloca al mismo nivel productos de origen animal como carne, mantequilla y lácteos (quesos, yogures, leche…).

Ese encaje visual y práctico es el que está disparando las dudas: no se discute la presencia de proteína, sino el orden de prioridades que marca el gráfico. Y en nutrición, el orden importa: orienta compras, menús y frecuencia de consumo.

Grasas “saludables”: qué sugiere la guía y qué advierte la evidencia

Otro punto que ha levantado ruido es el bloque de grasas. La nueva pirámide también recomienda la carne como una de las principales fuentes de “grasas saludables” y, aunque señala el aceite de oliva como la mejor opción para cocinar, añade también la mantequilla y el sebo sin remarcar con claridad que son alternativas mucho menos recomendables.

El problema está en el tipo de grasa que aportan. Junto a la carne roja, la mantequilla y el sebo son fuentes de grasas saturadas, cuyo consumo habitual se ha asociado con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular.

El texto que acompaña a la pirámide dice que conviene limitar estas grasas a un máximo del 10% de las calorías diarias. Pero, según el análisis citado, esa advertencia entra en conflicto con lo que se propone en la base del esquema (carne roja, lácteos enteros y mantequilla), porque podría triplicar las grasas saturadas frente al límite recomendado.

El CSPI lo resume con una crítica contundente: “El documento difunde desinformación flagrante acerca de que las ‘grasas saludables’ incluyen la mantequilla y el sebo de res”. La frase ha sido una de las más compartidas al hablar de esta guía.

Alcohol: el regreso del “menos” frente al “cero”

La guía vuelve a apostar por un consumo moderado de alcohol, con el mensaje de “menos alcohol”, en lugar de recomendar consumo cero. Ese matiz es clave porque cambia la interpretación práctica: moderar no es lo mismo que evitar.

Sin embargo, se recuerda que el único consumo considerado saludable es el consumo cero. Por eso, este punto se ha convertido en otro foco de discusión dentro y fuera de Estados Unidos.

Puntos que sí encajan con una alimentación saludable

No todo es polémica. La pirámide estadounidense sí incluye varias recomendaciones alineadas con pautas ampliamente aceptadas: verduras (mejor cuanto menos procesadas), granos integrales y grasas saludables.

También se menciona el consumo de lácteos enteros sin azúcares añadidos y se refuerza una idea que suele generar consenso: priorizar comida real frente a productos ultraprocesados. En este punto, el enfoque coincide con lo que suele respaldar la evidencia disponible.

Ultraprocesados: la afirmación de “por primera vez” bajo la lupa

Desde el Departamento de Salud de Estados Unidos se afirma que “por primera vez” se “reconstruye un sistema roto” al “criticar públicamente los ultraprocesados”. El mensaje suena rotundo y busca impacto.

Pero el propio análisis matiza esa lectura: ninguna guía previa aconsejaba consumir ultraprocesados. Es decir, aunque desaconsejarlos encaja con la evidencia científica actual, no se estaría presentando una novedad real, sino una idea ya asumida en la práctica.

¿Pirámide invertida? No es la primera propuesta

El nuevo diseño juega con el efecto de una pirámide “al revés”, pero no es un estreno. Antes ya se propusieron figuras similares, como el triángulo invertido de la nutrición, impulsado en 2015 por el Instituto Flamenco de Vida Saludable.

La diferencia es importante: esa propuesta no solo “expulsa” de la figura a bebidas y productos con mucho azúcar, comida rápida, precocinados, embutidos y sal; también saca a las bebidas alcohólicas. En la práctica, el corte es más amplio.

Además, plantea que la base de cada comida “debe estar constituida por alimentos vegetales frescos”, reduce el peso de los alimentos de origen animal y señala que los líquidos deberían ser sobre todo agua. El mensaje final queda subrayado: cuantos menos ultraprocesados, mejor.

Así, el debate no se limita a la forma del triángulo, sino al contenido y a lo que se empuja a consumir más a menudo. Ahí es donde se comparan modelos y se evalúa su coherencia.

Productores y posibles intereses: lo que se conoce hasta ahora

En su web, el Departamento de Salud de Estados Unidos asegura haber “reajustado su sistema alimentario para apoyar a los agricultores, ganaderos y empresas estadounidenses que cultivan y producen alimentos reales” y añade que “la administración Trump está trabajando para garantizar que todas las familias puedan costearlos”. Estas frases han alimentado preguntas sobre el peso de la industria en el enfoque final.

Además, según un informe de la organización activista US Right to Know (USRTK), nueve de los 20 miembros del Comité Asesor de Guías Alimentarias (DGAC, por sus siglas en inglés) presentan conflictos de intereses con empresas o grupos industriales de alimentos, medicamentos y de pérdida de peso.