La pérdida de biodiversidad aviva la sed de sangre humana de los mosquitos

Archivo - Mosquito
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La reducción de los hábitats por la expansión humana está modificando la relación entre mosquitos y huéspedes. En ese contexto, especies que antes se alimentaban de una gama amplia de vertebrados podrían estar orientando con mayor frecuencia sus picaduras hacia las personas, de acuerdo con un estudio del Instituto Oswaldo Cruz y la Universidad Federal de Río de Janeiro, ambos en Brasil, publicado en 'Fronteras en Ecología y Evolución.

El trabajo se sitúa en la Mata Atlántica, una franja forestal que recorre la costa brasileña y que concentra una elevada diversidad biológica. Sin embargo, la presión humana ha reducido el bosque hasta dejar intacto solo alrededor de un tercio de su extensión original, un cambio con efectos directos sobre la ecología de vectores y el riesgo sanitario.

  1. Presión humana y cambio en la alimentación
  2. Cómo se obtuvo la evidencia
  3. Resultados del muestreo
  4. Riesgos sanitarios y necesidades de investigación

Presión humana y cambio en la alimentación

La Mata Atlántica alberga cientos de especies de aves, anfibios, reptiles, mamíferos y peces, lo que en teoría ofrece múltiples opciones de alimento para los mosquitos. Aun así, el estudio describe un patrón de acercamiento a los humanos en remanentes forestales, en un escenario donde la transformación del territorio altera la oferta real y la accesibilidad de los huéspedes.

En ese marco, el autor principal, el doctor Jeronimo Alencar, biólogo del Instituto Oswaldo Cruz en Río de Janeiro, sostiene: "Aquí demostramos que las especies de mosquitos que capturamos en los remanentes del Bosque Atlántico tienen una clara preferencia por alimentarse de humanos". El hallazgo se plantea como un indicador relevante cuando la biodiversidad local convive con focos de ocupación humana en expansión.

Mata Atlántica y disponibilidad de huéspedes

La pérdida de cobertura forestal aparece como un factor de fondo que reorganiza el contacto entre especies. Con menos superficie continua de selva y más áreas intervenidas, los mosquitos pueden ajustar su conducta de alimentación y su presencia espacial, con mayor probabilidad de interacción con personas en bordes de bosque, caminos y zonas próximas a asentamientos.

El coautor, el doctor Sergio Machado, investigador que estudia microbiología e inmunología en la Universidad Federal de Río de Janeiro, subraya el impacto de esa preferencia: "Esto es crucial porque, en un entorno como el Bosque Atlántico, con una gran diversidad de posibles huéspedes vertebrados, la preferencia por los humanos aumenta significativamente el riesgo de transmisión de patógenos". La advertencia enlaza ecología y epidemiología en un mismo diagnóstico.

Cómo se obtuvo la evidencia

Para sustentar el análisis, el equipo recurrió a un muestreo de mosquitos mediante trampas de luz. La captura se realizó en la Reserva Sítio Recanto y la Reserva Ecológica del Río Guapiacu, ambas en el estado de Río de Janeiro, con el objetivo de observar qué especies estaban presentes y qué fuentes de sangre habían utilizado.

El procedimiento se completó en el laboratorio con la selección de hembras ingurgitadas, es decir, ejemplares con sangre reciente. A partir de esa sangre se extrajo ADN y se aplicó secuenciación para estudiar un gen que opera como un código de barras distintivo por especie de vertebrado, lo que permitió contrastar los resultados con una base de datos e identificar el origen del alimento.

Captura en reservas y análisis genético

El uso de un marcador genético específico se presenta como la vía para rastrear el huésped tras la picadura. Al comparar los códigos obtenidos con registros disponibles, el estudio pudo atribuir la sangre consumida a categorías concretas de vertebrados, una pieza central para entender rutas potenciales de transmisión en paisajes fragmentados.

El enfoque, no obstante, depende de la calidad y amplitud de las referencias en bases de datos. Por ello, los resultados se interpretan dentro de las limitaciones técnicas descritas por los autores, en particular cuando se trata de mezclas de sangre o de identificaciones incompletas.

Resultados del muestreo

En el total de la captura se contabilizaron 1.714 mosquitos, distribuidos en 52 especies. De ese conjunto, 145 hembras estaban ingurgitadas de sangre, un porcentaje que se sitúa por debajo del 7% y que reduce el volumen de muestras útiles para reconstruir con detalle las preferencias de alimentación en cada especie.

Dentro de esas hembras, la identificación del origen de la sangre fue posible en 24 casos, cerca del 38%. En esos resultados, la sangre correspondió a 18 humanos, un anfibio, seis aves, un cánido y un ratón, un reparto que el estudio destaca por el peso relativo de los humanos en comparación con otras opciones disponibles en el entorno.

Fuentes de sangre y mezclas

El análisis también detectó ingestiones con más de una fuente. Un mosquito identificado como Cq. Venezuelensis presentó una composición de sangre de anfibio y humana. En el caso de Cq. Fasciolata, se registraron combinaciones distintas: por un lado, roedor y ave; por otro, ave y humano.

Estos hallazgos apoyan la idea de que, más allá de posibles inclinaciones innatas, la disponibilidad y la proximidad del huésped condicionan la elección. En un territorio donde el bosque se reduce y los humanos ganan presencia, el patrón puede desplazarse hacia una alimentación más frecuente en personas por la facilidad del contacto.

Riesgos sanitarios y necesidades de investigación

El estudio enmarca estas observaciones en un riesgo sanitario que trasciende la molestia de la picadura. En las regiones analizadas, los mosquitos transmiten virus como la fiebre amarilla, el dengue, el zika, el mayaro, el sabiá y el chikunguña, asociados a enfermedades con impacto grave en salud pública y posibles consecuencias a largo plazo.

En ese sentido, el trabajo plantea que investigar la conducta de alimentación es clave para comprender la dinámica ecológica y epidemiológica de los patógenos transmitidos. Además, la reducción de la Mata Atlántica por la deforestación se vincula con cambios en hábitos y hábitats que acercan a los mosquitos a zonas frecuentadas por personas.

Implicaciones para vigilancia y control

Sobre el mecanismo de desplazamiento hacia humanos, Machado explica: "Con menos opciones naturales disponibles, los mosquitos se ven obligados a buscar nuevas fuentes de sangre alternativas. Terminan alimentándose más de humanos por conveniencia, ya que somos el huésped más frecuente en estas áreas". La cita resume el vínculo entre degradación ambiental y aumento de exposición.

El propio estudio indica que la baja proporción de mosquitos ingurgitados y el porcentaje limitado de identificaciones refuerzan la necesidad de ampliar bases de datos y aplicar métodos más adecuados para reconocer ingestas mixtas, con el fin de determinar todas las fuentes de alimento. Aun con esas limitaciones, los autores consideran que los resultados pueden aportar a políticas y estrategias de control más eficaces, además de contribuir a anticipar y prevenir brotes futuros.

En el plano operativo, Machado advierte: "Saber que los mosquitos de una zona tienen una fuerte preferencia por los humanos sirve como alerta sobre el riesgo de transmisión". Esa señal permitiría acciones específicas de vigilancia y prevención, con un enfoque que, a largo plazo, incorpore el equilibrio del ecosistema en las estrategias de control.