El váter de los astronautas en la Luna se estropea y emite un olor fuerte
La misión Artemis II está de regreso a la Tierra tras marcar un hito histórico: sus cuatro astronautas se convirtieron en los humanos que han viajado más lejos en la historia. Sin embargo, no todo ha sido un camino de rosas para Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, quienes han experimentado algunos contratiempos técnicos durante esta aventura espacial. Estos problemas se han ido revelando casi en tiempo real, gracias a las comunicaciones detalladas que han mantenido con la Tierra.
Entre los inconvenientes que han enfrentado destaca uno bastante singular y delicado: el inodoro avanzado instalado en la nave Orion, que los acompaña en su órbita lunar. Este sistema no solo presentó fallos técnicos desde las primeras horas de la misión, sino que además generó un olor a quemado que encendió las alarmas en el centro de control, debido a la sensibilidad del vehículo espacial.
Los problemas del sistema de residuos a bordo
Los problemas con el inodoro comenzaron pronto, ya que se atascaba repetidamente durante el viaje previsto para durar 10 días. La NASA tuvo que limitar su uso, recomendando que solo se empleara para residuos sólidos. Afortunadamente, Christina Koch logró arreglar esta avería temporalmente al cebar la bomba con líquido, pero, tras un par de días, el problema volvió a aparecer.
Judd Fieling, Director de Vuelo de Artemis II, explicó que "es un problema relacionado con los residuos que se tiran al váter, probablemente causado por orina congelada en los conductos de ventilación". Además, el Sistema Universal de Gestión de Residuos (UWMS), que es el moderno sistema para los desechos pensado para esta misión, presentó un olor peculiar, parecido a "cuando enciendes un calefactor que lleva un tiempo apagado".
Soluciones y medidas adoptadas por la tripulación
Este baño espacial supone un aspecto a mejorar para la próxima misión Artemis III, considerando que, en ocasiones anteriores, la NASA tuvo que recurrir a bolsas para recoger los desechos, método que en las misiones Apollo llevó a situaciones complicadas como materia fecal flotando dentro de la cápsula. Por su parte, el control terrestre de la misión cree que el olor a quemado no representa un riesgo grave y podría estar causado por el aislamiento térmico de la puerta del baño, que se habría calentado de forma inesperada.
Para prevenir inconvenientes, la NASA equipa a sus astronautas con un Urinario de Contingencia Plegable (CCU), que es un dispositivo diseñado para aspirar la orina y evitar el uso excesivo de pañales, lo que reduce peso y volumen. La tripulación también realizó varios ensayos para solucionar el problema, como girar la cápsula para exponer el tubo que contenía orina congelada a la luz solar, lo que ayudó a descongelar y liberar la obstrucción, permitiendo que el sistema UWMS volviera a funcionar parcialmente para residuos sólidos.
Esta experiencia muestra que, a pesar de la alta tecnología y el brillo de las grandes misiones espaciales, los desafíos más cotidianos y menos glamurosos también forman parte del viaje.