Pequeños daños: el escudo del cerebro para evitar males mayores; infórmate

Ansiedad o depresión

 

Las conductas de autolesión y autosabotaje, desde pellizcarse la piel hasta ignorar a otras personas, suelen verse como actos sin sentido. Sin embargo, un análisis psicológico reciente plantea que estos comportamientos responden a una lógica de supervivencia y no a un simple fallo de voluntad.

Esta lectura aparece en el nuevo libro 'Controlled Explosions in Mental Health', del psicólogo clínico Charlie Heriot-Maitland, de la Universidad de Standford (Estados Unidos). En su planteamiento, los comportamientos dañinos se relacionan con necesidades biológicas y con la forma en que el cerebro intenta mantener el control.

La idea central es directa: aunque parezcan contraintuitivas, estas “pequeñas explosiones” pueden actuar como una dosis protectora. El cerebro tolera un daño menor para intentar prevenir uno mayor, como el fracaso o el rechazo, y empuja hacia respuestas que se sienten más predecibles.

  1. Autolesión y autosabotaje como respuesta adaptativa
  2. El cerebro y la búsqueda de predictibilidad
  3. Amenaza conocida frente a amenaza desconocida
  4. "más vale prevenir que lamentar": ejemplos cotidianos
  5. Formas comunes de autosabotaje
  6. Cuando el miedo se convierte en profecía
  7. Intervenciones y salida del círculo

Autolesión y autosabotaje como respuesta adaptativa

En el libro, Heriot-Maitland explora las necesidades biológicas que pueden estar detrás de comportamientos que perjudican. La propuesta sostiene que el cerebro puede usar daños pequeños como una forma de protección para evitar consecuencias que se perciben como más graves.

Así, posponer el inicio de un proyecto puede terminar haciendo daño, pero también puede cumplir una función: intentar prevenir un daño mayor, como el fracaso o el rechazo. El problema es que el alivio inmediato no elimina el coste a medio plazo.

El cerebro y la búsqueda de predictibilidad

El planteamiento se apoya en una premisa clara: el cerebro funciona como una máquina de supervivencia. No estaría orientado a maximizar la felicidad o el bienestar, sino a mantener la vida y a sostener una sensación de mundo predecible.

En esa lógica, las sorpresas no resultan cómodas. La necesidad de anticipación empuja a buscar señales de peligro incluso donde no las hay, porque el coste de no detectar una amenaza puede parecer demasiado alto.

Amenaza conocida frente a amenaza desconocida

La vulnerabilidad aumenta cuando la amenaza se percibe como impredecible. En ese punto, el cerebro tendería a intervenir para ofrecer versiones más controladas de la amenaza, aunque resulten dolorosas.

"Nuestro cerebro no puede permitirlo e intervendrá para ofrecernos versiones más controladas y predecibles de la amenaza. Nuestro cerebro preferiría que fuéramos los responsables de nuestra propia caída antes que arriesgarnos a ser derribados por algo externo. Preferiría que estuviéramos bien ensayados para recibir la hostilidad generada internamente antes que arriesgarnos a no estar preparados para ella por parte de otros"

Este mecanismo se resume en un principio: el cerebro preferiría la certeza de una amenaza conocida y controlada antes que la posibilidad de una amenaza desconocida y fuera de control. En apariencia, es un mal menor; en la práctica, puede sostener el círculo del autosabotaje.

"más vale prevenir que lamentar": ejemplos cotidianos

La teoría se enmarca en cómo evolucionó el cerebro humano: para sobrevivir, no para ser feliz. En esa evolución, quedó un sistema que detecta peligro con facilidad, lo que pudo ser útil para la especie, pero hoy puede activar alarmas ante daños físicos o emocionales posibles.

Heriot-Maitland lo describe como una táctica de "más vale prevenir que lamentar". Incluso cuando resulta evidente que no es sensato comer una bolsa de chocolates, puede ocurrir de todos modos para evitar la vergüenza mayor del fracaso.

El mismo patrón aparece en lo social: aunque alguien no odie realmente, puede surgir la tendencia a evitarlo para no exponerse a un rechazo que se imagina más duro. El sistema de amenazas favorece la percepción de riesgo, incluso cuando no existe, para generar una respuesta protectora.

Formas comunes de autosabotaje

Entre las conductas más frecuentes se señalan la procrastinación, el perfeccionismo y el pesimismo. Estas estrategias se parecen en el objetivo: evitar el fracaso, el daño emocional o la exposición a una situación temida.

También aparece la autocrítica como otra vía, ya sea para intentar mejorar o para culparse y recuperar una sensación de agencia. En conjunto, estas respuestas pueden sostenerse por un sistema de amenazas altamente sensible.

Procrastinación

La procrastinación suele desviar la atención de las tareas. A corto plazo puede dar alivio, porque reduce el contacto con la posibilidad de fallar o ser evaluado.

Aun así, el coste se acumula. La tarea permanece, el malestar crece y el comportamiento puede reforzar la idea de incapacidad, manteniendo el mismo circuito de amenaza que se pretendía calmar.

Perfeccionismo

El perfeccionismo se relaciona con la misma motivación, pero se expresa de otro modo. En lugar de apartarse, puede aparecer una hiperconcentración y un cuidado extremo por el detalle, con la esperanza de evitar errores.

Sin embargo, el intento de blindarse contra el fallo expone al riesgo de estrés y agotamiento. La búsqueda de control puede convertirse en una presión constante que alimenta el autosabotaje por otra ruta.

Pesimismo y autocrítica

La autocrítica se presenta como otra forma de autosabotaje. Puede funcionar como una manera de crear control interno, aunque implique dureza, culpa o desgaste emocional, y puede acabar dominando la forma de interpretarse a uno mismo.

Estos comportamientos, señala el autor, implican un secuestro neurológico: el sistema de respuesta a amenazas coopta funciones cognitivas superiores como la imaginación y el razonamiento. Por eso, cuando aparece el miedo, la mente puede llenarse de escenarios predictivos ligados a ese miedo.

Cuando el miedo se convierte en profecía

Una dificultad añadida es que el autosabotaje puede volverse una profecía autocumplida. La predicción negativa no solo describe la realidad, también la empuja, porque altera el esfuerzo, la conducta y las oportunidades.

"Si creemos que no somos muy buenos en algo, podemos no esforzarnos al máximo y terminar teniendo un rendimiento inferior al que habríamos tenido si hubiéramos hecho una predicción diferente", explica. "O si creemos que no le gustamos a alguien y lo evitamos, entonces nuestro miedo al rechazo puede haber impedido forjar una relación".

En muchos casos, este patrón puede enlazarse con una experiencia vital difícil: una amenaza, un trauma o una tragedia. Aun cuando cumplan una función protectora, las explosiones controladas perjudican y conviene no perderlo de vista.

Intervenciones y salida del círculo

Las intervenciones psicológicas eficaces, según el planteamiento, se enfocan en procesar el dolor emocional que está por debajo. También se reconoce que se trata de una “decisión difícil” y que es poco probable que exista una “solución rápida”.

"Resolver el daño subyacente a menudo puede implicar ambos aspectos: generar seguridad en torno a la situación y el sentimiento temidos; y lamentar la pérdida de una necesidad central en esa situación que no fue satisfecha, negada o descartada".

La salida del círculo no se apoya en más autocrítica, ya que complica vías neuronales desgastadas, sino en la autocompasión. Para aprovechar la neuroplasticidad y aprender hábitos menos dañinos, se plantea la importancia de reconocer y comprender primero el comportamiento, en lugar de pelear con él.

"Inculcar estas motivaciones compasivas en un proceso como este no es algo que se da por sentado. Requiere tiempo, esfuerzo e intencionalidad".

Comprender la base evolutiva del autosabotaje permite identificar la función protectora que intenta cumplir y, a la vez, abordar el daño que causa sin juicio. "No queremos combatir estos comportamientos, pero tampoco queremos apaciguarlos y permitir que sigan controlando, dictando y saboteando nuestras vidas. Tenemos opciones".