Analizan patrones de búsqueda de alimento en los primeros humanos
Los alimentos con alta calidad nutricional, especialmente la carne, jugaron un papel fundamental en el desarrollo tanto cognitivo como social de los primeros individuos del género Homo, según revela un estudio realizado por la Universidad de Fairfield, Estados Unidos. Esta investigación, que profundiza en las estrategias de obtención de alimentos de los primeros humanos, fue publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).
Para entender mejor cómo se alimentaban estos primeros homínidos, los científicos estudiaron un conjunto fósil con una antigüedad aproximada de 1,6 millones de años, proveniente de la Formación Koobi Fora en Kenia. Este conjunto arqueológico, ubicado en la capa geológica KBS, data de antes de la capa Okote e incluye restos óseos de animales troceados asociados con los primeros Homo. Entre los hallazgos destacan numerosos restos de antílopes, que fueron recurrentes en las muestras analizadas. Los patrones observados en estos restos coinciden con comportamientos también registrados en la capa geológica Okote.
Comportamiento de alimentación en primeros Homo
Entre las conductas detectadas se incluyen la práctica de la caza o el carroñeo activo, así como el traslado de partes de cadáveres a lugares donde se procesaban y la extracción sistemática de la médula ósea. Los huesos recuperados en el conjunto KBS presentan escasas marcas de dentición de carnívoros, lo que indica que estos primeros humanos podrían haber accedido a los cadáveres con mínima competencia de otros depredadores.
El traslado de piezas óseas permitió priorizar secciones del animal que ofrecían un alto aporte nutritivo con menor esfuerzo para su manipulación. El marco geológico en que se descubrieron estos restos sugiere que las actividades de búsqueda de alimento se desarrollaban en entornos cercanos a ríos.
Evidencias fósiles: coordinación y estrategias
Los patrones de comportamiento observados en los restos KBS guardan correspondencia con otros yacimientos de 1,84 millones de años en Tanzania y de 2 millones de años en Kenia. Según los investigadores, estas formas de obtención de recursos alimenticios, mantenidas de manera estable a lo largo del tiempo, podrían haber sido clave para el éxito adaptativo y la evolución del género Homo.