Pérez-Reverte acusa a la RAE: "Talibanes del todo vale"

Archivo - El escritor Arturo Pérez-Reverte, durante la presentación del monumento al Capitán Alatriste, en la Real Academia de la Lengua Española, a 14 de octubre de 2025, en Madrid (España). El monumento se colocará en Cartagena (Murcia), tierra natal de

El escritor y académico Arturo Pérez-Reverte ha dirigido críticas a la Real Academia Española (RAE), presidida por Santiago Muñoz Machado. En un texto periodístico, sostiene que la institución habría cedido ante presiones externas vinculadas al uso político y mediático del lenguaje, y que se estaría aplicando una normativa que describe como “laxa y ambigua”.

Según lo expuesto, la posición de los académicos escritores tendría hoy un peso menor dentro de la RAE. En ese marco, se citan avisos previos sobre errores, empobrecimientos y banalizaciones del idioma, que, de acuerdo con el autor, no habrían tenido efecto en las decisiones internas.

El planteamiento se articula en un artículo publicado este lunes en el diario El Mundo, donde se reconoce al actual director “importantes logros” como la “salvación económica”, pero se indica que se habría deteriorado el “vínculo histórico y el respeto mutuo” entre creación literaria y técnica lingüística.

  1. Publicación y marco del debate
  2. Críticas a la dirección de la RAE
  3. Debates internos y criterios normativos
  4. Presión externa y temor a ser elitista
  5. Casos mencionados: inclusivo y ortografía
  6. Comunicación pública y registro en redes
  7. Influencia cultural y falta de liderazgo

Publicación y marco del debate

El artículo lleva por título Por qué ni fija, ni limpia, ni da esplendor y plantea que la RAE “ha dejado de ejercer”, en referencia a su papel normativo. En el texto se afirma que los plenos de los jueves en la institución se desarrollan en un clima “muy tenso”, por el choque entre dos formas de entender sus funciones y obligaciones.

Pérez-Reverte, académico desde 2003, sitúa sus críticas en el contexto del mandato de Santiago Muñoz Machado. A la vez, diferencia esta etapa de las direcciones anteriores, a las que atribuye un equilibrio entre lingüistas y creadores.

Críticas a la dirección de la RAE

En su exposición, el autor sostiene que la voz de los académicos escritores “apenas cuenta” en la actualidad. También afirma que quienes han señalado problemas del idioma habrían sido ignorados o tratados como aportaciones “respetables”, pero sin impacto.

El texto describe un cambio en el funcionamiento interno: frente a un “exquisito y útil equilibrio” atribuido a directores anteriores —entre ellos Darío Villanueva, citado como el penúltimo—, se indica que “hoy ocurre todo lo contrario” y que “suele imponerse el hecho consumado”.

Debates internos y criterios normativos

Entre los puntos señalados figura el papel del núcleo de lingüistas en quien la dirección depositaría decisiones clave. Se afirma que, como justificación normativa, se estarían tomando como referencia titulares periodísticos redactados con descuido y usos masivos en redes sociales, incluso cuando contradicen principios sintácticos, semánticos o estilísticos asentados.

En la misma línea, se asegura que la Academia aceptaría construcciones que antes habría considerado erróneas, y que ese cambio no respondería a un debate lingüístico profundo, sino a presiones externas.

Presión externa y temor a ser elitista

El artículo vincula parte de esas decisiones a un entorno cultural “hipersensible”. Según lo descrito, existiría temor a que la RAE sea percibida como elitista, conservadora o excluyente, tanto en España como en Hispanoamérica, donde se menciona una tendencia a desconfiar de toda autoridad lingüística.

En ese contexto, se plantea que la institución se habría doblegado “con demasiada facilidad y frecuencia” al uso mediático o político del lenguaje.

Casos mencionados: inclusivo y ortografía

Entre los ejemplos citados se incluyen los debates sobre lenguaje inclusivo, la acentuación de las palabras solo y guion, y las mayúsculas opcionales. En la crítica se resume la respuesta académica como formulaciones del tipo: “depende”, “es válido”, “se recomienda, pero no es obligatorio”.

En relación con el lenguaje inclusivo, se reconoce una “resistencia académica honorable”, aunque, según lo expuesto, faltaría “contundencia propia de su autoridad” en un terreno descrito como marcado por el debate político.

Comunicación pública y registro en redes

El texto también alude a la visión atribuida al director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, sobre la situación de la RAE. Se indica que, aunque históricamente la institución estuvo integrada por figuras literarias y filológicas de primer orden, en la actualidad sus voces públicas sonarían aisladas.

Además, se afirma que el sector encargado de las comunicaciones exteriores mantendría una preocupación constante por evitar que se asigne a la RAE el calificativo de elitista. Como consecuencia, se describe un registro “cada vez más vulgar”, adaptado a redes sociales, con respuestas rápidas, ingeniosas y, a menudo, superficiales.

Influencia cultural y falta de liderazgo

El artículo concluye que, en el escenario actual, un “influencer analfabeto, tertuliano o youtuber” podría ejercer más influencia lingüística que un premio Cervantes. También se reitera una “falta de liderazgo cultural” ante cuestiones como los anglicismos, los tecnicismos innecesarios y el empobrecimiento léxico.

En el cierre se afirma que, frente a la injerencia del oportunismo político, la ignorancia y la “estupidez sectaria” en materia lingüística, la Academia tendería a situarse entre el “silencio administrativo” y la “cautela diplomática”, evitando incomodar a distintos sectores.