Marianna Brennand, nominada al Goya por "Manas": "Estamos cansadas del ojo masculino que cosifica"

La cineasta Marianna Brennand durante una entrevista para Europa Press, en la embajada de Brasil, a 4 de febrero de 2026, en Madrid (España). Su película ‘Manas’ ha sido nominada a Mejor Película Iberoamericana en los Goya 2026.

La cineasta brasileña Marianna Brennand está viviendo días intensos con la nominación de ‘Manas’ al Goya 2026 a Mejor Película Iberoamericana. El filme pone el foco en el abuso infantil y la explotación sexual que sufren menores en Brasil, en un entorno marcado por la falta de opciones y por una violencia que se sostiene en lo estructural.

La historia se sitúa en la isla de Marajó, en la región amazónica, y nace de casos reales. Aun así, el mensaje va mucho más allá del lugar: la directora insiste en que se trata de un relato dolorosamente universal, porque este tipo de violencia sigue repitiéndose en muchos contextos.

 

  1. Una historia que pone nombre a lo estructural
  2. De casos reales a una ficción necesaria
  3. La violencia se siente, pero no se muestra
  4. Rumbo al Goya 2026
  5. Un buen momento para el cine brasileño

Una historia que pone nombre a lo estructural

Para Brennand, ‘Manas’ funciona como una película “transformadora” porque se atreve a mirar de frente una realidad que muchas veces se oculta. En una entrevista con Europa Press en la Embajada de Brasil en Madrid, la directora subraya el cansancio de verse reflejadas a través de una mirada masculina que cosifica.

En sus palabras, la película retrata una violencia sistémica contra mujeres y niñas. Y aunque el relato se apoya en hechos ocurridos en la isla de Marajó, la cineasta lamenta que el patrón se repita en muchos sitios: una sociedad patriarcal donde se normaliza el control sobre los cuerpos de las mujeres y donde la impunidad aparece como parte del problema.

También recalca que lo que aparece en pantalla no pertenece al pasado. Denuncia que la explotación sexual, la trata y los abusos dentro del hogar —cometidos por personas cercanas, en quienes se confía y que deberían proteger— siguen pasando hoy en Brasil, en distintas regiones y realidades, y también fuera del país. Por eso, insiste, la urgencia del relato no se limita a un mapa.

De casos reales a una ficción necesaria

‘Manas’ cuenta la historia de Marcielle, una adolescente de 13 años que crece atrapada en un entorno de violencia estructural y con un futuro lleno de límites. Ante un destino que parece ya escrito, decide plantarle cara al sistema que oprime a las mujeres de su comunidad.

La película es el resultado de un recorrido largo. Brennand explica que fueron diez años de trabajo desde que escuchó por primera vez los relatos sobre explotación sexual de niñas y jóvenes en Marajó y entendió que era necesario hablar de ello.

Al inicio, la idea iba por el camino del documental. Sin embargo, a medida que avanzó la investigación, apareció un freno claro: poner a una menor delante de una cámara para revivir un trauma sería volver a violentarla. Esa reflexión la llevó a una conclusión firme: la ficción era la única vía posible para contar esta historia sin exponer a las víctimas.

La directora remarca además una idea que atraviesa el proyecto: cuanto más concreta y local es una historia, más fácil resulta que conecte con otras realidades. La isla de Marajó es un lugar específico, pero lo que sucede allí se entiende, se reconoce y duele en muchos otros sitios.

La violencia se siente, pero no se muestra

Uno de los retos centrales fue trasladar al público lo que viven las menores sin enseñarlo de forma explícita. Brennand explica que la película apuesta por lo sensorial y por recursos del lenguaje cinematográfico para que el espectador comprenda la experiencia de la protagonista sin necesidad de ver directamente la agresión.

Esa elección, añade, también es una postura política: contar la historia sin convertir los cuerpos de niñas y mujeres en un nuevo espectáculo. En su enfoque, la prioridad es que aparezcan en pantalla de manera digna, sin repetir el daño desde la puesta en escena.

Desde el principio, el equipo se enfrentó a la misma pregunta: cómo narrar algo tan brutal sin traer más brutalidad a la pantalla. En especial, porque la violencia sexual no debería existir nunca. Para la cineasta, recrear una escena de violencia sexual resultaría inaceptable y poco ética.

Su defensa se apoya en una idea sencilla: una historia de violencia puede contarse sin mostrar violencia y, aun así, generar empatía. Muchas veces, ante estos temas, se aparta la mirada y cuesta sostener la conversación. La intención aquí es la contraria: que el público mire, conecte y sienta. En ese proceso, dice, es cuando se abre la puerta a pensar, a transformar y a curar.

Durante la entrevista, Brennand cita a Giselle Pellicot para recordar que la vergüenza no es de las víctimas, sino de quien agrede. También reclama educación, cambios de comportamiento, apoyo institucional para mujeres y víctimas, y castigo para los agresores.

La directora espera que ‘Manas’ pueda aportar algo parecido a una sanación: que cada mujer o menor que haya pasado por violencia sexual se sienta vista, acompañada, comprendida y con fuerzas para romper el silencio.

Rumbo al Goya 2026

‘Manas’ compite en los Premios Goya 2026 como Mejor Película Iberoamericana. Brennand considera que esta nominación tiene un peso especial para el cine brasileño y para las mujeres que lo sacan adelante.

La noticia llegó a distancia, viéndolo por Zoom, con el equipo reunido. Según recuerda, el momento fue una mezcla de felicidad y euforia. También lo enmarca como un reconocimiento importante en un punto clave para el cine brasileño y, en particular, para una directora que cuenta una historia de mujeres que está resonando fuera de su país.

Comparte nominación con Dolores Fonzi y Patricia Velázquez, algo que, según ella, dice mucho del momento que atraviesan las mujeres: sus historias se están contando, y sus películas están siendo vistas y reconocidas.

El año anterior, la brasileña ‘Aún estoy aquí’, de Walter Salles, se llevó el Goya en la misma categoría a la que aspira ‘Manas’. Brennand señala que existe la posibilidad de repetirlo, esta vez con una directora brasileña representando a tantas cineastas de su país.

Sobre el recorrido del filme, destaca que suma 42 premios en todo el mundo y que parte de ese impacto tiene una explicación agridulce: muchas personas logran identificarse con el dolor de las niñas protagonistas. Y, aunque esa conexión atraviesa género y experiencias, también entristece porque revela que la violencia ocurre en todas partes.

De hecho, cuenta que tras muchas proyecciones se repite una escena: mujeres que se acercan con lágrimas para agradecer la película y decir que lo mostrado no pasa solo en Brasil. Y remarca un dato que la golpea cada vez: no ha habido un solo país visitado donde ese agradecimiento no apareciera.

Un buen momento para el cine brasileño

Brennand también celebra que el cine brasileño está logrando ser escuchado en el mundo. Pone como ejemplo ‘El Agente Secreto’, de Kleber Mendonça, con cuatro nominaciones a los Oscar, y ‘Aún Estoy Aquí’, de Walter Salles, que ganó el Oscar a Mejor Película Internacional en 2025 y el Goya a Mejor Película Iberoamericana ese mismo año.

En su lectura, desde el año pasado se está reconstruyendo la cultura y la producción cinematográfica tras un gobierno que describe como “horrible”. Señala que muchas películas brasileñas han podido rodarse y estrenarse, y que el éxito mundial de ‘Aún estoy aquí’ abrió un portal por el que han seguido otras obras.

Al mismo tiempo, pide sostener las políticas culturales para que los cineastas puedan filmar, investigar y desarrollar proyectos. La idea final es clara: mantenerse firmes para que este impulso no se corte.