Mati dedica a su madre 'La Bahía de mi vida': "El vínculo del cuidado es clave"
El largometraje documental Bahía de mi Vida recurre a planos aéreos, terrestres y submarinos para mostrar la biodiversidad mexicana y la relación entre los ecosistemas. La obra se apoya en un enfoque contemplativo, con un tono que evita el reproche y busca reforzar el vínculo emocional con la naturaleza.
La propuesta está firmada por la directora mexicana Mati Covarrubias, quien articula el relato desde una experiencia íntima: la memoria de su madre y el regreso a su lugar de origen, la Bahía de Banderas (Puerto Vallarta, México). Ese retorno guía una mirada que conecta paisaje, especies y ciclos naturales.
El proyecto se presenta también como una invitación a recuperar el asombro ante la riqueza ambiental, en un contexto donde la divulgación audiovisual puede influir en la forma de comprender y cuidar el entorno.
- Premio y proyección en Madrid
- Una historia personal con eco universal
- Rodaje, movimiento y banda sonora
- Biodiversidad en tierra, mar y aire
- Guardianes, ciencia y pasión por cuidar
Premio y proyección en Madrid
MADRID, 24 (EUROPA PRESS)
La directora mexicana Mati Covarrubias recibió esta semana el premio Excelencia Turística Sostenible durante la Feria Internacional de Turismo (Fitur), celebrada en Madrid. El reconocimiento distingue Bahía de mi Vida, su primer documental, concebido como un homenaje a su madre fallecida y como un reencuentro con la biodiversidad de la Bahía de Banderas.
La película se proyectará en la Casa de México de Madrid el martes 27 de enero. Además, se encuentra disponible en Amazon Prime y en JustWatchMe.TV, con producción de Co-Crea y distribución de Capital Motion.
Una historia personal con eco universal
Covarrubias sostiene que Bahía de mi Vida amplía la relación madre-hija hacia otras especies, con especial atención a mamíferos. “Ya sean humanos o delfines, el vínculo de cuidado es muy importante”, indica en una entrevista concedida a Europa Press.
El documental refuerza la idea de que “la feminidad es el proceso de crear vida” y plantea que una vía para proteger el planeta pasa por reconectar con el origen, enamorarse de la riqueza natural y permitirse el asombro ante la belleza, más que centrarse en la crítica y la condena.
En esa línea, la directora explica que no buscó “hacer crítica” sobre lo que la humanidad ha hecho con la Tierra y que la cinta “no hace un juicio específico”. El punto de partida fue intentar comprender la conexión de su madre con el entorno, descrita como una percepción del ciclo del agua: observar el río, reconocer el agua en la nube y verla regresar en la montaña.
Sin embargo, la madre de la cineasta falleció un mes después de la entrevista, por lo que Covarrubias admite que no llegó a terminar de comprender la profundidad de esa sabiduría.
Rodaje, movimiento y banda sonora
La película —de hora y media de duración— implicó un trabajo de campo exigente: cinco cámaras acompañaron a la directora en caminatas prolongadas y desplazamientos en barca y avión por Puerto Vallarta, Jalisco y la Bahía de Banderas, entre otros puntos.
En el apartado musical, Covarrubias subraya que las imágenes están respaldadas por una banda sonora “alegre y reflexiva”, creada expresamente para el proyecto. También recuerda que su trayectoria ha estado ligada a la composición de canciones “siempre vinculadas con la naturaleza”. El tema principal, según precisa, fue compuesto hace 30 años y quedó a la espera del momento adecuado para integrarse en el proyecto indicado.
En cuanto al recorrido de festivales y premios, la obra obtuvo en 2025 el Galardón Rizoma Medio Ambiente en el Festival Internacional de Cine de Tequila. Para la directora, estos reconocimientos representan un honor singular por tratarse de una historia personal enfocada en honrar elementos presentes en su crianza.
Biodiversidad en tierra, mar y aire
El largometraje reúne tomas terrestres, submarinas y aéreas que buscan evidenciar la magnitud, la belleza y la interconexión de los ecosistemas. Entre las escenas, figuran el trayecto desde la sierra hasta el mar, bosques de oyameles o pinos, colibríes alimentándose del néctar, el caminar de los pájaros bobo y la caída de una cascada.
La filmación requirió desplazamientos constantes, vuelos largos y caminatas con equipo. Como ejemplo, la obtención de una vista desde un faro implicó dos horas a pie cargando el material. También se describe la complejidad de registrar el vuelo de las guacamayas, dado que su salida matinal suele requerir años de seguimiento por la velocidad de su desplazamiento.
Aun sin contar con el tiempo ni los recursos para un trabajo de larga duración, el equipo logró capturar esa secuencia en apenas un año, un resultado que la directora califica de “inexplicable” por la fortuna asociada. El documental incluye además la liberación de una ballena jorobada atrapada en mallas, en un proceso descrito como laborioso y peligroso, tras el cual el animal “celebró” con saltos en el mar.
En las tomas submarinas, la producción recorrió la bahía en barcas. En una jornada de tormenta, el equipo estuvo cerca de naufragar en un episodio señalado como “una odisea que casi se cobra la vida del equipo”.
El proyecto se extendió durante tres años y medio. En ese periodo, la directora regresó siete veces junto a un fotógrafo, un dronista y asistentes, con el objetivo de retratar temporadas específicas: la luz de los atardeceres, el crecimiento de los ríos y la formación de nubes, entre otros procesos vinculados al paso de la vida que sustenta la filosofía del documental.
Guardianes, ciencia y pasión por cuidar
Bahía de mi Vida incorpora el testimonio de “guardianes de la naturaleza”, responsables de iniciativas como un campamento tortuguero, un santuario de guacamayas o un proyecto orientado a construir nidos en pinos. Entre ellos aparecen Iliana Fonseca y Aldo Zavala, vinculados a la investigación de las mantarrayas de la bahía, que pueden alcanzar los 7 metros.
La producción contó igualmente con el respaldo de biólogos, planteando un puente entre la ciencia y “pequeñas sabidurías”. Covarrubias remarca que existen matices científicos, pero que el documental también pretende hacer sentir la pasión por la naturaleza. Esa pasión, incluso con dificultades económicas, es presentada como una semilla que la propia naturaleza ha depositado en muchas personas para salir a cuidarla.