Los padres de Iker Jiménez recuperan una obra de Gil de Siloé robada hace 47 años

La historia arranca en el mercado internacional del arte y termina con una buena noticia para el patrimonio religioso en España. Los protagonistas son los padres de Iker Jiménez, conocidos en el sector por su experiencia con obras de alta época.

Pedro Ramón Jiménez y María Elizari, anticuarios que llevan la galería Theotokópoulos en Madrid, dieron con una pista clave en una subasta en Italia. Allí apareció una talla del evangelista San Lucas atribuida a Gil de Siloé, una pieza que había desaparecido décadas atrás.

Tras identificar la obra y su posible procedencia, se activó el contacto con la Guardia Civil para que la escultura pudiera volver a casa. El resultado fue la recuperación de una de las piezas de arte sacro más destacadas sustraídas durante la oleada de robos de los años setenta.

  1. «Mi abuelo y mi padre estarían orgullosos»
  2. Una foto mala y una discrepancia de expertos

«Mi abuelo y mi padre estarían orgullosos»

La pieza recuperada es una escultura de madera policromada del siglo XVI, atribuida a la máxima figura de la escultura hispánica del siglo XV. Había salido a subasta en Italia de forma anónima y con una estimación sorprendentemente baja: entre 5.000 y 10.000 euros.

El conocimiento del matrimonio fue decisivo para poner el foco en la obra. Al detectar el valor real y la procedencia probable de la talla del evangelista San Lucas, robada en 1979 de la iglesia de Astudillo (Palencia), se dio el paso de avisar a la Guardia Civil para facilitar su recuperación.

«He tenido la suerte de nacer entre arte y arte muy bueno, de alta época. Mi abuelo Pedro y mi padre Francisco estarían hoy muy orgullosos de que hayamos conseguido identificar a uno de los grandes genios europeos de la escultura», declaró Pedro Ramón Jiménez durante la presentación de la pieza en el Museo Diocesano de Palencia, según ha adelantado El Norte de Castilla.

La trayectoria de Pedro Ramón Jiménez viene de familia: hijo y nieto de profesionales del sector. Desde pequeño restauraba piezas y estudiaba cuadros, y con 15 años ya ponía precios en el negocio familiar. Junto a María Elizari, la especialización en arte de alta época terminó siendo la clave para reconocer la talla.

Una foto mala y una discrepancia de expertos

El hallazgo llegó siguiendo el pulso del mercado. «Exploramos todo lo que sucede en el mercado del arte en el mundo. En esa prospección nos encontramos con esta pieza, que salía anónima, pero los italianos la habían considerado lo suficientemente buena para ser exportable», explican los padres de Iker Jiménez.

La identificación no fue inmediata, en parte por el material disponible. La imagen del catálogo era deficiente y hasta provocó dudas entre ambos: «María creía que era del maestro y yo pensaba que era de taller. No podíamos comprarla porque era inexportable, pero en esa profundización, María llegó a captar que esta pieza estaba documentada, que había desaparecido en Astudillo», relata Pedro Ramón.

Con esa información, el aviso a la Guardia Civil fue inmediato y se puso en marcha la operación Predela. «A pesar de las dificultades porque se retiró, pero luego volvió a salir a subasta, hemos podido recuperar esta maravillosa pieza», celebra el anticuario.

La talla de San Lucas fue robada en la noche del 17 al 18 de julio de 1979 junto a las esculturas de los otros tres evangelistas, figuras de apóstoles y un incensario de plata de la iglesia parroquial de Santa Eugenia de Astudillo. El robo se atribuye a René Alphonse van den Berghe, conocido como ‘Erik el Belga’, autor de más de 6.000 robos de arte sacro entre los años sesenta y ochenta.