El Papa León XIV reconoce que no existe una Iglesia perfecta y sin mácula
El Papa León XIV ha señalado que no existe una "Iglesia ideal y pura" porque está conformada por hombres y mujeres que, en ocasiones, "se cansan y se equivocan". Estas palabras fueron pronunciadas durante la audiencia general que tuvo lugar este miércoles en la Plaza de San Pedro.
El Pontífice afirmó que "no existe una Iglesia ideal y pura, separada de la tierra, sino solamente la única Iglesia de Cristo, encarnada en la historia". Este mensaje fue parte de su discurso en italiano, retomando el ciclo de catequesis sobre Los documentos del Concilio Vaticano II, centrando su reflexión en la constitución dogmática Lumen gentium. La Iglesia, realidad visible y espiritual.
La iglesia como realidad humana y espiritual
León XIV destacó que al observar detenidamente a la Iglesia, se revela una dimensión humana compuesta por personas concretas, que en ocasiones reflejan la belleza del Evangelio, pero también pueden agotarse o cometer errores, como cualquier ser humano. Esta visión enfatiza la naturaleza terrenal, imperfecta y, sin embargo, profundamente espiritual de la Iglesia.
Esta perspectiva apunta a una comprensión más realista y menos idealizada, que reconoce la coexistencia de la divinidad y la humanidad dentro de la única Iglesia de Cristo, manifestada históricamente en el mundo.
La complejidad de la iglesia según León XIV
El Papa reflexionó sobre la complejidad intrínseca de la Iglesia. Mencionó que algunas personas podrían considerarla compleja debido a que es "complicada" y por ello difícil de definir o explicar. Otros podrían entender esta complejidad como consecuencia de su historia de más de dos mil años y su singularidad frente a otras organizaciones sociales o religiosas.
En latín, aclaró, el término "compleja" significa algo distinto: refiere a la unión ordenada de diversos aspectos o dimensiones dentro de una misma entidad. Por esta razón, la Lumen gentium describe a la Iglesia como un organismo bien estructurado donde conviven sin separación ni confusión lo humano y lo divino, combinando ambas dimensiones para conformar su esencia.