Rafael Amargo habla tras su absolución: ‘El daño ya está hecho’
Hay veces en que la realidad supera a la ficción. Y no siempre a favor de la justicia. Yo, Rafael Amargo, lo sé mejor que nadie.
El mundo fue testigo de cómo mi fama y mi talento se enfrentaron a la sombra de la sospecha: acusaciones de tráfico de drogas, detenciones, registros domiciliarios y titulares sensacionalistas que se propagaron como un incendio. Todo ello sin pruebas sólidas, apoyado en escuchas posteriormente anuladas y en suposiciones policiales que el tribunal terminó calificando como insuficientes e injustificadas.
Hablo de mí mismo, Rafael García Hernández, conocido artísticamente como Rafael Amargo, un artista cuya trayectoria es intachable. He creado La Garra y el Ángel, Amargo, Poeta en Nueva York, Enramblao, Tiempo Muerto, Majestad Flamenca y Flamencograma. He marcado generaciones, innovado sin renunciar a la raíz y convertido el flamenco en un lenguaje universal.
A lo largo de mi carrera he recibido importantes reconocimientos, como varios Premios Max de las Artes Escénicas y el Premio Positano Leonide Massine de la Danza. Además, he fundado mi propia compañía, desde la que sigo explorando nuevas formas coreográficas sin perder el arraigo en mis raíces.
Y, sin embargo, la prensa y buena parte de la opinión pública no esperaron a la sentencia final. Se me imputaron delitos graves, se cuestionó mi honor y mi vida personal, y se amplificaron rumores como si fueran hechos probados. Se olvidó un principio esencial: no se condena por titulares; se condena por pruebas.
ABSUELTO… PERO EL DAÑO YA ESTÁ HECHO
La Audiencia Provincial de Madrid me ha absuelto. No hay delito, no hay tráfico, no hay pruebas. Lo que sí hubo fue la construcción de una narrativa equivocada que durante meses se impuso sobre la evidencia. La ley ha hablado, pero queda una pregunta incómoda: ¿qué ocurre con el daño causado antes de que la justicia se pronunciara?
He perdido tiempo, oportunidades y tranquilidad. Mi vida profesional y personal se vio alterada mientras las voces que me juzgaban sin conocer los hechos seguían marcando el relato. Nadie pidió disculpas. Pocos reconocieron que el artista injustamente señalado es el mismo que ha iluminado teatros, festivales y escenarios durante décadas.
Como yo mismo expreso con serenidad y firmeza:
“El daño ya está hecho. Ahora quiero vivir, quiero seguir disfrutando y haciendo disfrutar con lo que sé hacer: crear, bailar, poder llevar a mi país por bandera como siempre lo he hecho. Que me dejen trabajar, que me dejen vivir y disfrutar de los míos, de mi arte. Que los medios me respeten como lo han estado haciendo siempre, y yo respetarlos a ellos. Tener esa complicidad entre artista y prensa.”
CUANDO EL PASADO PESA MÁS QUE EL PRESENTE
A pesar de mi absolución judicial, determinadas inercias no han desaparecido. Cada vez que concedo una entrevista, algunos medios insisten en volver sobre episodios ya resueltos legalmente, relegando mi trabajo artístico a un segundo plano. El morbo continúa siendo, para ciertos titulares, más rentable que el arte.
El problema no se limita al discurso mediático. También existe una situación de exclusión sistemática en determinados espacios de la televisión pública española. Como ciudadano y profesional de la cultura, considero legítimo poder ejercer mi trabajo en igualdad de condiciones, sin prejuicios ni vetos encubiertos que no responden a la realidad legal ni artística actual.
Mi mensaje es claro: no busco privilegios ni trato de favor, ni reclamo ayudas especiales. Solo aspiro a poder promocionar mi trabajo y desarrollar mi profesión con normalidad, como cualquier otro creador. Encontrarme con obstáculos añadidos tras haber sido absuelto me resulta profundamente injusto y difícil de comprender.
Durante años he intentado participar en distintos formatos y programas, recibiendo siempre una respuesta vaga y repetida: que “desde arriba” no se contaba conmigo. Esa indefinición prolongada me ha mantenido en un limbo profesional que ha provocado un daño real, sostenido y silencioso.
No se trata de una queja puntual ni de un capricho personal, sino de una situación que, en mi opinión, debería revisarse. Solo reclamo que mi trabajo sea valorado, aceptado o rechazado por criterios estrictamente artísticos, no por una cancelación previa e indefinida.
MIRANDO A 2026
Lejos de detenerme, afronto 2026 inmerso en nuevos proyectos creativos, producciones escénicas y colaboraciones internacionales que continúan ampliando los límites del flamenco y la danza contemporánea. Mi energía artística no se ha apagado ni siquiera en los momentos más complejos, y mi compromiso con la creación sigue intacto.
No hay en mi discurso rencor ni ánimo de revancha, ni exigencia de disculpas forzadas. Solo la aspiración a un trato justo, humano y respetuoso, y a sentir un mínimo de respaldo tras haber demostrado, una vez más, mi valía profesional y mi aportación incuestionable a la cultura española.
Porque mientras fui víctima de acusaciones infundadas y de un juicio mediático prematuro, mi arte nunca dejó de existir. El talento, la creatividad y la verdad artística sobreviven a la injusticia, incluso cuando algunos deciden juzgar antes de que lo haga la ley.
Sigo creando, con energía, proyectos y visión de futuro, con un legado que nadie podrá borrar.