Una pareja alemana salvó a siete niños judíos en su granja en el Holocausto

Una pareja alemana salvó a siete niños judíos en su granja en el Holocausto

La directora y cineasta Beth Lane presenta en su documental “Inquebrantable” la historia profunda de su familia por parte materna. Basada en las cartas escritas por su tío Alfons y respaldada por los relatos de su madre y tías, reconstruye la vida de los Weber. Esta familia vivió el drama de un abuelo cristiano que se convirtió al judaísmo por amor para casarse con su abuela, así como la infancia y juventud de sus siete hijos enfrentando el auge y la imposición del nazismo en Alemania.

Situándose en los turbulentos años 30 en Berlín, el relato inicia con el enlace matrimonial de Alexander Weber y Lina Sara, que tuvo lugar el 12 de septiembre de 1926 bajo el rito judío. Alexander provenía de una familia católica muy estricta, que rechazó la conversión de su hijo al judaísmo. Este matrimonio tuvo siete hijos que, pese a las circunstancias políticas adversas, vivieron una infancia feliz en medio de la creciente amenaza del Tercer Reich.

El barrio berlinés donde se estableció la familia se destacó por su activa vida judía. Como Alfons relata en sus cartas infantiles, su madre dirigía un negocio de reparación de medias que mantenía mientras la persecución aumentaba. Sin embargo, tras la llegada de Hitler al poder, en 1935 se promulgaron las leyes de Núremberg que retiraron la ciudadanía a los judíos alemanes. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, la violencia y la criminalidad hacia esta comunidad empeoraron considerablemente.

  1. Berlín, años 30
  2. Los protectores de Worin
  3. Permaneced siempre juntos

Berlín, años 30

Alfons recuerda que en casa solían esconder a otros judíos para protegerlos de la persecución. Su madre sufrió detenciones bajo vigilancia policial debido a sus actividades clandestinas. En 1941, cuando comenzaron las deportaciones desde Berlín, Bela, la más pequeña de los siete hermanos, rememora que “vi cómo la subían a un coche y se marchaban” al ser arrestada.

Posteriormente, el padre y los siete hijos también fueron detenidos. Gertrude relata que “ya estábamos en la lista para ser enviados a Auschwitz”, donde su madre falleció víctima del exterminio nazi. Este paso fue la antesala de la separación y sufrimiento que marcaría a la familia Weber durante años.

Los protectores de Worin

En el sótano de su hogar funcionaba una frutería, manejada por Arthur Schmidt, un agricultor que cultivaba productos en su finca en Worin, un pueblo a 60 kilómetros de Berlín. En las notas de Alfons se señala que Schmidt conocía bien la difícil situación que vivían y que el padre estaba desesperado por garantizar la seguridad de sus hijos.

Una noche, para evitar la captura, los siete hermanos fueron escondidos en la caja del camión de Schmidt. Este hombre cristiano y su esposa Paula asumieron el riesgo de proteger a los niños durante dos años en su granja. Ruth, una de las hermanas, destaca: “Realmente se desvivió por nosotros. ¿Y cuántos alemanes hicieron lo mismo por otras personas? No lo sé”. Solo los Schmidt y una persona más en el pueblo sabían la verdad, aunque el alcalde Rudi Fehrmann también estaba al tanto de que allí se ocultaban siete niños judíos.

Permaneced siempre juntos

Tras la capitulación de Alemania el 7 de mayo de 1945, que puso fin a la Segunda Guerra Mundial en Europa y marcó el colapso del régimen nazi, Arthur Schmidt llevó a los niños de vuelta a Berlín para reunirse con su padre. Se esforzó por conseguir visados para sacar a sus hijos de la zona bajo control soviético y poder embarcarlos hacia Estados Unidos.

Sin embargo, el padre nunca logró salir de Alemania. El mensaje final que dejó a sus hijos fue contundente: “Manteneos todos juntos. Pase lo que pase, no os separéis”. Ruth recuerda esa petición con especial intensidad: “Y eso se me quedó grabado”. Aunque esta unión fue clave para sobrevivir, también significó la separación de los hermanos durante casi cuarenta años, pues fueron dispersados en diferentes hogares de acogida en Chicago sin tiempo para despedirse bien. No fue hasta 1986 que los siete hermanos Weber volvieron a encontrarse.

En medio de una emotiva reunión familiar, Alfons resaltó la importancia de no olvidar a aquellos que les brindaron ayuda y apoyo: “Tenemos una gran deuda de gratitud”. Bela también expresa su agradecimiento, recordando que “cuando Arthur Schmidt dio un paso adelante para ayudarnos, nuestra suerte empezó a cambiar”.

La labor documental de Beth Lane ha preservado esta increíble historia de los siete hermanos que sobrevivieron a los horrores del Holocausto. Lo que surgió de la necesidad de una hija por recordar el pasado de su madre se convirtió en un testimonio vivo de resiliencia, superación y esperanza.