Un experto explica cómo la IA hará que los científicos rindan más, si se usa bien
La revista 'Science' ha empezado el año con un editorial dedicado a la inteligencia artificial (IA). El texto lo firma su editor en jefe, Holden Thorp, que también ejerce como profesor en la Universidad George Washington (Estados Unidos).
El enfoque se centra en cómo la IA puede influir tanto en la investigación como en la publicación científica. La idea principal es clara: esta tecnología puede ayudar a hacer más, siempre que se use de forma correcta y con criterios bien definidos.
En un momento en el que la ciencia necesita rigor y transparencia, conviene seguir de cerca estas decisiones. Elegir bien cómo se aplica la IA no es un detalle menor: puede marcar la diferencia entre mejorar la calidad del registro científico o debilitarlo.
IA en la edición científica
El editorial de apertura de año en 'Science' pone el acento en la integración de la IA dentro de los procesos editoriales y de evaluación. El mensaje es que su valor no está garantizado por sí solo: depende de cómo se implemente y de las decisiones que se tomen al incorporarla al ecosistema científico.
Políticas y herramientas de IA
En ese marco, se repasan políticas y estrategias de revistas relacionadas con el uso de la IA. Se indica que las publicaciones aplican herramientas elegidas para tareas específicas, en coherencia con sus normas internas.
Durante el último año, 'Science' ha trabajado con 'DataSeer' para verificar el cumplimiento de su política, que exige compartir los datos y el código subyacentes en todos los artículos de investigación que publica.
Datos, revisión humana y calidad
Los resultados iniciales señalan que, de 2.680 artículos científicos publicados entre 2021 y 2024, el 69% compartió datos. Aun así, se remarca que, aunque la IA ayuda a identificar fallos corregibles o elementos que faltan en un manuscrito, su uso y la revisión de lo que produce exigen más trabajo humano, no menos.
La razón es directa: los informes generados por estas herramientas deben ser comprobados por personas. También se plantea que, al tratarse de un grupo reducido de revistas con capacidad para dedicar más esfuerzo humano a cada artículo, las revistas científicas podrían ser menos vulnerables y contribuir menos a la acumulación de 'basura de IA' en la literatura. A la vez, se subraya que ningún sistema, humano o artificial, lo cubre todo, y que el posible deterioro del registro científico refuerza el valor de una literatura cuidada con experiencia y pericia humana.