El 87 % de los españoles respalda la semana laboral de cuatro días

Reducción jornada laboral
La Generación Z apuesta por la semana de cuatro días: el 86 % la prefiere y uno de cada cinco incluso asumiría un sueldo menor

La negativa del Congreso de los Diputados a recortar la jornada laboral hasta las 37,5 horas ha encendido de nuevo una pregunta incómoda: ¿cómo avanzar hacia un trabajo más sostenible en España?

En ese escenario, una opción gana fuerza a toda velocidad: la semana laboral de cuatro días. No es una idea marginal. Es una demanda que se abre paso entre el talento y vuelve a colarse en la conversación pública.

Los datos del Estudio de Bienestar y Salud Laboral en España, elaborado por Edenred junto a Savia, ponen cifras al debate: el 87 % de los profesionales se muestra a favor de implantar este modelo. El interés es alto y las condiciones están claras.

  1. El rechazo a las 37,5 horas vuelve a agitar el tablero
  2. Cuatro días: con qué condiciones lo acepta el talento
  3. Apoyo por comunidades autónomas: dónde pega más fuerte
  4. Por edades: el respaldo se mantiene de la generación Z a los Baby Boomers
  5. Tamaño de empresa: el factor que marca la diferencia
  6. Bienestar, conciliación y salud mental: el núcleo del debate

El rechazo a las 37,5 horas vuelve a agitar el tablero

El freno parlamentario a la reducción de jornada a 37,5 horas ha reactivado el pulso social sobre el tiempo de trabajo. La discusión no se ha apagado: se ha desplazado hacia fórmulas que prometen más impacto sin quedarse en un simple recorte horario.

En ese contexto, la semana de cuatro días emerge como alternativa con tracción real. El debate ya no va solo de “trabajar menos”, sino de reorganizar la semana y medir resultados con otra lógica, más alineada con bienestar y productividad.

Cuatro días: con qué condiciones lo acepta el talento

El apoyo es muy amplio: casi 9 de cada 10 profesionales (87 %) respaldan la implantación de la jornada de cuatro días, según el estudio de Edenred y Savia. Pero ese “sí” viene con matices y líneas rojas.

La principal condición es clara: el 58,3 % la apoyaría si no implica recorte de salario. Además, un 13,5 % la aceptaría siempre que se ajuste la carga de trabajo para evitar que el cambio se traduzca en jornadas más intensas.

Hay un dato que llama la atención por lo que revela sobre prioridades: un 15 % asumiría la semana de cuatro días incluso con impacto salarial. En el lado opuesto, el rechazo es minoritario: solo un 13,2 % descarta esta opción, y el motivo principal apunta a límites del sector y la propia naturaleza del puesto.

Apoyo por comunidades autónomas: dónde pega más fuerte

El respaldo se repite en todas las comunidades autónomas, aunque cambia la forma de entender el “cómo”. El mapa no señala un único patrón: en algunos territorios pesa más el salario; en otros, la organización del trabajo.

La Comunidad Valenciana encabeza el apoyo, con un 91,4 % de profesionales favorables. Y destaca un detalle clave: más del 20 % respalda el modelo siempre que se adapte la carga laboral, el porcentaje más alto entre las principales autonomías.

Madrid y Cataluña también se colocan en la parte alta, con un 89,8 % y un 88,1 % a favor, respectivamente. Eso sí, la exigencia de mantener ingresos es dominante: más del 62 % en Madrid y el 61,3 % en Cataluña solo lo apoyaría sin pérdida de poder adquisitivo.

En Andalucía, el respaldo supera el 80 %, pero aparece un freno más visible que en otros lugares: el sector. Casi 2 de cada 10 profesionales descartan la semana de cuatro días por limitaciones ligadas al tipo de actividad.

Galicia sobresale por otro motivo: una mayor disposición a aceptar la medida incluso con recorte salarial. El dato es contundente: un 20 % se muestra favorable a esa posibilidad, por encima de la media nacional.

Por edades: el respaldo se mantiene de la generación Z a los Baby Boomers

El apoyo no se limita a un grupo concreto. Hay consenso, aunque con prioridades distintas según la etapa vital. En las generaciones jóvenes, el respaldo es especialmente alto y se acompaña de más flexibilidad ante el salario.

En la Generación Z (18-24 años), más del 86 % está a favor. Además, uno de cada cinco jóvenes (21,4 %) aceptaría este esquema aunque afecte a su salario, lo que refuerza el peso del bienestar y el tiempo personal.

Entre los millennials jóvenes (25-34 años), el apoyo alcanza el 87,4 %. Aquí se impone una condición más marcada: el 55,8 % lo aceptaría si no pierde poder adquisitivo, señal de que la estabilidad económica pesa más en este tramo.

Los perfiles sénior también lo valoran, pero con mayor cautela. En los Baby Boomers (55-60 años), el 85 % respaldaría la jornada de cuatro días, aunque el 68,1 % solo lo haría si no afecta al salario y solo un 5,4 % aceptaría una reducción de ingresos.

Tamaño de empresa: el factor que marca la diferencia

La viabilidad del modelo también depende del tamaño de la organización. No todas tienen la misma capacidad para redistribuir tareas, ajustar turnos o invertir en procesos que sostengan el cambio sin sobrecargar equipos.

Las medianas empresas (50-249 profesionales) concentran el mayor apoyo: un 92,6 % del talento se muestra favorable a implantar la jornada de cuatro días. Y vuelve a aparecer la condición principal: mantener el salario es clave para el 66,1 %.

En las multinacionales (+1.000 profesionales), el 87 % del talento apoya este modelo bajo alguna condición. Aun así, cerca del 13 % apunta que la naturaleza del sector complica su aplicación.

También hay respaldo en compañías más pequeñas, aunque con más dudas operativas: el 86,7 % en pequeñas empresas (10-49 profesionales) y el 79,6 % en microempresas (1-9 profesionales) se muestran a favor. En estos entornos, la organización diaria y las exigencias del sector pesan más como límite real.

Bienestar, conciliación y salud mental: el núcleo del debate

La discusión no se reduce a un simple ajuste de calendario. El estudio apunta a un cambio de prioridades: más de la mitad del talento (51,85 %) considera la conciliación un factor decisivo para elegir o mantenerse en una empresa.

Además, el impacto emocional ya no se oculta: el 64 % reconoce que el trabajo influye de forma directa en su salud mental, especialmente cuando la carga se dispara. Por eso, la jornada de cuatro días se percibe como una palanca para desconectar de verdad y ganar equilibrio.

El mensaje final que dejan los datos es nítido: la semana de cuatro días puede funcionar si llega acompañada de organización eficiente y medidas extra de flexibilidad. El objetivo que se abre paso no es solo reducir horas, sino trabajar mejor y hacerlo de forma sostenible para personas y organizaciones.