Prueban el uso combinado de hongos y cubiertas vegetales para el control integrado de la mosca de la fruta

Los investigadores Inmaculada Garrido, Enrique Quesada y Meelad Yousef

Investigadores de la Unidad de Excelencia 'María de Maeztu' del Departamento de Agronomía de la UCO, en colaboración con la Universitat Jaume I y Tragsa, prueban la eficacia de este sistema mixto como estrategia para el control de plagas

 

 

Ante la necesidad de buscar alternativas al uso de fitosanitarios de síntesis química por su elevado impacto ambiental, el grupo de investigación AGR-163 Entomología Agrícola lleva años buscando alternativas para el control de plagas que afectan a los cultivos. En esta ocasión, lo hacen, por un lado, con el uso de hongos entomopatógenos, que infectan y causan enfermedades a los insectos; y por otro, mediante la introducción de cubiertas vegetales que aumentan las poblaciones de artrópodos depredadores. En el estudio, dirigido por el profesor Josep Jacas de la Universitat Jaume I de Castellón, participan los investigadores Meelad Yousef-Yousef, Inmaculada Garrido-Jurado y Enrique Quesada-Moraga, que cuentan con una amplia trayectoria en el estudio del uso de estos hongos como 'bioinsecticidas'.

Hasta el momento no se habían publicado ensayos de campo que combinaran ambas estrategias. Los investigadores de la Unidad de Excelencia 'María de Maeztu' del Departamento de Agronomía de la Universidad de Córdoba (DAUCO), en colaboración con investigadores de la Universitat Jaume I y con la Empresa de Transformación Agraria (TRAGSA), han probado que el uso combinado de hongos entomopatógenos y cubiertas vegetales ayuda a reducir plagas como la mosca de la fruta, actuando sobre los estados edáficos de la vida del insecto y evitando que lleguen a una fase adulta.

El trabajo de campo se desarrolló en un huerto de cítricos ubicado en Les Alqueries (Castellón, Comunidad Valenciana). Algunos de los árboles, aislados en jaulas, recibieron un tratamiento con herbicida para mantener el suelo desnudo, mientras que otros se cubrieron con Lolium arundinaceum, una especie forrajera de la familia de las gramíneas. A continuación, se utilizó una cepa del hongo Metarhizium brunneumde la colección del Departamento de Agronomía de la Universidad de Córdoba, que se aplicó tanto en el suelo desnudo como en el de la cubierta vegetal. También se dejaron otros sin tratamiento fúngico, a fin de observar cómo respondían a los distintos tratamientos por separado y también al uso combinado de ambos.

En paralelo, se liberaron en cada árbol, enterradas en el suelo, un total de cien larvas de mosca de la fruta procedentes de la biofactoría de machos estériles situada en Caudete de las Fuentes (Valencia, Comunidad Valenciana), y se introdujeron trampas de caída para capturar e identificar a los posibles depredadores terrestres de la mosca que estaban presentes en el interior de las jaulas. En concreto, se identificaron ejemplares de escarabajos, hormigas, arañas y tijeretas.

El análisis de los datos extraídos por los investigadores evidenció una mayor eficacia del tratamiento fúngico en aquellas jaulas que contaban con cubierta vegetal. Así, la infección de ejemplares adultos que emergieron del suelo osciló desde el 5,1% para el suelo desnudo tratado con el hongo hasta el 67,3% para el suelo que contaba con cubierta vegetal.

El principal obstáculo que podía entrañar el uso combinado de estos dos métodos de control sería que el hongo entomopatógeno tuviera un efecto negativo sobre los depredadores, al disminuir su actividad debido a una posible infección. Para evaluarlo, durante los seis meses que duró el ensayo se capturaron periódicamente ejemplares de ellos. El trabajo arrojó resultados positivos, pues de todos los depredadores presentes en el ensayo, solo se redujo la actividad de los escarabajos, pero no afectó a tijeretas ni arañas, e incluso tuvo un efecto positivo sobre la población de hormigas.

En conclusión, explican los investigadores, este ensayo ha probado cómo el uso combinado de la cubierta vegetal y este hongo entomopatógeno es compatible y puede funcionar de manera sinérgica contra los estados edáficos de la mosca de la fruta. Esto abre nuevas vías de estudio en el ámbito de la lucha contra las plagas, uno de los grandes retos a los que se enfrenta el campo en un contexto de emergencia climática en el que las normativas y estrategias públicas están centradas en buscar alternativas respetuosas con el medio ambiente.