Limitar los smartphones en colegios supone menos gastos según un estudio

Archivo - Una persona usa el teléfono móvil,

 

Las normas escolares que restringen el uso de smartphones pueden generar un ahorro reducido para los centros, sobre todo por la disminución del tiempo que el personal dedica a gestionar conductas vinculadas al teléfono. Sin embargo, apenas se aprecian cambios en la calidad de vida del alumnado o en su bienestar mental, según un análisis económico de la salud de la Universidad de Birmingham (Reino Unido).

El estudio, publicado en la revista en línea BMJ Mental Health, se enmarca en el debate sobre el uso del móvil en secundaria y su relación con la salud mental en la adolescencia, en un contexto en el que el acceso a teléfonos y redes sociales es mayoritario a edades tempranas.

De acuerdo con los investigadores, a los 12 años la mayoría de los niños ya dispone de teléfono y utiliza redes sociales. En la adolescencia, el tiempo diario oscila entre 4 y 6 horas en el móvil y entre 2 y 4 horas en redes sociales, un patrón que suele asociarse a un peor estado de salud mental.

  1. Contexto y objetivo del análisis
  2. Cómo se compararon las políticas escolares
  3. Muestra y medidas utilizadas
  4. Principales resultados en bienestar y costes
  5. Límites del estudio y necesidad de evaluación

Contexto y objetivo del análisis

En el Reino Unido, se estima que 1 de cada 5 menores de entre 11 y 16 años probablemente presenta un problema de salud mental, principalmente ansiedad y depresión. En este escenario, varios países han adoptado políticas para limitar el uso de smartphones en escuelas secundarias con el propósito de favorecer el bienestar mental y el rendimiento académico.

Aun así, los autores subrayan que el grado de éxito de estas medidas y su relación calidad-precio no se encuentra plenamente aclarado. Para abordarlo, se desarrolló un análisis de costo-utilidad dentro de un estudio observacional sobre políticas de móviles en escuelas de Inglaterra (SMART Schools), comparando centros con normas restrictivas frente a otros con normas permisivas.

Cómo se compararon las políticas escolares

En los centros con políticas restrictivas, el uso del teléfono durante la jornada escolar con fines recreativos no estaba permitido. En esos casos, el dispositivo debía permanecer apagado y guardado en bolsos, en taquillas, en una bolsa específica, entregado en recepción, o directamente no podía acceder al recinto escolar.

En los centros con políticas permisivas, el uso se autorizaba en cualquier momento o en franjas concretas, como en los descansos o el almuerzo, y/o en determinadas zonas, por ejemplo en el exterior.

Muestra y medidas utilizadas

Se reunieron datos completos de una encuesta con 815 alumnos de 12 a 15 años (cursos 8 a 10) pertenecientes a 20 escuelas (13 restrictivas y 7 permisivas). También participaron 36 docentes y 20 miembros del equipo directivo o responsables de la política de smartphones, mediante cuestionarios en línea cumplimentados entre noviembre de 2022 y noviembre de 2023.

Los resultados se estimaron en años de vida ajustados por calidad (AVAC), un indicador estándar donde un AVAC equivale a un año de vida en perfecta salud, y en MWALY, la métrica equivalente para salud mental y bienestar.

Principales resultados en bienestar y costes

El análisis detectó diferencias muy pequeñas en calidad de vida y bienestar mental del alumnado entre escuelas restrictivas y permisivas. Al mismo tiempo, la gestión de estas políticas y la supervisión de conductas relacionadas con el teléfono absorbía una cantidad relevante de tiempo semanal del personal, con independencia del tipo de norma.

Ese esfuerzo de gestión se estimó como equivalente a 3,1 alumnos a tiempo completo en centros restrictivos y 3,3 alumnos a tiempo completo en centros permisivos.

En términos económicos, el coste por estudiante por cada curso escolar (39 semanas) en escuelas restrictivas fue de 94 libras (108 euros) menos que en escuelas permisivas. Según los cálculos, la medida solo resultaría rentable con un umbral de 20.000 a 30.000 libras por AVAC (22.900 a 34.400 euros), considerado el umbral generalmente aceptado de buena relación calidad-precio.

Límites del estudio y necesidad de evaluación

Al tratarse de un estudio observacional, no se establecen conclusiones definitivas sobre relaciones de causa y efecto. Además, los investigadores reconocen la ausencia de información sobre costes y resultados antes y después de aplicar políticas más restrictivas.

Aun con esas limitaciones, los autores indican que la evidencia añadida apunta a que es poco probable observar diferencias en salud mental y bienestar entre adolescentes que asisten a centros con políticas restrictivas o permisivas sobre el uso de smartphones.

También se plantea que las políticas restrictivas podrían aportar beneficios económicos modestos al reducir el tiempo destinado por el personal a gestionar comportamientos relacionados con el teléfono, lo que podría liberar recursos para actividades educativas y de bienestar con mayor impacto.

Por último, el trabajo señala que, en materia de smartphones, todavía falta un enfoque guiado por evidencia que oriente las mejores prácticas sobre el uso del teléfono y de las redes sociales en adolescentes, por lo que los nuevos planteamientos deberían ir acompañados de una evaluación rigurosa.