Cristina, la niña de 6 años hallada sola en el Alvia: "Mis padres han muerto"
La tragedia de Adamuz deja marcas que no se borran rápido. No solo en las familias que han perdido a los suyos, también en quienes llegaron de los primeros a una escena que nadie espera ver.
Entre esos primeros testigos están Ángel Ayala y Arturo Carmona, los dos guardia civiles que se plantaron en la zona cero del Alvia tras el aviso de un pasajero, José Ramón, que fue avanzando con una linterna por el recorrido entre los dos trenes siniestrados.
Lo que parecía una asistencia a heridos se convirtió, en cuestión de minutos, en un choque frontal con una situación extrema, con víctimas en el suelo y una oscuridad que lo complicaba todo.
- Los primeros minutos en la zona cero
- Cristina, seis años y una frase imposible de olvidar
- La pista que reveló que había dos trenes
- Rescates, ayuda civil y el golpe al volver a casa
Los primeros minutos en la zona cero
Ayala y Carmona llegaron alertados por José Ramón, un pasajero que, linterna en mano, recorrió el tramo entre los dos convoyes para pedir ayuda. Gracias a ese aviso, los agentes alcanzaron el punto más crítico cuando todavía reinaba la confusión.
Hasta ese instante, nadie de los trenes sabía que había otro accidentado. En medio de ese desconcierto, el camino hacia los vagones dejó una primera escena que se quedó grabada: una niña caminando sola, en silencio, en plena noche.
Cristina, seis años y una frase imposible de olvidar
En esa ruta se toparon con Cristina, de seis años, completamente sola. Al verla, intentaron ubicar a sus familiares, pero la respuesta llegó de golpe, con una frase que les dejó helados: "Mi madre y mi padre están muertos".
Los guardias civiles avanzaron unos metros más y se encontraron con la dimensión real del desastre: víctimas en el suelo y una escena difícil de describir. Cristina, mientras tanto, había logrado escapar por su cuenta, incluso quitándose su abrigo y sus zapatos para salir. Estaba intacta, pero ya sin sus padres y sin su hermano, fallecidos en el accidente.
La pérdida ha golpeado especialmente a Aljaraque, en Huelva, donde el pueblo ha llorado sin consuelo a toda esa familia. Habían ido a Madrid para ver un partido de fútbol y disfrutar de un musical, un regalo de Reyes que terminó en tragedia.
En ese contexto, se recuerda una de las frases que ilustra el cuidado que recibió la menor tras el rescate: "Pasamos muchas horas dentro de un coche oficial con calefacción porque tenía mucho frío, la niña hablaba muchísimo, no he conocido una niña más valiente nunca".
La pista que reveló que había dos trenes
Carmona explicó que el descubrimiento de que había dos trenes implicados llegó por un detalle inquietante. Mientras trabajaban en la zona, vieron aproximarse un grupo de personas por el lado izquierdo, saliendo de una zona oscura.
Aquello "no cuadraba" porque, según la posición en la que estaban, esas personas venían desde "la zona contraria a la que se encontraba" el primer tren localizado, el Iryo. Al acercarse a ese grupo, un hombre les confirmó la clave: venían de un segundo tren, el Alvia.
Ayala, por su parte, describió la imagen de ese grupo avanzando en la oscuridad desde el otro punto del siniestro. Aseguró que era "muy numeroso, iluminándose con la linterna de los teléfonos móviles".
Con esa información, el escenario encajó: no se trataba de un único accidente, y el operativo debía contemplar a dos convoyes y a más personas afectadas de las que se pensaba al principio.
Rescates, ayuda civil y el golpe al volver a casa
Aunque en el Iryo ya había muchísimo por hacer, el trabajo se centró en sacar a quienes seguían atrapados. Ayala recordó que ambos empezaron a rescatar a personas que estaban incluso atrapadas entre el vagón y el talud.
En plena intervención, se acercó un hombre con chaleco reflectante y un móvil con el que se alumbraba. No era un herido: resultó ser "un tercer maquinista", el de "un tren que estaba a unos dos kilómetros y que no estaba implicado en el siniestro", pero que se había quedado parado al cortarse la circulación.
Poco después empezó a llegar apoyo: personal civil, bomberos y sanitarios. Según se destacó, su ayuda fue clave y el trabajo conjunto permitió avanzar en los rescates en un momento muy delicado.
Acostumbrados a ver fallecidos en accidentes de tráfico, ambos agentes reconocieron que lo vivido aquella noche no tenía parangón. Mantuvieron la calma allí, pero al llegar a casa, ya con silencio y distancia, apareció el llanto.