Consejos para identificar bulos sobre el accidente ferroviario

Zona del accidente ferroviario con los convoyes de trenes siniestrados donde continúan los trabajos de recuperación de los mismos

Datos no confirmados por fuentes oficiales, procedentes de perfiles sospechosos por su histórico de publicaciones en el pasado o de personas sin identificar, son algunas de las pistas que pueden hacer sospechar de la veracidad del mensaje.

Recurrir a fuentes oficiales, medios de comunicación consolidados y redes sociales de las instituciones públicas implicadas es la mejor recomendación para evitar exponerse a noticias falsas y bulos sobre la tragedia ferroviaria en Adamuz.

Así lo advierte Nicolás Marchal, director del departamento de Seguridad y Defensa de la Universidad Nebrija. “Estamos monitorizando mensajes sobre el accidente con imágenes falsas que intentan manipular y hacer la catástrofe más grande; mensajes de bots en redes haciendo ver que las autoridades están mintiendo y el número de víctimas mortales es cinco veces superior al ofrecido; e incluso hemos detectado teléfonos de afectados falsos, que intentan estafar a las víctimas que se encuentran en una situación vulnerable, y por consiguiente, la probabilidad de éxito en la estafa es mayor”.

Las redes sociales han cobrado un protagonismo importante en los últimos años en situaciones de catástrofe, emergencia o crisis, porque permiten la monitorización casi en tiempo real de lo sucedido, y son un canal para que las fuentes oficiales puedan emitir comunicados y noticias. “El problema es que en el ciberespacio están los buenos, pero también los malos. El ciberespacio es un dominio que se encuentra en guerra las 24 horas del día, los 7 días de la semana; y en momentos como esta tragedia ferroviaria, los actores maliciosos intensifican sus actuaciones”, explica Marchal, también director del Grado en Criminología y Ciencias Forenses de la Universidad Nebrija.

Cómo detectarlo 

Tras lo vivido en crisis como la dana, la pandemia, el volcán de la Palma o el apagón, para evitar los bulos y las noticias falsas en esta tragedia ferroviaria hay que acudir siempre a fuentes primarias, notas de prensa de los organismos oficiales, redes sociales de las instituciones implicadas y medios de comunicación rigurosos. “Si veo que un usuario de X publica una imagen con un titular que especula con más de 300 muertos en el accidente ferroviario, lo que hay que hacer a continuación es ir a los medios oficiales. Y si voy a medios de comunicación consolidados, a las redes sociales del Ministerio de Transportes, del Gobierno, de las autonomías, de la Guardia Civil y nadie dice absolutamente nada, es evidente que ese mensaje es falso. No puede ser que un usuario tenga una información más privilegiada que los medios oficiales”, detalla Marchal.

El segundo consejo es verificar el tipo de usuario. “Si es un perfil que la semana pasada estaba publicando sobre el proceso electoral de Moldavia, la semana anterior hablaba sobre Polonia, y ahora habla sobre esto, no hay una clara línea editorial. Es evidente que nosotros, como usuarios, un día podemos hablar de fútbol y otro día recomendamos un restaurante, pero cuando vemos que un usuario está constantemente mandando este tipo de noticias estratégicas, hay que tener cuidado”, agrega. Además, frente a los medios de comunicación consolidados e identificados, hay que tener cuidado con los “pseudomedios”, que esconden autores de noticias que manipulan la información.

Otra pista que puede ponernos sobre alerta son los usuarios que no comparten información personal ni tienen una imagen propia. “Esto puede hacernos sospechar que su objetivo es publicar notas tendenciosas”, continúa el profesor de la Universidad Nebrija.

Familiares y amigos de las víctimas, los más vulnerables

Nadie está libre de estos ataques que buscan manipular y desestabilizar.Todos los ciudadanos que tengamos una red social, un teléfono, un canal de Telegram o estemos en canales, somos potenciales objetivos. Por lo tanto, la primera medida es ser conscientes de que esto pasa”, aconseja el experto. Sin embargo, en situaciones como la actual, con el accidente de trenes de Adamuz, hay un colectivo especialmente vulnerable: los familiares y amigos de las víctimas.

Marchal lo amplía: “Son quienes más consumen contenido, porque necesitan una respuesta constante. Con la incertidumbre que están viviendo, constantemente buscan y rebuscan en redes, llegan a lo más profundo y se encuentran con ese tipo de mensajes que polarizan y siembran la duda sobre la teoría oficial. En estos momentos en los que tienen la poca información que se puede dar, de repente se encuentran con otra ‘información’ que les empieza más o menos a cuadrar; con mensajes medianamente sutiles que abren la puerta a otras teorías. Y en estas personas que están viviendo una situación muy complicada, esto les genera más incertidumbre, nerviosismo, crisis personal, ansiedad; y hace que se vuelvan un poco más beligerantes, que generen más peticiones y todo se convierte en un círculo vicioso”.

Así funcionan

Para identificar a esos perfiles falsos, también hay que estar atentos a cómo actúan fuera de situaciones de crisis. “Están medio dormidos, en un estado latente, y aprovechan para trabajar en que su imagen parezca natural”, indica el doctor Marchal. En ciertos momentos, como en la actual tragedia ferroviaria, es cuando se potencia su actividad y, ante la alta demanda de información, comienzan a publicar noticias que generan desequilibrio y desconfianza en las autoridades.

“Ante una situación de crisis, un estado tiene en realidad que afrontar dos crisis. Primero, en este caso la ferroviaria, y segundo, las posibles revueltas que se puedan llegar a dar incluso por parte de ciudadanos que están consumiendo un contenido totalmente polarizado, que les reafirma en sus convicciones, ya sean de izquierdas -entonces van a echar la culpa al gobierno de Andalucía-, o de derechas -entonces van a echar la culpa al gobierno central-. Da igual, al final estos actores maliciosos no se casan con nadie, porque lo que pretenden es dar el mensaje que a cada uno le reafirma en su teoría”, sostiene el profesor.

¿Quién está detrás?

¿Quién está detrás de una publicación que intenta manipular, generar desconfianza, desafección con el trabajo de las autoridades, polarizar, y en última instancia, desestabilizar un país? Marchal ofrece un contexto de geopolítica que se juega en el ciberespacio. “Tenemos que entender que, aunque estemos en España y en una situación de Estado de Derecho, no todos los países respetan el derecho internacional humanitario. Algunos de esos países se han dado cuenta de que, antes que seguir comprando armamento o situando a su ejército en territorio enemigo para ampliar fronteras, hay una vía que no deja rastro ni víctimas mortales, y con la que no exponen a su población a la catástrofe de una guerra; y esa es el ciberespacio, con ciberataques, filtraciones etc. Este tipo de ataque es el más barato porque, frente a la millonada que cuesta un carro de combate, solo hay que invertir 10.000 o 20.000 euros en generar noticias y empezar a crear pseudomedios”.

Cita, por ejemplo, el caso de Rusia. “Hay más de 40 medios o páginas web que se hacen llamar periódicos, que van publicando sus noticias pero que, de repente, en momentos de tragedia o de votaciones electorales, etcétera, se activan y empiezan a cambiar su discurso, con mensajes mucho más dirigidos para todas las ideologías. Esto es un sistema mucho más barato para desestabilizar un país”.

Lucha asimétrica

A la hora de reconocer estos ataques de desinformación, Marchal lamenta que nos encontramos ante una situación asimétrica. “De un lado tenemos a la población, los familiares que están demandando información constante sobre la situación de las víctimas; y de otro lado tenemos a grupos orquestados, ejércitos perfectamente diseñados para, en diferentes momentos a lo largo de esta tragedia, generar el mal y el caos. Están diversificados estratégicamente en canales de Telegram, foros y pseudomedios, para ir sembrando de forma secuencial la "noticia" que en cada momento pueda generar esa desconfianza y desestabilice a la población”.

El experto expone la desprotección frente a esta situación. “No hay ninguna forma oficial de poder cerrar el micrófono a estos pseudomedios, limitar los mensajes y cortar los canales. No hay nada. Estamos con las manos atadas y, mientras nosotros estamos debatiendo si libertad de expresión o no, esta gente se está aprovechando”, concluye.