Desmantelan en Canarias una secta implicada en drogas, sacrificios animales y rituales

La apariencia de una secta no siempre es fácilmente reconocible. En ocasiones, se piensa que estos grupos se manifiestan con características evidentes como indumentarias llamativas, cánticos poco comprensibles o rituales inusuales, lo cual muchos consideran imposible que alguien pueda aceptar. Sin embargo, la realidad es que no existe un perfil fijo de víctima, ya que cualquier persona puede ser susceptible de ser atrapada en sus redes bajo circunstancias determinadas, lo que puede acarrear consecuencias de gran gravedad.

En el caso del Templo Onise Iyanu, el ambiente aparentaba un escenario casi onírico. Se presentaban como una comunidad espiritual con raíces en tradiciones africanas y cubanas, prometiendo sanación, conexión y búsqueda de la verdad. A simple vista no despertaban sospechas, salvo por las prácticas ocultas que realizaban. Para llegar al punto en que llevaban a cabo sacrificios animales y consumo de sustancias ilícitas era necesario un proceso prolongado de manipulación mental, que en muchos casos terminaba con las víctimas en situaciones de bancarrota y trauma emocional.

Esta secta estaba activa en las Islas Canarias y fue desmantelada tras una investigación que llevó más de un año por parte de la Policía Nacional, encontrándose en estos momentos en procedimiento judicial. El dominio que ejercían sobre sus seguidores era tan intenso que éstos abandonaban sus vidas previas, perdiendo por completo la capacidad de tomar decisiones autónomas. El líder del grupo, autodenominado Babalawo, controlaba incluso las relaciones personales, influyendo en separaciones, matrimonios e interviniendo en disputas por la custodia de menores. Varias víctimas han requerido asistencia psiquiátrica para recuperarse del trauma sufrido.

  1. Desmantelamiento y arrestos
  2. Mecanismos de control y manipulación
  3. Perfil de las víctimas y proceso de captación
  4. Impacto económico y psicológico
  5. Testimonios y trabajo legal

Desmantelamiento y arrestos

En el marco de la operación policial fueron detenidos el líder del grupo y al menos cinco personas más. Entre los cargos que pesan sobre ellos figuran delitos de falsificación documental, asociación ilícita, estafa, así como maltrato animal, lesiones y violaciones a la salud pública. El control psicológico que ejercían sobre los adeptos era absoluto y se construyó a lo largo de meses mediante técnicas de dominación progresiva.

Este tipo de grupos tiende a encubrir sus verdaderas intenciones bajo una apariencia de espiritualidad, lo que facilita la captación de numerosos integrantes sin que éstos reconozcan que están siendo manipulados. La alerta surgió gracias a familiares, amigos y algunas víctimas que lograron denunciar lo que ocurría en el interior del Templo.

Mecanismos de control y manipulación

Además de restringir las relaciones sociales, la secta imponía un control financiero sobre sus seguidores. Las personas afectadas financiaban las supuestas ceremonias creyendo que estas prácticas les permitirían avanzar espiritualmente y sanar enfermedades. Esta dinámica se consolida debido a un proceso lento y estratégico de infiltración en la mente, empleando técnicas de lavado cerebral que generan dependencia emocional y mental.

El primer paso para la captación es identificar individuos en momentos vulnerables como rupturas amorosas, enfermedades, dificultades económicas o situaciones de soledad. La estrategia inicial, conocida como love bombing, busca formar un vínculo afectivo que propicie la dependencia mediante atenciones, halagos y aparente protección. Esta fachada oculta una manipulación cuidadosamente orquestada.

Perfil de las víctimas y proceso de captación

El acceso completo a la doctrina no es inmediato. En una primera fase, las víctimas participan en debates y actividades donde se les ofrece la sensación de tener todo resuelto. Poco a poco se introducen ideas cada vez más extremas que provocan una disonancia cognitiva: cuanto más involucradas están, menor es su capacidad crítica respecto a las normas del grupo, por muy insólitas que estas sean.

Simultáneamente, se fomenta el aislamiento de la víctima respecto a su entorno previo. Familiares y amigos son desacreditados, los contactos se reducen y a menudo se ridiculiza a quienes están fuera del grupo. El control se fortalece a través del miedo, amenazas, discursos apocalípticos y la figura carismática del líder, generando sentimientos de culpa y vergüenza.

Impacto económico y psicológico

El fin último detrás de esta manipulación es económico. Se exigen pagos escalonados que se justifican como necesarios para la continuidad dentro de la comunidad y para la supuesta sanación. Las víctimas son sometidas a abusos psicológicos que en ocasiones también tienen un componente sexual. En el Templo Onise Iyanu, se utilizaban drogas para intensificar la influencia mental, desembocando en una desconexión traumática con la realidad.

Este tipo de abusos reduce a las personas a la pérdida de su identidad y sus medios económicos, mientras que el uso de sustancias se convierte en una herramienta habitual para profundizar la dependencia. El proceso completo implica una degradación física y emocional, cuyos efectos requieren intervenciones especializadas para la recuperación.

El criminólogo Félix Ríos y la abogada Ruth Hernández Sancho forman parte de la acusación popular, brindando apoyo y representación a las víctimas. En condiciones de miedo y dependencia, junto con el sentimiento de culpa y la falta de soporte externo, salir de la estructura sectaria es extremadamente difícil. Sin embargo, el proceso de recuperación es viable.

Existe la capacidad de desaprender las conductas impuestas y restablecer la identidad propia. El camino hacia la libertad implica reconstruir vínculos y recuperar la autonomía, demostrando que, aunque compleja, la superación de esta situación es posible. Los testimonios de quienes han salido de estas circunstancias subrayan este aspecto.