España finalizó 2025 con un índice de envejecimiento del 148%, según estudio

Archivo - Personas mayores pasean en un parque.
Archivo - Personas mayores pasean en un parque.

Madrid, 24 (Europa Press).

España entra en 2025 con un giro demográfico que ya no se puede ignorar. El envejecimiento avanza a gran velocidad y la distancia entre mayores y menores se agranda, con impacto directo en el empleo y en la capacidad del país para asegurar el relevo generacional.

El aviso llega desde el Observatorio de la Vulnerabilidad y el Empleo de la Fundación Adecco, con datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). El diagnóstico es claro: el último salto es el más intenso de toda la serie histórica y abre una tensión cada vez mayor entre población y mercado laboral.

  1. El nuevo máximo del envejecimiento en 2025
  2. De 1999 a 2025: una tendencia que se acelera
  3. Ranking territorial: dónde pesa más la edad
  4. Empleo y edad: la contradicción que persiste
  5. Relevo generacional: la brecha y las medidas planteadas

El nuevo máximo del envejecimiento en 2025

El índice de envejecimiento en España alcanza el 148% en 2025. Traducido: hay 148 personas mayores de 64 años por cada 100 menores de 16. La cifra sube 5,7 puntos porcentuales frente a 2024, cuando el indicador marcó 142,3%, según la Fundación Adecco.

El informe Envejecimiento y edadismo laboral subraya que el dato vuelve a sorprender al alza. Y remarca un detalle clave: el incremento registrado en 2025 es el mayor de toda la serie disponible.

De 1999 a 2025: una tendencia que se acelera

La comparación histórica deja poco margen a la duda. En 1999, el índice era del 99,8%, con un equilibrio casi total entre población mayor de 64 años y menores de 16.

El punto de inflexión llega en 2000, cuando España supera el 100% y pasa a considerarse un país envejecido con un 103,3%. Desde ahí, el indicador crece con rapidez. Entre 2003 y 2009 se observa una cierta contención, que el estudio asocia de forma probable al efecto de los flujos migratorios.

A partir de 2010, la subida se reanuda. Y en el último lustro el avance se vuelve especialmente intenso, hasta dispararse un 18%, según el análisis.

Ranking territorial: dónde pesa más la edad

El mapa por comunidades muestra grandes diferencias. Asturias lidera con un 265,2%, seguida de Galicia (231,6%) y Castilla y León (230,7%). En estos territorios, la población mayor de 64 años supera con claridad el doble de la población menor de 16.

En el lado opuesto, Ceuta (74,4%) y Melilla (60,4%) destacan como las únicas regiones por debajo del 100%. Ese umbral refleja una mayor presencia relativa de población joven frente a la sénior.

Empleo y edad: la contradicción que persiste

El informe describe una paradoja estructural difícil de pasar por alto: la población envejece y el peso de la fuerza laboral sénior aumenta, pero el mercado de trabajo sigue dejando fuera a muchos profesionales de más de 45 años. A esto se suman barreras que complican su empleabilidad.

Los datos sobre paro de larga duración refuerzan la alerta. Afecta al 34% de las personas desempleadas, pero asciende al 48,5% entre quienes tienen más de 45 años. El porcentaje aumenta de forma progresiva conforme avanza la edad.

Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco y de sostenibilidad de The Adecco Group, sitúa el asunto como un reto estructural que no admite demora. También advierte de que el edadismo laboral es un fenómeno obsoleto y un contrasentido, al prescindir de la experiencia y la capacidad productiva de millones de profesionales mayores de 45 años.

Relevo generacional: la brecha y las medidas planteadas

El relevo generacional se desequilibra y la señal es contundente: por cada tres personas que se jubilan, solo una entra al mercado laboral. En la próxima década, la distancia entre los 5,3 millones de personas de 55 años o más que dejarán de trabajar y los 1,8 millones de jóvenes que previsiblemente se incorporarán a la población activa abre una brecha de unas 3,5 millones de personas.

Ante este escenario, el estudio plantea reforzar la apuesta por el talento sénior para amortiguar la falta de relevo. La propuesta se completa con la activación de personas que podrían trabajar pero siguen inactivas —por ejemplo, personas con discapacidad—, con políticas migratorias orientadas de forma explícita al empleo y con el uso de la inteligencia artificial como palanca para automatizar tareas repetitivas, reducir errores y liberar tiempo hacia actividades de mayor valor.