El ministro Óscar Puente, en el punto de mira tras la tragedia de Adamuz

  Óscar Puente comparece para detallar las obras, revisiones e inspecciones realizadas en el tramo de vía de Adamuz tras su renovación en 2025 y reafirmar la seguridad de la red ferroviaria.
Óscar Puente comparece para detallar las obras, revisiones e inspecciones realizadas en el tramo de vía de Adamuz tras su renovación en 2025 y reafirmar la seguridad de la red ferroviaria.

La tragedia ferroviaria de Adamuz ha abierto la crisis más delicada a la que se ha enfrentado en los últimos años el ministro Óscar Puente. El siniestro deja 45 fallecidos y centenares de heridos, mientras la causa sigue sin acreditarse de forma definitiva.

Las pesquisas, no obstante, se orientan hacia una posible rotura de la vía. Ese punto sitúa el foco en el Ministerio de Transportes y eleva el impacto político del caso, al tratarse de una cartera con alta exposición pública y responsabilidad directa sobre la infraestructura.

Puente forma parte del núcleo de perfiles con mayor peso dentro del Ejecutivo de Pedro Sánchez, junto a María Jesús Montero y Félix Bolaños. Por ese motivo, una crisis de esta magnitud apunta al corazón político de Moncloa.

  1. Adamuz: investigación en marcha y foco en Transportes
  2. Un perfil marcado por polémicas previas
  3. El "modo crisis" y el control del relato
  4. Dimisión, responsabilidades y presión institucional
  5. Efecto en Moncloa y calendario electoral

Adamuz: investigación en marcha y foco en Transportes

El accidente de Adamuz se ha convertido en el episodio con mayor capacidad de desgaste para el titular de Transportes. A día de hoy no se ha podido demostrar el origen del siniestro, aunque las líneas de investigación señalan a un fallo en la vía.

Si la rotura de la infraestructura se confirmara como causa, la responsabilidad política quedaría vinculada al Ministerio de Transportes. El balance del suceso, con 45 fallecidos y centenares de heridos, ha amplificado la presión y ha colocado el caso en el centro del debate público.

La situación se agrava por el contexto reciente en la red ferroviaria. A la tragedia de Adamuz se suma el accidente en Rodalies que provocó la muerte del maquinista, un precedente que contribuye a elevar el nivel de exigencia sobre la gestión del departamento.

Un perfil marcado por polémicas previas

Antes de lo ocurrido en Adamuz, Óscar Puente ya arrastraba episodios controvertidos que habían definido su imagen como ministro. Entre los elementos más visibles figuraba su estilo directo y desafiante en redes sociales, con alta repercusión mediática.

Ese perfil también se vio acompañado por críticas relacionadas con la gestión técnica del transporte. En ese periodo se registraron numerosos retrasos en Renfe y Cercanías, factores que reforzaron la percepción pública de un ministro con presencia constante en la conversación política.

Hasta este momento, las incidencias anteriores no habían tenido un saldo mortal. La dimensión humana de la tragedia de Adamuz marca un punto de inflexión y eleva el impacto de la crisis sobre el ministerio y, por extensión, sobre el Ejecutivo.

El "modo crisis" y el control del relato

En Moncloa se mantiene la confianza en la capacidad del ministro para gestionar la situación. Desde el lunes posterior al accidente, en la comparecencia de Pedro Sánchez junto al presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, Puente ha monopolizado la estrategia de comunicación de esta crisis, liderando el mensaje institucional y concentrando la atención.

En ese marco, el ministro explicó que activaría su "modo crisis". El cambio implica dejar en pausa su faceta más combativa en redes y centrarse en información y gestión. "Me conocen en modo crisis, así estuve en la DANA; voy a entrar al trapo lo menos posible", afirmó en la primera de las dos ruedas de prensa extensas celebradas sobre el siniestro, ambas sin límite de preguntas.

Las comparecencias se han enmarcado en un intento de contención del daño político. Aunque se aclararon algunos aspectos técnicos, el mensaje central dejó claro que, por el momento, no existe previsión de dimisión por parte del ministro.

Dimisión, responsabilidades y presión institucional

Desde Davos, Pedro Sánchez declaró que asumía "todas las responsabilidades", sin concretar a qué medidas se refería. Al día siguiente, el titular de Transportes señaló que no estaba preocupado ante una posible petición de dimisión por parte del presidente del Gobierno.

"Lo sucedido no me resta ninguna capacidad para seguir en el cargo", sostuvo Óscar Puente en la última rueda de prensa, celebrada este viernes. Añadió que no se encuentra "en circunstancias como para dimitir", aunque remarcó que su puesto queda, en todo caso, a disposición de Sánchez.

En paralelo, el presidente del gestor público de la infraestructura ferroviaria (Adif), Pedro Marco de la Peña, indicó en esa misma comparecencia que, si la investigación del accidente en Adamuz (Córdoba) concluye que existe responsabilidad personal, "por acción o por omisión", dimitirá "desde el minuto cero".

Mientras tanto, Puente continúa poniendo cara al epicentro político del caso. En menos de una semana ha concedido más de una decena de entrevistas y ha sumado dos ruedas de prensa, con el objetivo de no apartarse del foco, aunque sus explicaciones no garantizan frenar las críticas ni apaciguar la crisis.

Efecto en Moncloa y calendario electoral

El alcance político del episodio se explica también por el peso específico del Ministerio de Transportes. Óscar Puente se ha consolidado como una de las figuras más relevantes del Gobierno de Sánchez por la importancia de su cartera y por su proximidad al presidente y su capacidad de influencia dentro del núcleo duro de Moncloa.

En determinados sectores socialistas se ha llegado a mencionar su nombre como posible sucesor de Sánchez, aunque esa opción es considerada remota por otros. Aun así, el hecho de aparecer en esas quinielas refleja el lugar que ocupa dentro del Ejecutivo. También se cita su papel tras dejar la Alcaldía de Valladolid en 2023, cuando pasó a replicar a Alberto Núñez Feijóo en su investidura fallida y, después, asumió una cartera con alta inversión y estrategia de gestión, lo que le situó como un peso pesado de la Moncloa de Sánchez.

La tragedia de Adamuz llega, además, en un año condicionado por varias citas con las urnas, con la próxima el 8 de febrero en Aragón. En este contexto, el accidente no solo pone en cuestión la gestión de Transportes, sino que también somete a examen la estrategia política del Gobierno de Sánchez, en un escenario de presión mediática, tensión política y pérdida de confianza ciudadana por la falta de certezas sobre las causas.

Cada intervención pública del ministro, cada comparecencia y cada decisión se convierte en un crisol de la credibilidad del Gobierno, donde un error puede amplificarse y proyectar descoordinación o debilidad. Desde el inicio, Moncloa optó por una tregua política con el PP para transmitir una imagen de gestión. Mientras Sánchez exhibe coordinación con Juanma Moreno, Puente se aparta del perfil más combativo en redes y se presenta como ministro gestor ante una crisis que tensiona el conjunto del Ejecutivo.