Lo que Juan Carlos I extraña de España, el país donde fue rey y se exilió
Juan Carlos de Borbón y Borbón-Dos Sicilias vino al mundo el 5 de enero de 1938 en Roma, fruto del exilio de sus padres. Más tarde, residió en Suiza y Estoril, y fue en 1948 cuando pisó suelo español por primera vez gracias al acuerdo entre el conde de Barcelona y Franco, que permitió que Juanito —como se le conocía familiarmente— recibiera su educación en el país donde había reinado su familia hasta 1931.
A pesar de algunas interrupciones, España fue su hogar hasta que en agosto de 2020 tuvo que exiliarse tras verse envuelto en múltiples escándalos. Su destino fue Abu Dabi, bajo la protección del emir Mohamed bin Zayed Al Nahyan. Primero se alojó en un hotel de lujo, luego en una residencia en Nurai Island, y recientemente regresó a un hotel debido a trabajos en la propiedad, circunstancia que coincide con el estallido del conflicto en Oriente Medio.
Este enfrentamiento ha bloqueado su deseo de hacer visitas a España, justo cuando parecía retomar buena imagen tras la desclasificación de documentos relacionados con el 23-F, un episodio sobre el que había profundizado en su libro Reconciliación. En sus memorias, el emérito también expresa cuánto extraña España y sus costumbres desde su exilio en Emiratos.
La nostalgia de Juan Carlos I
“No había día que no me consumiera la nostalgia. Era como si España se me pegara a la piel. Es donde he dejado mis mejores recuerdos y mis mayores orgullos. He pasado más de setenta años deambulando por España, sin cansarme nunca. Echo de menos los desfiles militares", admite el rey emérito, mostrando una conexión profunda con su país.
Describe con emoción imágenes tan vividas como las rías gallegas, la neblina que cubre las colinas de Toledo o las saetas que marcan la Semana Santa en Sevilla. Añade que el aroma del jazmín y el azahar al atardecer le desarma: “Sé lo que es la nostalgia de verdad”, confiesa.
Los años felices que anhela
Juan Carlos I también desgrana su pasión por la caza, un interés heredado de sus ancestros. Resalta que la experiencia en España es única: “La caza de la perdiz, que era uno de mis pasatiempos favoritos en España, no se parece en nada a la caza en otro país: el ambiente es jovial y alegre, el cielo está despejado y luminoso. En el extranjero todo es más frío, tanto el clima como las relaciones humanas. En España, cada vez que se acierta un tiro, nos aplaudimos y felicitamos.”
Aunque se consuela con el jamón serrano que le envían desde España, no oculta su desencanto: “Me consuelo de vez en cuando con el jamón serrano que me envían ya cortado desde España. Aunque no es lo mismo que un jamón entero en un jamonero, cortado con arte por un cortador que libera todo su sabor. Me tengo que conformar con un sucedáneo”.
Su añoranza también alcanza la gastronomía: “Una tortilla de patatas, una ventresca o una buena ensaladilla para sentirme como en casa, en España. No necesito manjares refinados y complicados. Los platos más habituales y populares son los mejores. Me gusta la cocina casera y sencilla, la que se degusta de tapas en la barra, rodeado de amigos, en un ambiente distendido y jovial”.
Sobre el país que representó, expresa palabras de respeto y admiración: “España es un país extraordinario, como lo demuestran su energía, su valor, su optimismo, su hedonismo y su sentido del esfuerzo. Ha sido un privilegio representarla durante treinta y nueve años. Hice lo que pude, lo mejor que pude, día tras día, por nuestro país, para que los españoles se sintieran orgullosos. Juntos hemos logrado grandes cosas. No tengamos prisa en olvidarlo”.
El anhelo de un regreso tranquilo
El deseo de volver a España está presente en sus palabras, aunque sabe que antes debe regularizar su situación tributaria, como ha recordado la Casa Real. En sus memorias no lo menciona directamente, pero sí señala que anhela “tener una jubilación tranquila, renovar una relación armoniosa con mi hijo y volver a mi casa”. Asegura vivir con la esperanza de reconectarse con los paisajes y la gente de España, ya que “España dejó un vacío dentro de mí. Y ese vacío seguirá existiendo hasta que pueda volver a vivir allí con total normalidad”.
Confiesa sentirse como si regresara al exilio infantil, pero con la convicción firme de que “mi país corre por mis venas. Me despierto con la nostalgia del país y me acuesto con la misma nostalgia. En Abu Dabi llevo a España muy dentro de mí”.
Finalmente, lamenta que aunque su privilegio y orgullo siguen intactos, hoy sus breves visitas estén sujetas a la aprobación de la Casa Real y que se vea privado de una vida familiar plena en la Zarzuela. Aun así, sueña con escribir el epílogo de su vida en la tierra que siempre ha considerado su hogar.