El "tren de borrascas" que no cesa: La anomalía meteorológica que está salvando el campo andaluz
Si hoy, lunes 2 de febrero de 2026, ha salido usted a la calle en Sevilla, Córdoba, Jaén o Granada, habrá tenido que abrir el paraguas por enésima vez en las últimas dos semanas. Andalucía vive una racha de lluvias persistentes, de esas "que calan", sin ver el sol apenas unos minutos al día. Pero, ¿es esto normal? ¿A qué se debe esta situación que parece más propia de Dublín que de Córdoba?
La respuesta no está sobre nuestras cabezas, sino a miles de kilómetros al norte, en la zona de Escandinavia y el Ártico.
La pieza del puzzle: El Bloqueo Nórdico
La meteorología de este inicio de 2026 está marcada por un anticiclón de bloqueo anclado en el norte de Europa. Esta masa de altas presiones actúa como un "muro" infranqueable para las borrascas que normalmente viajarían hacia el Reino Unido o Centroeuropa.
Al no poder avanzar por su ruta habitual, el Chorro Polar (la corriente de aire que dirige las tormentas) se ve obligado a curvarse bruscamente hacia el sur. Esto ha abierto un "pasillo directo" desde el Atlántico hasta el Golfo de Cádiz. El resultado es un desfile incesante de frentes que entran por el suroeste, descargando agua de forma mansa pero continua sobre toda Andalucía y el centro peninsular.
Comparativa histórica: ¿Es un récord?
Hacía años que no veíamos una persistencia igual. Si comparamos los datos de este 2 de febrero de 2026 con la serie histórica de la AEMET:
Precipitación acumulada: En puntos de la Sierra de Córdoba y Grazalema, ya se ha superado en solo dos días el 60% de la media de todo el mes de febrero.
Ausencia de sol: La racha de días cubiertos consecutivos es la más larga desde el invierno de 2010.
Estado de los suelos: A diferencia de las lluvias torrenciales de otoño que causan escorrentía, esta lluvia persistente está logrando que el agua se filtre profundamente, recargando acuíferos que estaban en niveles críticos desde la sequía de 2022-2024.
El "Milagro" de los Embalses
El impacto positivo es incalculable. La cuenca del Guadalquivir, que comenzó el año con incertidumbre, está recibiendo aportes "en vena". Embalses como el de Iznájar o el de Tranco de Beas están subiendo de nivel a un ritmo de varios hectómetros cúbicos diarios. Este escenario aleja definitivamente cualquier restricción para el consumo humano en 2026 y garantiza una campaña de riego sin precedentes para el olivar y el arrozal.