El ejercicio físico guiado reduce estrés oxidativo en mayores hospitalizados

La catedrática de Fisiología de la Universitat de València Consuelo Borrás.
  1. Impacto del ejercicio en el estrés oxidativo
  2. Detalles del estudio clínico
  3. Resultados y diferencias por sexo y condiciones
  4. Posibles aplicaciones y futuras investigaciones

Impacto del ejercicio en el estrés oxidativo

El estrés oxidativo, un proceso vinculado al envejecimiento y a diversas enfermedades crónicas, puede reducirse mediante programas de ejercicio físico supervisado en personas mayores hospitalizadas. Esta afirmación deriva del análisis secundario de un ensayo clínico aleatorizado que evaluó el efecto de un programa de ejercicio multicomponente, utilizando el malondialdehído (MDA) como marcador biológico de daño oxidativo.

Este estudio, realizado por un equipo interdisciplinar de universidades, hospitales y centros españoles de investigación, contó con la participación de la catedrática en Fisiología de la Universitat de València, Consuelo Borrás. El estrés oxidativo ocurre cuando existe un desequilibrio entre las especies reactivas de oxígeno y nitrógeno y los antioxidantes del organismo, fenómeno asociado a patologías propias del envejecimiento y al deterioro funcional frecuente en pacientes hospitalizados mayores.

Detalles del estudio clínico

El grupo investigador recopiló datos de un ensayo clínico en el que se aplicó un programa adaptado de ejercicio físico según la capacidad funcional inicial de cada paciente. La finalidad era entender mejor los mecanismos biológicos que podrían explicar los beneficios funcionales observados previamente con estas intervenciones.

Según Borrás, el programa supervisado generó mejoras en varias áreas funcionales. Los pacientes que realizaron ejercicio incrementaron su capacidad física global, medida con la batería SPPB —prueba estandarizada que evalúa equilibrio, velocidad de la marcha y habilidad para levantarse de una silla— y mostraron aumentos en fuerza muscular en los principales grupos trabajados, como piernas, rodillas y parte superior del cuerpo.

“Incluso un programa breve puede inducir mejoras musculares significativas en pacientes de edad avanzada hospitalizados”, afirmó la catedrática. Además, los participantes en el grupo de ejercicio reportaron una mejor percepción subjetiva de su estado de salud, sumando un componente cualitativo a los beneficios obtenidos con la intervención.

Resultados y diferencias por sexo y condiciones

Las mejoras no fueron uniformes en todos los pacientes. En mujeres, se notaron progresos principalmente en la fuerza de las piernas y en la percepción de bienestar, mientras que en hombres se observó un mayor aumento de fuerza en la parte superior del cuerpo. También se evidenció que el nivel de estrés oxidativo con el que los pacientes ingresaron en el estudio condicionó la magnitud de la mejora funcional: quienes tenían un estado celular más saludable respondieron mejor al ejercicio.

En el ensayo participaron 72 pacientes hospitalizados con una edad promedio de 87 años, el 54 % mujeres. Fueron asignados aleatoriamente a dos grupos: uno recibió un programa de ejercicio supervisado durante tres días, adaptado a su capacidad, y otro grupo control recibió la atención hospitalaria convencional. Se midieron los niveles de MDA en sangre, indicador de daño oxidativo, y la oxidación total de proteínas (PO).

Los resultados mostraron una diferencia significativa entre ambos grupos. En el grupo de ejercicio, los niveles de MDA permanecieron estables, mientras que en el grupo control aumentaron notablemente durante la hospitalización, con una diferencia significativa de -0,24 μmol/mL (p < 0,01).

El análisis por subgrupos indicó que las mujeres y los pacientes con diabetes, poblaciones especialmente vulnerables al estrés oxidativo, tuvieron beneficios más notorios. A nivel funcional y de percepción de salud, los pacientes con menor estrés oxidativo al inicio experimentaron mayores avances en la batería SPPB que quienes presentaban niveles más elevados.

Posibles aplicaciones y futuras investigaciones

La evidencia obtenida sugiere que el ejercicio físico estructurado podría ser clave para prevenir el aumento del estrés oxidativo durante la hospitalización en adultos de edad avanzada. La relación observada entre el estado oxidativo inicial y la mejora funcional apoya la idea de diseñar programas adaptados al perfil biológico individual de cada paciente.

Consuelo Borrás señala que es necesario realizar investigaciones ampliadas en diversos centros hospitalarios, con un seguimiento a largo plazo para determinar si las mejoras perduran tras el alta. Asimismo, recomienda ampliar el análisis a otros biomarcadores, como los de inflamación, para comprender mejor los mecanismos biológicos detrás de la eficacia del ejercicio y en qué pacientes resulta más beneficioso.

Además, los resultados indican que estos programas deberían personalizarse según el nivel de estrés oxidativo y el sexo, dos factores que influyen en la respuesta a la intervención. Incrementar la duración del programa podría generar beneficios físicos y cognitivos adicionales, según concluyó la catedrática.

En definitiva, este estudio aporta importante evidencia sobre cómo la actividad física adaptada constituye una estrategia terapéutica valiosa para conservar la función y la salud celular en personas mayores hospitalizadas.