El mayor hospital subterráneo del mundo se prepara ante posible guerra futura

Esta madrugada, en uno de los lugares más seguros de Israel, Nadav ha vivido un momento único: el nacimiento de su primer hijo, completamente sano, en el hospital subterráneo y fortificado más grande del planeta. Este refugio médico se encuentra en el centro Rambam, en la ciudad de Haifa, al norte del país, preparado para hacer frente de nuevo a un conflicto regional.

Más de 60 recién nacidos han llegado al mundo en este hospital trasladado bajo tierra, que ocupa 60.000 metros cuadrados en tres niveles subterráneos. Cuenta con la capacidad de atender a 8.000 pacientes, con dos plantas dedicadas a servicios médicos y una más para ambulancias y triaje. "Todo el proceso del parto y los cuidados del bebé son tan buenos como los que tendrían en el hospital arriba, pero sin preocuparnos de si suenan las sirenas o si estamos en peligro", comenta este padre primerizo mientras su esposa se recupera tras el parto.

Desde que comenzó el conflicto regional el pasado 28 de febrero, tras los ataques coordinados de Israel y EE.UU. contra Irán y la réplica inmediata, el equipo del Rambam no perdió tiempo para activar nuevamente su clínica subterránea. “En unas diez horas, todo el hospital era plenamente funcional en el subsuelo y todos los pacientes estaban reubicados en sus camas, organizados por especialidades”, explica Nathaniel Ayzik, portavoz del centro, a RTVE Noticias.

  1. Historia y funcionamiento del hospital subterráneo
  2. Preparativos en medio del conflicto
  3. Logística y seguridad para pacientes y personal

Historia y funcionamiento del hospital subterráneo

El hospital Rambam no está utilizando por primera vez sus instalaciones bajo tierra. Esta tercera ciudad de Israel, con alrededor de 300.000 habitantes, ya contó con esta infraestructura durante la pandemia para ampliar su capacidad asistencial, así como en conflictos anteriores. Durante la Tercera Guerra del Líbano en 2024 y la guerra de doce días contra Irán en junio pasado, el hospital activó su subsuelo para proteger a pacientes y personal.

Este diseño especial fue producto de una inversión de 140 millones de dólares, tras la Segunda Guerra del Líbano en 2006. Haifa fue entonces atacada fuertemente por misiles de Hizbulá, y el edificio sufrió sacudidas preocupantes. Aunque no hubo víctimas, se vio la necesidad urgente de crear un refugio seguro dentro del hospital. Desde entonces, se desarrollaron protocolos para emergencias de todo tipo, incluidos escenarios con armas químicas o biológicas.

Preparativos en medio del conflicto

“Se vació el parking, se retiraron los vehículos y se procedió al traslado del equipamiento médico”, relata Rebeca López, doctora española del departamento de radiodiagnóstico. Su experiencia durante el covid facilitó la organización bajo tierra, aunque las circunstancias no sean las ideales. Actualmente, el subsuelo alberga a unos 900 pacientes, muchos provenientes de otros centros sin refugios seguros.

El hospital subterráneo tiene capacidad para 2.000 camas, cuenta con unidades de oxígeno, cuatro quirófanos, una sala de maternidad y un centro de diálisis. Además, dispone de electricidad, agua, alimentos y gas suficientes para mantener la operación durante semanas de conflicto. Todas estas medidas fueron adelantadas debido a las tensiones recientes con Irán, anticipando posibles ataques y represalias.

Logística y seguridad para pacientes y personal

Aunque las condiciones abajo son diferentes, el ambiente se mantiene profesional y tranquilo. Sin ventanas y con las señales típicas de un aparcamiento que ahora se usan para identificar camas, el hospital conserva la atmósfera de un centro médico estándar. "Donde vamos a estar mejor que aquí. Tres plantas bajo el suelo, no hay misil que pueda alcanzarnos. Eso nos permite trabajar con tranquilidad y seguridad a los médicos; pero también que nuestros pacientes se sientan a salvo", asegura María, ginecóloga y futura madre.

Además, el subsuelo acoge la sala de mando de emergencias de Haifa, equipada con decenas de pantallas que monitorizan accesos y un helipuerto para agilizar traslados críticos. Incluye también un “teléfono rojo” para mantener comunicación directa con autoridades militares y civiles. A pesar de la tensión externa, en un ala del hospital, una guardería cuida a los hijos del personal, quienes disfrutan de un día tranquilo, ajenos a las alarmas y sirenas exteriores.