La muerte de Quentin, el crimen político que puede cambiar Francia
El fallecimiento del joven militante ultraconservador francés Quentin Deranque, ocurrido en Lyon tras un enfrentamiento con activistas de ultraizquierda, ha provocado una ola de críticas contra Francia Insumisa (LFI). Este incidente sucede en un momento en que la formación de izquierda ya enfrenta un creciente rechazo social en gran parte del país, lo que podría afectar el panorama electoral francés.
Quentin, de 23 años, pertenecía a los Alóbroges, un grupo neofascista de inspiración celta con base en Lyon. Esta ciudad, antigua capital de la Galia romana, se ha convertido en un punto caliente para movimientos nacionalistas y sectores tradicionalistas católicos.
El 12 de febrero, cuando la eurodiputada de LFI Rima Hassan iba a impartir una conferencia en la universidad local, se produjo un altercado en la vía pública entre jóvenes radicales de derecha e izquierda. Según definió el ministro del Interior, Laurent Núñez, fue una "pelea entre dos bandas" que terminó en un "linchamiento".
Durante la agresión, Deranque fue derribado y atacado por al menos seis individuos. Un video registró el momento en que uno de los agresores le propinó una fuerte patada en la cabeza. Tras dos días en coma, los médicos certificaron su fallecimiento el sábado 14 de febrero.
¿Qué causó el crimen?
Este episodio ha adquirido relevancia política debido a los posibles vínculos entre uno de los siete presuntos implicados, Jacques-Eli Favrot, y Francia Insumisa. Favrot es asistente del diputado de LFI Raphael Arnault y líder del colectivo antifascista Joven Guardia, grupo que Jean-Luc Mélenchon ha respaldado dentro de su formación, aunque con polémica. De hecho, en junio de 2025, el Ministerio del Interior ordenó la disolución oficial de la Joven Guardia por sus "actuaciones violentas".
De este modo, se plantea la hipótesis de que la disuelta Joven Guardia podría haber funcionado como fuerza de choque y seguridad encubierta para LFI. Jordan Bardella, presidente de Reagrupación Nacional, define a este colectivo como "el brazo armado de LFI". No obstante, la formación insiste en desvincularse y asegura que ningún miembro está implicado en la tragedia de Lyon. Su portavoz, Mathilde Panot, afirmó en la Asamblea Nacional que "ningún ‘insumiso’ está vinculado ni de cerca ni de lejos con el drama". A su vez, el primer ministro Sébastien Lecornu mostró escepticismo y reclamó que LFI proceda a una "limpieza" interna.
Este acontecimiento se enmarca en un contexto donde la percepción pública ha situado a Francia Insumisa como una amenaza para la democracia (según el 64% en un sondeo de Ipsos en 2025) y como un partido que fomenta la violencia (68% de los encuestados), según el estudio Fracturas Francesas.
Las raíces del conflicto son multifacéticas. Entre ellas se encuentran la retórica combativa de Mélenchon, sus estrategias internas autoritarias descritas en el libro La Meute - La jauría de los periodistas Perou y Belaich, y sus supuestas alianzas con sectores islamistas y antisemitas. Además, está la coyuntura de un electorado que se ha desplazado hacia perspectivas más conservadoras, reforzando la idea de que LFI representa un factor tóxico en la política nacional.
Por otro lado, el contraste con el crecimiento en imagen del partido Reagrupación Nacional, liderado por Marine Le Pen y Bardella, ha influido en el rechazo social hacia los ‘insumisos’. Desde el año 2022, la popularidad de Le Pen ha repuntado y ahora más ciudadanos manifiestan inquietud ante Mélenchon que frente a Le Pen. No es casualidad que el Gobierno haya catalogado oficialmente a LFI como partido de "extrema izquierda" el 2 de febrero, justo una semana antes de la tragedia en Lyon.
Impulsados por la indignación pública, los dirigentes de Le Pen están promoviendo que el tradicional "cordón sanitario" utilizado para marginar su fuerza política se vuelva contra Francia Insumisa. Esta estrategia cuenta con la aprobación del líder conservador Bruno Retailleau.
Este aislamiento político podría complicar la formación de alianzas electorales a la izquierda y centristas, que hasta ahora han sido claves para frenar a Le Pen. Mientras tanto, el partido de Marine Le Pen avanza hacia una mayor legitimidad. De forma significativa, Bardella ha instruido a sus seguidores para que no participen en la manifestación ultra convocada en Lyon en memoria de Quentin.
Finalmente, el asesinato ocurrido en Lyon sacude el clima político francés a solo un mes de las elecciones municipales y con vistas a las presidenciales del próximo año. En estos comicios, Marine Le Pen, actualmente inhabilitada, y Bardella lideran las encuestas para suceder a Emmanuel Macron.