Psicóloga explica cómo afecta a los jóvenes no tener vivienda propia
En la actualidad, muchos jóvenes enfrentan un desafío que va más allá de lo económico: la dificultad para comprar o alquilar una vivienda. Este problema, cuando se prolonga, genera en ellos un estado constante de incertidumbre que puede desencadenar ansiedad y un desgaste emocional importante.
Mariola Fernández, profesora de Psicología en la Universidad Europea, explica que esta situación, que llama "hipoteca emocional", no está relacionada directamente con la subida de los tipos de interés ni con los bajos ingresos. Más bien, surge de esa sensación acumulada de que, a pesar de cumplir con las expectativas académicas y profesionales, el joven no logra alcanzar una estabilidad mínima que le permita sentirse seguro.
Esta idea se traduce en una sensación de vivir bajo una amenaza permanente sin una salida clara. Para Fernández, este desgaste continuo termina por paralizar muchos planes vitales, ya que el no poder acceder a una vivienda dificulta la posibilidad de proyectar el futuro con confianza.
- El impacto emocional de no poder acceder a una vivienda
- La confusión entre contexto y responsabilidad individual
- La necesidad de soluciones integrales para la crisis de la vivienda
El impacto emocional de no poder acceder a una vivienda
La psicóloga señala que muchos jóvenes sienten que deberían haber logrado ya este objetivo o que, de alguna manera, están fallando. Esa idea alimenta sentimientos de fracaso y culpa, especialmente cuando se comparan con generaciones anteriores o con otras personas cercanas que sí han accedido a una vivienda.
Este malestar genera un estancamiento emocional que se vuelve difícil de superar. Para Fernández, la "hipoteca emocional" no solo representa un problema económico, sino un desafío psicológico que afecta la confianza y la autoestima de quienes lo padecen.
La confusión entre contexto y responsabilidad individual
Uno de los aspectos más preocupantes que destaca Fernández es la interpretación errónea de la situación. Muchos jóvenes interiorizan este problema estructural, propio del mercado inmobiliario y la economía actual, como un fallo personal. Esta confusión entre lo que es responsabilidad del entorno y la responsabilidad individual intensifica el impacto emocional, afectando la percepción que tienen de sí mismos y aumentando la sensación de inseguridad.
La necesidad de soluciones integrales para la crisis de la vivienda
Fernández también comenta que la actual crisis de la vivienda refleja una desconexión entre lo que la sociedad espera y la realidad económica que enfrentan los jóvenes. Esta situación se ha agravado a raíz del conflicto en Irán, complicando aún más el acceso a condiciones dignas para esta generación.
Por eso, insiste en que es urgente abordar este problema desde una visión integral, que combine reformas en el mercado inmobiliario con apoyos psicológicos. Esto ayudaría a aliviar el sufrimiento que provoca lo que denomina una "pandemia emocional silenciosa".