Desarrollan terapia con omega-3 que disminuye el daño cardíaco postinfarto
Un estudio reciente del Instituto de Investigación Sant Pau (IR Sant Pau) ha revelado que un ácido graso omega-3, comúnmente encontrado en pescados y utilizado como tratamiento, podría proteger el corazón después de un infarto.
Este trabajo, publicado en la revista 'European Heart Journal', indica que el éster etílico del ácido elcosapentaenoico (Epa-E) actúa directamente sobre el tejido cardíaco afectado. El compuesto regula procesos esenciales como la inflamación, el metabolismo celular y el estrés oxidativo, según informó el IR Sant Pau en un comunicado reciente.
La investigación, que confirma resultados obtenidos previamente, utilizó un modelo experimental en ratas. A estos animales se les indujo un aumento de triglicéridos mediante una dieta rica en carbohidratos. Posteriormente, una parte recibió Epa-E, mientras que otra quedó sin tratamiento.
Resultados del estudio
Tras un periodo de seguimiento, se provocó un infarto de miocardio en las ratas mediante la oclusión temporal de una arteria coronaria, analizando la evolución del daño en las 24 horas posteriores.
Los datos mostraron que los animales tratados con Epa-E presentaron un tamaño de infarto significativamente menor, evidenciando una reducción del daño en el tejido cardíaco.
Uno de los hallazgos más importantes fue que estos beneficios no se vincularon con los niveles de triglicéridos en sangre. No se observó relación entre la concentración de triglicéridos, el grado de daño cardíaco ni la supervivencia tras el infarto.
Esto indica que la disminución del daño no depende únicamente de la reducción de triglicéridos, sino que el tratamiento tiene efectos directos adicionales sobre el corazón.
Nuevas vías de prevención
Los resultados aportan una base mecanicista que explica por qué terapias basadas en Epa-E han mostrado beneficios en ensayos clínicos previos, incluso cuando la reducción de triglicéridos no es el único factor relevante.
Si bien los resultados aún deben ser validados en estudios humanos, este trabajo sugiere un enfoque distinto en la prevención cardiovascular. El beneficio de estas terapias podría extenderse a la reducción del daño tras un infarto y favorecer la reparación del tejido cardíaco.