Echenique es criticado en X por comentarios homófobos hacia votantes de Vox

La polémica estalla en redes sociales tras un reciente comentario de Pablo Echenique, ex dirigente de Podemos, generando revuelo entre partidos y usuarios. Datos del CIS han servido como chispa para un debate que mezcla política, sexualidad y acusaciones cruzadas. La conversación no ha tardado en viralizarse, impulsada por un reportaje de La Vanguardia que ha multiplicado la atención mediática.

Las cifras publicadas y el tuit de Echenique han encendido reacciones inmediatas. Entre apoyos, críticas y bromas, la discusión ha saltado de la política a las preferencias íntimas de los votantes, sacudiendo comunidades digitales y alimentando el clic. Los mensajes, tanto de respaldo como de rechazo, corren como la pólvora y reabren el debate sobre los límites entre lo personal y lo ideológico.

  1. Ola de reacciones en RRSS
  2. Retrato del electorado según La Vanguardia

Ola de reacciones en RRSS

El mensaje de Pablo Echenique cita datos provocadores: «Un 49,5% de los votantes de Vox prefieren el sexo anal frente al 38,7% en la población general. Lo ha preguntado el Centro de Investigaciones Sociológicas y lo publica el periódico insignia del conde de Godó. A partir de ahí, que cada uno haga sus valoraciones políticas».

Inmediatamente, la publicación explota en Twitter. Usuarios como «¿Hacer valoraciones políticas a partir de un gusto sexual? ¿Qué estás fumando?» muestran el desconcierto generalizado. Otros apuntan directamente al trasfondo polémico: «Hay un poco de homofobia en tu comentario, cortocircuito».

Tampoco faltan quienes aprovechan para ironizar sobre los fracasos electorales de Podemos. Uno comenta, en clara alusión a los resultados obtenidos en Extremadura y Aragón: «Por el culo os han dado bien a vosotros en Extremadura y Aragón, tremendo 0 bien grande os han dejado», reflejando la lluvia de burlas tras cada escándalo digital.

Parte del debate social se conecta con cuestiones más profundas. Las respuestas dan paso a discusiones sobre identidad, orientación sexual y el impacto del contexto político. Algunas voces analizan la relación entre la postura de la izquierda sobre temas migratorios y la presencia de colectivos LGTBI en partidos como Vox. Referencias a países como Irán elevan el tono: «culturas que ponen en peligro su integridad física», remarcando los riesgos reales en otras regiones donde la homosexualidad se persigue, como recalcan las referencias a la situación de la comunidad LGTBI en Gaza y Cisjordania.

El reportaje de La Vanguardia ofrece nuevos matices sobre el perfil del votante de Vox. Apunta: «Para empezar, el electorado de ultraderecha se presenta con un grado de optimismo algo por encima de la media, mientras que su capacidad para ponerse en el lugar de los otros es algo inferior a la del conjunto».

A estas diferencias se suman datos sorprendentes: «Y esas diferencias se acentúan hasta diez puntos en algún caso si la comparación se efectúa con los votantes de los dos grandes partidos. Además, el elector ultra se declara mucho menos miedoso (casi 12 puntos) que el conjunto de los españoles». Y añade sobre el bienestar subjetivo: «Y, paralelamente, el seguidor de Vox exhibe un grado de felicidad apabullante: casi la mitad se declara ‘muy’ o ‘completamente feliz’, frente a menos del 30% entre el total de consultados».

La última mención, la más comentada, vuelve a la esfera íntima: «Finalmente, un apunte íntimo (con permiso del margen de error de la muestra). El votante ultra se revela como más convencional que el resto de ciudadanos en su concepción de que el ‘sexo de verdad incluye penetración’ (siete puntos más que la media y hasta 18 más que el elector de izquierdas). Sin embargo, a la hora de reflejar sus experiencias íntimas, la práctica del sexo anal registra entre el electorado ultra una cifra once puntos por encima del resto (y hasta 17 más que entre sus vecinos de la derecha tradicional). Sin distinción de sexos».