Ignacio Doñoro, militar y sacerdote, candidato al Princesa de Asturias de la Concordia: "Lo que me llena ahora es estar en la selva con los más pobres de los pobres"

Padre Doñoro rodeado de niños | Hogar Nazaret Facebook

El sacerdote Ignacio-María Doñoro de los Ríos, uno de los candidatos al Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2021, cogió una excedencia hace unos diez años y dejó su papel como sacerdote para las Fuerzas Armadas en zonas de conflicto como Bosnia o Kosovo, para dedicarse a al cuidado de niños luchando contra las mafias en el Amazonas (Perú).

El padre Doñoro, como se le conoce, fundó el Hogar Nazaret donde actualmente tiene acogidos a más de 300 niños y niñas, cada uno de ellos "único", tal y como precisa. En concreto, 200 están en la Escuela de fútbol, en Carhuapoma; 84 niños en la casa de Carhuapoma y 26 niñas en Bellavista.

En estos momentos tienen tres centros y quieren hacer un cuarto, el Hogar Nazaret Santa Teresa de Calcuta, donde desean construir una escuela de ingeniería agrónoma.

"A los niños que llegan al Hogar Nazaret se les rescata de las situaciones más terribles que uno pueda imaginarse, verdaderamente salen del horror, del infierno, y, al mismo tiempo que sanan en cuerpo y alma, acuden al colegio hasta que alcanzan una edad en la que todavía no tienen una formación suficiente para ser independientes y poder trabajar", explica el padre Doñoro en una entrevista con Europa Press.

Se trata de historias como la de Walter y su hermano Diego. El primero llegó al Hogar Nazaret con 11 años. "En algún momento de su vida alguien había abusado de él y sentía rechazo ante la proximidad de los demás. Tenía muchos hongos y heridas que no había manera de curar porque no permitía que me acercara a él y desconfiaba de todo el mundo", recuerda el sacerdote.

Cuando faltaba poco para que Walter entrara en el Hogar, saliendo un día de la sacristía, el padre Doñoro vio a un niño de unos cuatro o cinco años que estaba "tirado en el suelo, como arrugado, muy delgado", como "un trapo envuelto".

El sacerdote preguntó a la madre de Walter si era suyo aquel niño y ella le dijo que sí pero que era "un error", que no sabía quién era el padre y que "no valía para nada". Para el padre Doñoro estas palabras fueron como "una puñalada en el estómago", así que le pidió llevarse también al pequeño.

En el colegio, a Diego lo nombraron delegado de clase y le encantaba rezar, mientras que Walter fue adquiriendo poco a poco mayor seguridad en sí mismo y empezó a permitir que lo abrazaran.

"Un día vino corriendo, me abrazó y me dijo: 'Papá, te quiero'. Eres la persona que más quiero en este mundo. Se me saltaron las lágrimas. 'Señor --pensé--, ¡pero qué maravilla! Esto lo has hecho tú todo", subraya el sacerdote.

NO HE DEJADO LAS FUERZAS ARMADAS NI LA GUARDIA CIVIL

Todo esto es posible gracias a que el padre Doñoro recibió hace años el apoyo que necesitaba para emprender este proyecto. "No es que haya dejado las Fuerzas Armadas ni la Guardia Civil, porque sigo estando en una situación de excedencia. Lo cierto es que creo que no se trata tanto del lugar donde está uno, sino cómo te sientes", explica.

Según señala, "estar al lado de los que más sufrían la lacra del terrorismo" le "llenaba", al igual que le llena ahora "estar en la selva con los más pobres de los pobres". "Recuerdo aquella época en la Guardia Civil con muchísima emoción. Uno es guardia civil para siempre. Nunca dejaré de serlo", asegura, recordando la época en la que fue destinado a la Comandancia de la Guardia Civil de Inchaurrondo (San Sebastián).

Tres fueron los motivos que le impulsaron a dar el paso y marcharse al Amazonas. El primero fue darse cuenta de que "la vida es demasiado corta"; el segundo, un encuentro con el cardenal Robert Sarah, que le animó a llevar a cabo la obra del Hogar Nazaret porque, según le dijo, era lo que el Papa --en ese momento, Benedicto XVI-- le estaba pidiendo, tal y como cuenta en el libro 'El fuego de María' (Nueva Eva).

EL APOYO DE LA MINISTRA CARME CHACÓN

El tercer hito, según indica, fue una conversación con la entonces ministra de Defensa Carme Chacón. "Ella sabía que le quedaba poco tiempo de vida y cuando le conté en Kosovo la obra que estábamos haciendo en distintos países del mundo para rescatar a niños en situación de extrema pobreza, ella me dijo: 'Los sueños hay que cumplirlos hoy. El mañana es incierto, no sabemos lo que va a pasar. Esto lo tienes que hacer ahora. Pide una excedencia, yo te voy a apoyar'", recuerda.

Aunque este año no ha obtenido el Premio Princesa de Asturias de la Concordia --que ha recaído en el chef José Andrés y su organización World Central Kitchen-- el padre Doñoro está "muy agradecido" a las personas que presentaron su candidatura, a la Real Academia de Doctores Europeos, por esta apuesta hacia su persona, pero sobre todo "por acordarse de los últimos de la tierra, de los más pobres de los pobres".

"En una sociedad en la que quizá nos hemos vuelto demasiado materialistas, ha sido una sorpresa encontrar a gente que sigue apostando por la concordia", ha enfatizado.

Ahora, el padre Doñoro seguirá con su labor en el Hogar Nazaret, con su "familia", como él se refiere a ella, en la que intentan devolver a los niños los derechos que les han sido "arrebatados", que sean felices y puedan cumplir sus sueños.

"Es una verdadera y auténtica familia en la que todos los niños se quieren y se apoyan como hermanos y en la que comprenden que todo lo que ha ocurrido es para que sean mejores personas. El Hogar Nazaret es una obra de superación y resiliencia", asegura.

PASÓ EL COVID Y PENSABA QUE PODRÍA MORIR

Así lo han demostrado incluso en los peores momentos, como en el último año y medio con la pandemia de la Covid-19, que ha sido "devastadora" en los países con más pobreza. "No tienen absolutamente nada. No es comparable lo que ocurre en España o en Europa y lo que está sucediendo en la selva del Amazonas. Incluso el paracetamol lo tienen que conseguir muchas veces en el mercado negro. Allí la gente se muere sin más", explica.

De hecho, el propio padre Doñoro pasó la enfermedad y pensaba que podría morir. "Era muy angustioso no solamente no poder respirar, sino, y pensando en lo peor, tener incluso que despedirme de mi familia y de mis amigos por WhatsApp, y ver a los niños conteniendo las lágrimas, preguntándome qué iba a ser de ellos. Eso fue un motivo muy grande para seguir adelante", relata.

El sacerdote pide a todas las personas que recen por todos estos niños y por la labor que realizan en el Hogar Nazaret. Asimismo, aquellos que lo deseen también pueden ayudarles a través de un crowdfunding en la web 'www.hogarnazaret.es'.