Mujer de Nebraska es la primera en cruzar el Atlántico sola, 3.000 millas

Una joven de Omaha (Nebraska), lejos de cualquier costa, convirtió una obsesión en un hito real. Taryn Smith pasó de soñar con mar abierto a enfrentarse sola a 3.000 millas de Atlántico, sin más compañía que el agua y su propia determinación.

La historia engancha por contraste: un estado sin salida al mar, una veintena con ganas de “algo grande” y una carrera conocida por exprimir a cualquiera. El resultado terminó siendo histórico y, además, con causa solidaria.

Lo que empezó como una lectura casual acabó con una llegada triunfal a Antigua. Y con un mensaje claro para quien lo esté dudando: el límite puede estar más lejos de lo que parece.

  1. Un artículo que encendió la mecha
  2. Tres años de entrenamiento y una decisión radical
  3. El día 27, cuando el Atlántico apretó de verdad
  4. Antigua: meta, récord y un ejemplo para muchas niñas

Un artículo que encendió la mecha

Los “sueños oceánicos” se instalaron en Taryn Smith cuando vivía en Nebraska y buscaba aventuras que sonaban imposibles para alguien del medio oeste. Con 25 años, una lectura terminó de encender la chispa: un artículo sobre un equipo femenino de remo que batió un récord mundial en la Great Pacific Race en 2022, cruzando de Monterrey (California) a Hawái en 34 días.

La reacción fue inmediata y quedó en palabras exactas: “Solo recuerdo pensar que sonaba como lo más increíble del mundo entero”, dijo Taryn a PEOPLE, recordando ese momento. “Quería hacer algo grande en la veintena. Quería pasar el resto de mi vida sabiendo que era capaz de algo así”.

Desde ahí, la búsqueda se afinó hasta dar con un reto a la altura. La opción apareció en forma de una prueba temida y famosa: la World’s Toughest Row, una carrera de 3.000 millas que une las Islas Canarias (en el extremo occidental de África) con Antigua, ya en el mar Caribe.

Y el plan tenía un matiz que lo cambiaba todo: Taryn iba a hacerlo sola.

Tres años de entrenamiento y una decisión radical

La idea sonaba épica, pero exigía preparación real. Sus abuelos tenían experiencia en vela, aunque la mayor parte del aprendizaje estaba por delante. Smith dejó su trabajo en recursos humanos y se entrenó durante tres años, incluyendo etapas en el Reino Unido y periodos viviendo únicamente en su barco de remo durante varias semanas seguidas.

La meta no era solo ganar fuerza. Había que acostumbrar la mente y el cuerpo a una convivencia total con el mar, porque durante la travesía esa sería, en la práctica, su única presencia constante.

Desde casa, el asombro se mezclaba con orgullo. “Parece que Taryn no conoce el miedo”, dijo Shelly Smith, la madre de Taryn, a Nebraska Public Media. “Siempre ha sido una niña que prospera con la aventura. Simplemente le gusta mucho ese reto”.

Con ese impulso, llegó el día de ponerse a prueba de verdad. El 14 de diciembre, Smith se situó en la línea de salida junto a otros 42 equipos de 20 países distintos para cruzar el Atlántico. El trayecto se calculaba en unos dos meses, con una rutina durísima: remar de 10 a 12 horas al día, en solitario.

El día 27, cuando el Atlántico apretó de verdad

En una prueba así, los problemas no avisan: aparecen cada día y obligan a reaccionar. Aun así, el día 27 marcó un antes y un después. Smith arrastraba ronchas por la exposición al sol y acumulaba dos noches seguidas sin dormir bien. La mañana se rompió entre sollozos, cansancio extremo y un mar que empeoraba por una tormenta que se acercaba. (Mira un vídeo al final…)

La propia remera describió el momento con crudeza en un vídeo de Instagram del día 27: “Olas absolutamente enormes”, dijo. “Venía una ola y se derramaba por la cubierta y literalmente me sacaba de los zapatos. Daba miedo. Daba mucho, mucho miedo. Creo que este es el primer día que me he sentido de verdad aterrorizada desde que estoy aquí fuera”.

Y todavía faltaba un sobresalto más. Un marlín, descrito como amenazante, se mantuvo cerca del barco y de los remos durante millas, añadiendo tensión a una jornada ya al límite. Pese a todo, la travesía siguió avanzando.

Al final de ese mismo día, el mensaje volvió a ser de resistencia: “Ha sido un día muy duro, pero estoy muy orgullosa del esfuerzo que he hecho hoy porque ha sido un día rápido y he cubierto mucho terreno y seguí remando y ahora es más cómodo remar que intentar dormir”, dijo en Instagram al final del día.

Incluso hubo espacio para una rutina de supervivencia emocional en mitad del océano: “Estoy escuchando Harry Potter (en mis auriculares). Así que, en general, la vida va bien…”

Antigua: meta, récord y un ejemplo para muchas niñas

La travesía también tuvo un objetivo solidario. Durante todo el recorrido, Smith se asoció con Girls on the Run, recaudando dinero para la organización sin ánimo de lucro que impulsa a niñas de 3.º a 8.º curso mediante el running, la actividad física y programas enfocados en reforzar la confianza.

Con cada milla, el gesto funcionaba como escaparate de lo que puede lograrse con una meta clara y constancia, justo el tipo de ejemplo que la organización busca inspirar.

El desenlace llegó el 29 de enero. Smith entró en Antigua y se convirtió en la primera mujer en terminar sola la World’s Toughest Row. Además, el tiempo superó incluso sus previsiones más optimistas: completó la carrera en 46 días, tres horas y 37 minutos, unos días antes de lo que ella misma calculaba.

La entrada en puerto tuvo imagen de victoria: una bengala en la mano y una bandera estadounidense ondeando detrás de ella en el barco. (Mira el vídeo de abajo…)

La joven de las llanuras, sin mar cerca, acababa de firmar un cruce audaz de 3.000 millas. Y lo que nació con una noticia leída en una revista terminó como una realidad que sacude conciencias.

El cierre lo dejó en una frase que apunta directo a quien necesita un empujón: “Todo está más al alcance de lo que creemos”, dijo Taryn a PEOPLE. “Espero que la gente entienda que hay que asumir los mayores retos, aunque eso signifique estar solo. Aunque dé miedo. Se puede hacer, y probablemente no se estará solo durante mucho tiempo”.