Océanos del mundo protegidos: el Tratado Global entra en vigor con adhesión de 60 países

Océano. Imagen de archivo

Después de dos décadas de intensas negociaciones, el Tratado Global de los Océanos, conocido como BBNJ (Biodiversidad Marina en Áreas Fuera de la Jurisdicción Nacional), ha entrado en vigor tras recibir la ratificación de 60 países, según destaca RTVE en su resumen semanal de noticias positivas. Este acuerdo, que marca un momento histórico, protege por primera vez las vastas extensiones oceánicas abiertas que cubren dos tercios del planeta y alojan el 95% de la biodiversidad marina mundial.

El tratado establece un marco normativo para conservar y gestionar de forma sostenible la biodiversidad que habita en alta mar, es decir, en las áreas oceánicas situadas más allá de las 200 millas náuticas desde las aguas territoriales nacionales. Estas zonas, que alcanzan el 64% de los océanos y el 95% de su volumen, hasta ahora no contaban con protección legal concreta dado que ningún país podía ejercer soberanía sobre ellas.

 

  1. Qué protege el tratado BBNJ
  2. Impacto del tratado en la vida marina
  3. Importancia del tratado para España
  4. Un tratado global para los océanos

 

Qué protege el tratado BBNJ

Este acuerdo introduce medidas claras para salvaguardar la vida marina que habita en aguas internacionales. Entre ellas, se establecen evaluaciones de impacto ambiental obligatorias para cualquier proyecto que se vaya a desarrollar en alta mar, desde la minería submarina hasta grandes instalaciones de acuicultura o investigaciones biotecnológicas.

Además, contempla la implementación gradual de Áreas Marinas Protegidas en alta mar, con un ambicioso objetivo inicial: preservar el 30% del océano mundial para 2030, en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. También obliga a realizar evaluaciones científicas sobre especies amenazadas o de gran valor ecológico, tales como corales de aguas profundas, ballenas migratorias y tiburones oceánicos.

Por si fuera poco, garantiza un acceso justo y equitativo a los recursos genéticos marinos, evitando la biopiratería y asegurando que los beneficios derivados de la biodiversidad oceánica, como nuevas medicinas o avances biotecnológicos, se repartan de forma equitativa entre los países. Además, se busca que los países en desarrollo tengan una voz activa en la toma de decisiones, de modo que naciones sin flotas pesqueras industriales puedan influir en las normas que afectan los océanos globales.

Impacto del tratado en la vida marina

Los océanos contienen entre el 50% y el 80% de toda la vida en la Tierra, pero han sufrido un declive alarmante: desde 1970, el 90% de las grandes poblaciones de peces han disminuido drásticamente por causas como la sobrepesca, la contaminación plástica y el cambio climático. Además, el calentamiento de las aguas ha modificado las rutas migratorias del 60% de las especies marinas que se desplazan a lo largo del planeta.

El Tratado BBNJ llega en un momento crucial para proteger ecosistemas vitales. Por ejemplo, los corales de aguas profundas, que tardan siglos en desarrollarse y funcionan como refugio para miles de organismos, están en peligro debido a la minería submarina. Las ballenas migratorias enfrentan riesgos derivados de choques con embarcaciones y capturas incidentales, mientras que la pesca de tiburones, representando el 7% de la pesca mundial, pone en riesgo la supervivencia de muchas poblaciones.

Importancia del tratado para España

Este acuerdo es especialmente relevante para España, que es la tercera potencia pesquera dentro de la Unión Europea y dispone de una flota que opera ampliamente en alta mar. Por años, el país ha defendido la necesidad de regular estas zonas oceánicas internacionales. Regiones españolas como Galicia, con su flota dedicada a la cerco y al palangre, y Canarias, con sus barcos de atún rojo, se beneficiarán directamente gracias a la estabilización de las poblaciones marinas.

La ratificación del tratado por parte de España representa un compromiso con la protección de su entorno marítimo y un paso fundamental para garantizar la sostenibilidad de una actividad económica estratégica y cultural para el país.

Un tratado global para los océanos

La entrada en vigor del BBNJ marca una nueva etapa en la gobernanza oceánica. Hasta ahora, las aguas internacionales eran un “vacío jurídico” donde cada nación actuaba por su cuenta. Por primera vez, existe una normativa global que exige la coordinación entre todos los Estados para proteger la biodiversidad marina fuera de las aguas territoriales nacionales.

La Secretaría de la ONU ha señalado que este Tratado complementa otros acuerdos ya existentes, como la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES) y la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS). La aplicación práctica vendrá con la primera Conferencia de las Partes, que está prevista para finales de 2026.

RTVE, que incluyó esta noticia en su sección de “buenas noticias” semanal, recuerda que este tratado llega en un momento crítico para los océanos. Cerca del 95% de las especies marinas aún no han sido descritas por la ciencia, y cada año se descubren nuevas especies con potenciales usos médicos y ecológicos. Proteger estos hábitats no solo es una responsabilidad ética sino también una estrategia esencial para la alimentación, la medicina y la regulación climática a nivel global.

Los 60 países que han ratificado el Tratado representan una base sólida, pero su verdadero efecto depende de cuántos estados se unan más adelante y de la voluntad política para implementar efectivamente las normas pactadas. Organizaciones como WWF y Greenpeace han felicitado a los países pioneros y han llamado a una rápida adhesión mundial.

Para el planeta, este Tratado Global de los Océanos significa que por primera vez dos tercios de la superficie planetaria oceánica, que no contaban con ningún sistema de protección específico, pasan a tener un respaldo legal sólido internacionalmente. Supone un hito trascendental en la conservación de la mayor reserva de vida y oxígeno del mundo.

España, con su condición de nación costera y una de las mayores flotas pesqueras del planeta, ha dado un paso decisivo ratificando el acuerdo, y ahora debe fomentar el cumplimiento estricto de las nuevas disposiciones para sus embarcaciones, además de participar activamente en la creación y gestión de las primeras áreas protegidas en alta mar.

El mensaje que se transmite es esperanzador: cuando la comunidad internacional logra consenso, los océanos comienzan a contar con una protección real. El Tratado BBNJ no resolverá todos los problemas relacionados con el mar, pero abre un camino para abandonar la idea de que las aguas abiertas son una frontera sin ley.