Padre desafía la parálisis para acompañar a su hija hasta el altar en su boda

Russell McKeehan, un exparamédico de Denver, está a punto de cumplir un sueño que parecía imposible: acompañar a su hija en el día de su boda caminando a su lado. Tras décadas de accidentes, operaciones y recaídas, una innovadora cirugía practicada por el neurocirujano Scott Falci podría darle esa oportunidad.

Un objetivo entre la adversidad

“Lo único que quiero es que ese día sea de ella, no de mí. Si consigo estar lo más normal posible, ella será más feliz”, confesó McKeehan, quien ha convertido ese momento en la motivación central de su vida.

La determinación del paciente ha sido tan clave como la pericia médica. A las 12 horas de la intervención más reciente, el doctor Falci ya observaba avances inesperados: “Está moviendo su brazo, lo lleva a su cara y hasta patea con la pierna izquierda. Lo que ha logrado con pura fuerza de voluntad es asombroso”.

Una vida marcada por los accidentes

El calvario de McKeehan comenzó en 1995, cuando viajaba en una ambulancia y el conductor se quedó dormido. El vehículo volcó y, sin que él lo supiera en aquel momento, su sistema nervioso quedó gravemente dañado.

No fue hasta 2007 cuando las secuelas se manifestaron con toda su crudeza. Lo que empezó como fuertes dolores de cabeza terminó en un ingreso hospitalario y, pocos días después, en una parálisis total desde el cuello hacia abajo.

El primer “milagro” médico

Tras años de adaptación forzosa a esa nueva realidad, en 2017 decidió arriesgarse a una cirugía experimental con el doctor Falci en el hospital HCA HealthONE Swedish de Denver. Contra todo pronóstico, la operación le devolvió movilidad parcial en brazos y piernas. “Siempre digo en broma que ni en una telenovela escribirían algo tan surrealista como lo que me ha pasado”, comentó entonces.

El destino golpea de nuevo

Sin embargo, la suerte volvió a serle esquiva. Conducía la camioneta de su hijo a baja velocidad cuando las tuercas de las ruedas se soltaron y el vehículo volcó cuatro veces. McKeehan sufrió nuevas fracturas en el cuello, el esternón y varias costillas, lo que significó un retroceso enorme en su recuperación.

Una segunda oportunidad

Ahora, tras esa dura recaída, ha confiado de nuevo en el mismo cirujano para someterse a un procedimiento todavía más complejo, uno al que apenas un 10% de pacientes en su situación puede acceder. Su único propósito: estar en pie, aunque sea por unos minutos, para llevar del brazo a su hija al altar en un momento que marcará sus vidas.

La historia de McKeehan es hoy un ejemplo de resiliencia y esperanza, pero también del avance de la neurocirugía y de cómo la unión entre ciencia y determinación personal puede desafiar los límites de lo posible.