San Valentín: cómo afectan los tipos de apego al amor y a la pareja

Archivo - Una pareja camina por Paseo del Prado.- Jesús Hellín - Europa Press - Archivo

El amor y la forma de demostrarlo no funcionan igual en todo el mundo. Cada persona vive la cercanía, el cariño y las discusiones con un estilo propio, y eso termina influyendo en cómo se construye y se mantiene una relación de pareja.

En psicología, una de las ideas que más ayuda a entender estas diferencias es la de los tipos de apego. Este marco explica cómo se forman los vínculos emocionales importantes y por qué, en la vida adulta, algunas personas buscan más contacto, otras necesitan más espacio y otras se sienten inseguras ante la distancia.

Además, estos patrones no solo se notan en momentos bonitos. También aparecen cuando hay desacuerdos, cuando surge el miedo a perder a la otra persona o cuando cuesta hablar de lo que se necesita dentro de la relación.

  1. Qué son los tipos de apego
  2. Cuatro tipos de apego principales
  3. Cuando las dinámicas generan malestar
  4. Acompañamiento psicológico y prevención

Qué son los tipos de apego

El apego describe cómo se crean los lazos emocionales más significativos. Aunque suele empezar a formarse en etapas tempranas, también deja huella en la manera de relacionarse en la edad adulta, especialmente en pareja.

En la práctica, influye en aspectos muy cotidianos: cómo se expresa el afecto, cuánta cercanía se busca, cómo se lleva la distancia emocional y qué ocurre cuando aparece un conflicto.

"Los tipos de apego no son etiquetas cerradas ni determinan de manera definitiva cómo será una relación. Se trata de patrones aprendidos que ayudan a comprender por qué se reacciona de determinada forma ante la intimidad, el conflicto o el miedo a la pérdida. De igual manera, el desarrollo de nuestro apego depende del tipo de relaciones que las personas de nuestro contexto establecen con nosotros, si mis amigos, pareja o contexto es coherente, racional y con una correspondencia clara entre lo que se dice y se hace es más probable desarrollar un apego seguro consolidado", explica Jorge Buenavida, psicólogo de Blua de Sanitas.

Desde ese enfoque, la psicología suele distinguir cuatro estilos principales. Cada uno se asocia a formas distintas de gestionar la intimidad, el miedo al rechazo y la necesidad de independencia.

Cuatro tipos de apego principales

Entre los más estudiados está el apego seguro. Se relaciona con mayor equilibrio dentro de la pareja: suele haber menos temor a la intimidad, más facilidad para decir lo que se necesita y menos miedo al abandono o a la dependencia cuando surge un desacuerdo.

En general, este estilo se vincula con relaciones más satisfactorias y con un mejor bienestar psicológico, porque la conexión emocional se vive de un modo más estable.

"Cuando existe una base de seguridad emocional, comprensión e iniciativa de comunicación, el amor se construye desde la confianza y la comunicación y no tanto desde el miedo a la pérdida, lo que facilita abordar los desacuerdos cotidianos sin que se conviertan en una fuente constante de malestar", señala Jorge Buenavida.

En cambio, otros estilos pueden complicar la dinámica. El apego ansioso suele ir acompañado de una sensibilidad alta al rechazo y de una búsqueda constante de validación emocional, lo que puede traducirse en preocupación continua por la relación y dificultad para regular emociones cuando se percibe distancia afectiva.

El apego evitativo, por su parte, aparece como una inclinación a marcar distancia emocional y a apoyarse en la autosuficiencia. Desde la psicología, se interpreta como una forma aprendida de protegerse a nivel emocional, y no como una falta de implicación afectiva.

También existe el apego desorganizado, menos habitual, que mezcla rasgos ansiosos y evitativos. Suele vincularse a experiencias previas de inseguridad emocional y, en estos casos, el apoyo profesional cobra una importancia especial.

Cuando las dinámicas generan malestar

Los estilos de apego, por sí mismos, no tienen por qué ser un problema. Aun así, conviene observar ciertas señales cuando una forma de relacionarse empieza a pasar factura: malestar que se repite, bajada de autoestima o dificultades que afectan al bienestar emocional en el día a día.

En pareja, estas señales pueden aparecer como discusiones intensas que no se resuelven, un miedo constante a que la relación se rompa o una sensación persistente de ansiedad o bloqueo emocional.

"Los estilos de apego no constituyen por sí mismos un problema. Sin embargo, cuando determinadas dinámicas generan malestar persistente, afectan a la autoestima o interfieren en el bienestar emocional, conviene prestar atención a ciertas señales de nosotros mismos o de las relaciones que mantenemos. Es conveniente consultar con un profesional adecuado cuando se repiten conflictos intensos sin resolución, aparece un miedo constante a la pérdida de la relación o se mantiene y perpetúa una sensación de ansiedad o bloqueo emocional", añade Jorge Buenavida.

Con esta mirada, pedir ayuda no se plantea como un “último recurso”, sino como una forma de cuidar la salud emocional y evitar que ciertos patrones se hagan cada vez más rígidos.

Acompañamiento psicológico y prevención

La atención psicológica puede servir para detectar patrones de apego, entender de dónde vienen y entrenar estrategias que favorezcan relaciones más equilibradas. El objetivo se centra en mejorar la gestión emocional y el bienestar personal y relacional.

"Este acompañamiento no persigue cambiar la forma de amar, sino mejorar la gestión emocional y el bienestar personal y relacional", matiza Jorge Buenavida.

Desde la prevención y la promoción de la salud emocional, los especialistas de Sanitas aconsejan fijarse en cómo se viven las emociones dentro de la relación, impulsar una comunicación clara y respetuosa y consultar con un profesional cuando el malestar se mantiene en el tiempo o interfiere en la vida cotidiana, ya sea mediante atención presencial o videoconsulta.

"Comprender cómo se construyen los vínculos afectivos contribuye a vivir el amor de una forma más consciente y saludable. En fechas como San Valentín, poner el foco en la salud emocional y nuestros patrones relacionales permite construir y reforzar relaciones basadas en el equilibrio y el bienestar compartido", concluye Jorge Buenavida.