Brecha entre el bienestar corporativo y la gestión del cáncer laboral
El cáncer ya no es algo raro dentro de las empresas. Cada vez aparece más en conversaciones de pasillo, en equipos que se reorganizan y en calendarios llenos de citas médicas. El motivo es claro: la población activa envejece y, además, la medicina permite que muchas más personas sigan adelante tras un diagnóstico oncológico.
Esta realidad cambia el día a día en el trabajo. No se trata solo de estar de baja o volver a la oficina. Un proceso oncológico suele ser largo, con altibajos, y puede afectar a la energía, la memoria, el ánimo y la forma de rendir. Por eso, a veces las políticas de bienestar se quedan cortas cuando toca gestionar situaciones complejas y prolongadas.
En España, el impacto es enorme. Cada año se detectan más de 284.000 nuevos casos de cáncer y se calcula que al alrededor del 38% corresponden a personas en edad laboral, entre 18 y 65 años. Eso supone más de 107.000 diagnósticos en población activa, según el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) y la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC).
- Cáncer y trabajo en España: una realidad en aumento
- Cuando la recuperación médica no es recuperación laboral
- Estrategias para cerrar la brecha en el entorno laboral
Cáncer y trabajo en España: una realidad en aumento
El número de diagnósticos en personas que trabajan obliga a mirar el cáncer como un tema laboral, no solo sanitario. Según el INSST y la AECC, más de 107.000 personas reciben un diagnóstico oncológico mientras están activas profesionalmente, dentro de ese total anual de más de 284.000 nuevos casos.
Al mismo tiempo, el pronóstico ha cambiado mucho en los últimos años. Ese avance hace que la tasa de supervivencia a cinco años en población en edad laboral se sitúe hoy entre el 66% y el 86%, según el INSST. En la práctica, esto significa que cada vez es más habitual que una persona pueda volver a su puesto tras superar el proceso.
Cuando la recuperación médica no es recuperación laboral
Volver a estar bien a nivel clínico no siempre implica retomar el trabajo en las mismas condiciones. La recuperación puede dejar secuelas físicas, cognitivas o emocionales, y no todas las empresas están preparadas para acompañar esos cambios con flexibilidad y continuidad.
Los datos muestran el tamaño del reto. Según la Asociación Española Contra el Cáncer, el riesgo de estar en desempleo sube un 34% entre los supervivientes de cáncer frente a la población general, y un 28,4% afirma haber perdido o dejado su trabajo tras la enfermedad. Además, el Observatorio del Cáncer señala que cerca del 45% de los supervivientes nota falta de apoyo o comprensión en el trabajo, y que la mitad ve limitadas sus opciones de desarrollo o progresión tras la enfermedad, con un impacto especialmente fuerte en las mujeres.
"Muchas veces, las políticas de bienestar contemplan la enfermedad de forma genérica, pero la experiencia de quienes atraviesan la enfermedad es mucho más compleja. Las personas necesitan acompañamiento durante meses, con fases muy distintas que afectan a su actividad y su estabilidad emocional. Por ello, es necesario adoptar una estrategia flexible, con una gran sensibilidad a la especificidad de cada caso, con escenarios de reincorporación progresiva, apoyo interno y seguimiento, que permita gestionar estas situaciones de manera humana y efectiva, pero, sobre todo, que evite que el proceso se convierta en un obstáculo para su trayectoria profesional," explica Amira Bueno, directora de Recursos Humanos de Cigna Healthcare España.
Estrategias para cerrar la brecha en el entorno laboral
Ante esta situación, los expertos de Cigna Healthcare subrayan que no basta con medidas generales. El foco debe ponerse en planes que se adapten a las distintas fases del cáncer y a sus efectos a medio y largo plazo.
La clave está en combinar organización y cuidado. Eso incluye ajustar tiempos, tareas, comunicación y apoyos, para que la gestión durante la enfermedad y la recuperación dentro de la empresa no se conviertan en un freno para la carrera profesional.
Reincorporaciones progresivas sin vuelta inmediata a la normalidad
Una vuelta al trabajo planteada como si todo fuese igual desde el primer día suele fallar. Los procesos oncológicos pueden tener avances y retrocesos, y los efectos físicos y cognitivos cambian con el tiempo. Por eso, una reincorporación realista necesita margen y revisiones.
El Observatorio del Cáncer indica que el 23,4% de los supervivientes ha tenido que interrumpir su actividad profesional tras la enfermedad. Diseñar planes progresivos y ajustar de forma continua funciones, carga de trabajo y herramientas ayuda a integrarse paso a paso, reduce el riesgo de desvinculación y favorece la continuidad de la trayectoria profesional.
Apoyo psicológico y mentoría interna durante el proceso
La parte emocional pesa, y mucho. Casi la mitad de las personas que pasan por esta enfermedad percibe falta de apoyo o comprensión por parte de compañeros o responsables. Ese entorno, si no se cuida, puede aumentar el aislamiento y el estrés.
Contar con referentes internos formados, programas de mentoría y acceso continuado a psicología corporativa durante el tratamiento y la reincorporación contribuye a reducir la ansiedad. Además, facilita la adaptación al entorno profesional y refuerza la sensación de que la organización escucha y acompaña de forma activa.
Actividad física pautada para volver con más estabilidad
El ejercicio adaptado puede ser un aliado importante tras un proceso oncológico. Ayuda a mejorar la fatiga, la función cognitiva y el estado emocional, factores que influyen directamente en la estabilidad al volver al trabajo.
Incorporar programas de movimiento progresivo, pausas activas personalizadas o acceso a ejercicio supervisado facilita recuperar capacidades funcionales. También refuerza la autonomía y hace más probable una vuelta al trabajo sostenida en el tiempo.
Comunicación clara y protección frente a la sobreexposición
Durante la reincorporación pueden aparecer situaciones incómodas: preguntas constantes, expectativas no dichas o la sensación de tener que explicar una y otra vez lo ocurrido. Ese desgaste emocional puede sumar presión en un momento sensible.
Definir pautas claras de comunicación interna y cerrar acuerdos previos sobre qué se comparte, con quién y cuándo ayuda a cuidar la intimidad. También reduce la carga emocional y permite que la reincorporación se centre en el trabajo y la recuperación, y no en la justificación permanente de la enfermedad.