Ciencia invisible que se hace evidente: El avance del CSIC que jubilará las etiquetas de caducidad tradicionales

Investigadores responsables | INMA

Redacción | Diario en Positivo +

Este miércoles 28 de enero de 2026, la seguridad en nuestra mesa ha dado un salto de gigante. El Instituto de Nanociencia y Materiales de Aragón (INMA), un centro de excelencia mixto del CSIC y la Universidad de Zaragoza, ha presentado los resultados finales de su nueva generación de biosensores colorimétricos. Se trata de materiales inteligentes que, sin necesidad de electrónica, cables o baterías, son capaces de avisar visualmente si un alimento está contaminado o si el aire de una estancia contiene gases tóxicos.

La tecnología se basa en una propiedad asombrosa de ciertos polímeros: la capacidad de reaccionar ante la presencia de moléculas específicas (como las toxinas de una bacteria) reorganizando su estructura y, por tanto, cambiando la forma en que reflejan la luz.

¿Cómo funciona el "Ojo del CSIC"?

El sistema imita la forma en que algunos insectos o camaleones cambian de tono para comunicarse o protegerse:

  1. Reconocimiento Molecular: El sensor está "programado" para atraer solo a patógenos específicos, como la Salmonella o la Listeria.

  2. Transducción Visual: En el momento en que la bacteria toca el sensor, este se curva o altera su superficie a nivel nanométrico.

  3. El Cambio de Color: Para el ojo humano, el resultado es inmediato: una etiqueta que era verde se vuelve roja o azul intenso, indicando de forma inequívoca que el producto no debe ser consumido.

Aplicaciones: Del supermercado al diagnóstico médico

Este descubrimiento, liderado por el grupo de investigación CLIP (Cristales Líquidos y Polímeros), no se limita solo a los envases de carne o pescado:

  • Seguridad Ambiental: Sensores colocados en cocinas o fábricas pueden detectar fugas de gases inodoros simplemente cambiando de color, permitiendo una evacuación inmediata sin depender de alarmas eléctricas que puedan fallar.

  • Salud Preventiva: Se están desarrollando variantes que, colocadas en una mascarilla o un parche cutáneo, podrían detectar cambios en el sudor o el aliento que indiquen el inicio de una infección.

  • Coste Reducido: Al ser materiales plásticos procesables a gran escala, el coste de cada sensor es de apenas unos céntimos, lo que facilita su implementación global en el mercado este 2026.

Liderazgo tecnológico español

"No buscábamos crear un aparato complejo, sino un material que 'hable' directamente al consumidor", explican desde el INMA. Para Diario en Positivo, este proyecto encarna la mejor cara de la inversión pública: ciencia básica convertida en una herramienta que salva vidas y evita el desperdicio alimentario masivo.