Cinco métodos para conservar la productividad del equipo durante brotes virales
En este invierno, el desempeño laboral en numerosas empresas está siendo influido por varios factores que superan los habituales aumentos estacionales. La propagación intensificada de virus respiratorios genera olas sucesivas de contagios, con recuperaciones prolongadas que impactan directamente en la dinámica diaria y el rendimiento de los equipos de trabajo. Tanto el número de bajas como de personas que continúan desempeñando sus funciones sin una recuperación completa aumenta, afectando significativamente la concentración, energía y fluidez de las tareas.
Esta situación no solo responde a motivos sanitarios. Se da en un contexto donde un gran número de profesionales arrastran fatiga acumulada, con poco margen para recuperarse. La presión constante y la falta de descanso prolongan los episodios de enfermedad, dejando consecuencias visibles en el ánimo, la cohesión grupal y el rendimiento individual, lo que agrava una fragilidad que ya existía previamente.
Según el Cigna Healthcare International Health Study, el 24% de los trabajadores españoles identifica la carga laboral como un factor principal de estrés, mientras que un 12% denuncia una cultura de "always on" que impide la desconexión y la recuperación física y mental. Solo el 30% considera que su compañía le brinda suficientes opciones para cuidar de su salud, y apenas un 29% percibe un enfoque claro en bienestar y salud en las comunicaciones internas. Cuando estos factores se conjugan, el impacto es aún mayor: durante periodos de alta circulación viral, aumentan las bajas laborales y el absentismo, afectando la productividad, la planificación y la economía. Entre enero y julio de 2025, se registraron más de 242 millones de jornadas laborales perdidas en España, con un coste estimado de 25.425 millones de euros según datos del Ministerio de Inclusión y del Instituto Nacional de Estadística.
- Formación de líderes para el cuidado del equipo
- Implementación de sistemas de escucha activa
- Integración del bienestar en la planificación laboral
- Campañas internas de autocuidado y prevención
- Refuerzo de habilidades emocionales y resiliencia
Formación de líderes para el cuidado del equipo
Amira Bueno, directora de Recursos Humanos de Cigna Healthcare España, declara: "Los picos de virus no solo ponen a prueba la salud de las personas, sino también la solidez de las organizaciones. En estos momentos, se hace evidente si las empresas cuentan con una cultura que permite la flexibilidad, parar, recuperarse y apoyarse mutuamente, o si la presión diaria acaba amplificando el desgaste. Más allá de gestionar ausencias, es fundamental crear entornos en los que reconocer límites y pedir ayuda forma parte de lo normal, porque eso es lo que sostiene la motivación, la cohesión y el rendimiento de los equipos en temporadas especialmente exigentes".
En este contexto, la formación de los responsables de equipo se vuelve crucial en periodos con altos índices de gripe y otros virus. Dotar a los líderes con herramientas prácticas para detectar síntomas tempranos de fatiga o sobrecarga, así como para apoyar las reincorporaciones aún frágiles, permite actuar a tiempo antes de que los problemas se agraven. Además, ajustar las prioridades y redistribuir temporalmente las tareas, junto con realizar seguimientos breves a las personas tras la baja, contribuye a mantener la cohesión y reduce el impacto negativo en la actividad de la empresa.
Implementación de sistemas de escucha activa
En momentos marcados por el estrés y la incertidumbre, las tensiones internas pueden aumentar notablemente y socavar la motivación. Por este motivo, implementar sistemas de escucha activa se ha convertido en una estrategia fundamental. Contar con reuniones periódicas y canales de feedback seguros permite a las organizaciones detectar a tiempo sobrecargas o conflictos. Estos mecanismos facilitan conocer las inquietudes de los empleados antes de que se traduzcan en problemas mayores, como un aumento del absentismo o desmotivación crónica.
Una comunicación fluida y estructurada favorece un ambiente laboral saludable y previene la acumulación de tensiones que puedan afectar tanto al bienestar personal como a la productividad general. Identificar rápidamente las señales de alerta mediante estrategias de escucha activa resulta esencial en fases de alta vulnerabilidad sanitaria.
Integración del bienestar en la planificación laboral
Incorporar el cuidado de la salud física y emocional en la gestión diaria del trabajo refleja un compromiso genuino hacia las personas dentro de la organización. La revisión constante de cargas y plazos basada en la capacidad real del equipo es fundamental para evitar un estrés injustificado. Priorizar las tareas esenciales y favorecer la colaboración entre departamentos para suplir ausencias temporales son prácticas que garantizan la continuidad del negocio sin generar presiones extra que deterioren el clima laboral.
Este enfoque centrado en el bienestar contribuye a crear entornos sostenibles donde el equilibrio entre rendimientos y descanso se mantiene, impulsando la estabilidad y la eficiencia a largo plazo. La salud y el equilibrio emocional dejan de ser accesorios para convertirse en pilares estratégicos de la planificación rutinaria.
Campañas internas de autocuidado y prevención
Difundir información precisa y actualizada sobre medidas preventivas contribuye a disminuir contagios y a fomentar una actitud responsable dentro del lugar de trabajo y fuera de él. Las campañas internas que promueven la higiene adecuada, la correcta ventilación, la vacunación, el descanso y la detección precoz de síntomas deben fundamentarse en fuentes médicas fiables para garantizar su rigor. Estas acciones no solo combaten la desinformación, sino que también fortalecen una cultura organizacional preventiva.
La integración coherente de estas campañas en la comunicación diaria genera un doble beneficio: protege la salud individual y refuerza el compromiso colectivo hacia el cuidado mutuo y la continuidad efectiva de la actividad profesional.
Refuerzo de habilidades emocionales y resiliencia
Capacitar a los trabajadores en competencias emocionales resulta clave para afrontar eficazmente los picos de enfermedades. Formación en gestión del estrés, comunicación empática y adaptación al cambio mejora la capacidad para manejar la incertidumbre que provocan ausencias frecuentes. Además, estas habilidades incrementan la colaboración y propician un ambiente motivador, incluso en situaciones complicadas.
El fortalecimiento de la resiliencia colectiva fortalece al conjunto de la organización, permitiendo mantenerse unido y productivo pese a las dificultades propias de una temporada exigente, como la que implica un intenso incremento en la incidencia viral y sus afectaciones laborales.