Cómo influye la alimentación materna en la lactancia y el embarazo
Durante el embarazo y la lactancia, lo que se pone en el plato tiene un efecto directo en la salud, el crecimiento y el desarrollo del bebé. Por eso se insiste en una alimentación equilibrada, variada y segura, capaz de reducir riesgos en la gestación y de evitar carencias nutricionales.
Además, una dieta cuidada facilita una mejor recuperación tras el parto. En esta etapa, la atención nutricional cobra un papel especial y suele ir de la mano de un seguimiento médico completo, pensado para aportar calma y apoyo a las familias.
En la lactancia, el cuerpo materno también hace un esfuerzo añadido: utiliza reservas para producir leche. De ahí que una pauta con buen aporte de nutrientes e hidratación sea una base importante para sostener la producción y la calidad nutricional de la leche.
- Nutrición en embarazo y lactancia: por qué importa
- Calorías y micronutrientes clave según Sanitas
- Recomendaciones prácticas de alimentación segura
- Seguimiento médico y planes específicos de Sanitas
Nutrición en embarazo y lactancia: por qué importa
En el embarazo y la lactancia, una alimentación equilibrada, variada y segura ayuda a prevenir complicaciones gestacionales y déficits nutricionales. También contribuye a que la recuperación posparto sea más llevadera, con una base de energía y nutrientes más estable.
En paralelo, conviene mantener una relación flexible con la comida. "El embarazo y el posparto son etapas exigentes, tanto física como emocionalmente. Debe mantenerse una dieta equilibrada, pero pueden permitirse antojos ocasionales, como disfrutar de un dulce o un capricho puntual, ya que no representan un riesgo para la salud. De hecho, permitirse estos pequeños gestos ayuda a reducir el estrés y contribuye al bienestar emocional, un factor esencial para la madre y el bebé", señala Ana María Román, jefe de servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja
Durante la lactancia, el organismo materno recurre a sus reservas para producir leche. Por eso, una dieta completa, con suficiente proteína, grasas saludables, calcio y una hidratación adecuada, se considera esencial para sostener una producción correcta y mantener la calidad nutricional de la leche.
En conjunto, el objetivo es sumar hábitos que protejan tanto a la madre como al bebé. La idea no es vivir con rigidez, sino priorizar lo importante y reducir riesgos evitables, especialmente los relacionados con seguridad alimentaria.
Calorías y micronutrientes clave según Sanitas
Sobre la planificación de la dieta, Sanitas pone el foco en una idea clara y fácil de recordar. "Una buena nutrición en el embarazo no consiste en comer por dos, sino en elegir los alimentos adecuados", explica Verónica Velasco, nutricionista de Sanitas.
El aumento calórico, según este enfoque, es moderado. Sin embargo, el punto decisivo está en los micronutrientes que apoyan el desarrollo del feto y el bienestar materno. "Las necesidades calóricas aumentan de forma moderada, pero lo crucial son los micronutrientes que favorecen el desarrollo del sistema nervioso, los huesos y la función tiroidea del feto, y ayudan a prevenir la anemia en la madre. Entre ellos destacan el hierro, el calcio, el yodo y el ácido fólico", añade.
En esta etapa, esos nutrientes se vuelven protagonistas por su impacto en funciones concretas: el hierro se asocia a la prevención de la anemia, el calcio al desarrollo óseo, y el yodo a la función tiroidea y al desarrollo neurológico. El ácido fólico también forma parte de los elementos destacados en estas recomendaciones.
La clave práctica está en construir una pauta diaria con alimentos seguros y de buena calidad nutricional. A partir de ahí, el profesional sanitario puede valorar si la dieta cubre lo necesario o si hay que ajustar elecciones y cantidades.
Recomendaciones prácticas de alimentación segura
Ante esta situación, los expertos de Sanitas comparten una lista de recomendaciones concretas para cubrir las necesidades nutricionales de la madre y del bebé. La idea es sumar variedad, asegurar la higiene y reducir exposiciones a alimentos con riesgo.
Estas pautas incluyen más presencia de vegetales, lácteos pasteurizados y fuentes seguras de omega-3, junto con hidratos complejos, legumbres y medidas de seguridad alimentaria. También se subraya la importancia de eliminar hábitos perjudiciales y de revisar el yodo con un profesional.
Aumentar frutas, verduras y hortalizas. Se recomienda llegar a, al menos, cinco raciones al día por su aporte de vitaminas, minerales, antioxidantes y fibra, que ayudan a la digestión y apoyan el sistema inmunitario. Para reducir riesgos de infecciones como listeriosis o toxoplasmosis, se aconseja un lavado minucioso y, si es posible, el uso de detergente alimentario.
Incluir lácteos pasteurizados a diario. Se consideran una fuente importante de calcio y proteínas, útiles para el desarrollo óseo del bebé y para cuidar los huesos maternos. Se sugiere tomar entre dos y tres raciones al día, asegurando que sean productos pasteurizados y alternando entre vaca, cabra u oveja; también se mencionan como alternativas ricas en calcio las semillas de sésamo, legumbres como garbanzos, brócoli, pescados pequeños con espinas o bebidas vegetales enriquecidas, según Verónica Velasco.
Priorizar pescado azul bajo en mercurio. Aporta omega-3, ligado al desarrollo cerebral y visual del feto. Se plantea incluir dos o tres raciones semanales, con opciones como sardina, salmón o trucha, y evitando grandes depredadores (pez espada, atún rojo o lucio) por su posible acumulación de mercurio.
Optar por cereales integrales y legumbres. Los hidratos de carbono complejos aportan energía de liberación lenta y fibra, lo que puede ayudar frente al estreñimiento. En el caso de las legumbres, suman hierro vegetal y proteínas, y su absorción mejora al combinarlas con alimentos ricos en vitamina C, como cítricos o pimientos.
Usar sal yodada y consultar suplementos con un profesional. El yodo se describe como esencial para el desarrollo neurológico del bebé y para la función tiroidea de la madre. Si la alimentación no alcanza los 250 microgramos diarios, cifra recomendada por la OMS y la Sociedad Española de Endocrinología, el especialista puede valorar el uso de un suplemento.
Evitar alimentos de riesgo y hábitos perjudiciales. Se desaconsejan pescados, huevos o carnes crudas, embutidos curados sin cocer, semiconservas, quesos sin pasteurizar y productos mal conservados o que hayan perdido la cadena de frío. Además, se indica eliminar alcohol y tabaco, y reducir la cafeína, como medidas clave para proteger al bebé y mejorar la calidad de la leche materna.
Seguimiento médico y planes específicos de Sanitas
Junto a la alimentación, Sanitas recalca la importancia de un control médico continuado durante el embarazo, el parto y el posparto. Según Verónica Velasco, este seguimiento no debería quedarse solo en lo ginecológico, sino abarcar también salud cardiovascular, función tiroidea, bienestar emocional y estado nutricional.
"Además de la alimentación, es fundamental realizar un seguimiento médico continuo durante todo el proceso del embarazo, el parto y el posparto. Este control no debe limitarse al ámbito ginecológico, sino incluir la valoración de otros aspectos como la salud cardiovascular, la función tiroidea, el bienestar emocional y el estado nutricional. Un abordaje multidisciplinar permite detectar de forma temprana cualquier alteración y garantizar un acompañamiento completo a la madre y al bebé" advierte Verónica Velasco.
Desde esta perspectiva, un enfoque multidisciplinar ayuda a identificar posibles alteraciones cuanto antes y a ofrecer un apoyo más completo. Esto busca proteger la salud de la madre y acompañar el desarrollo del bebé durante todas las fases.
Con esta realidad en mente, Sanitas indica que dispone de planes específicos para embarazo y de programas de acompañamiento. Se incluye atención digital personalizada, seguimiento médico presencial y servicios complementarios que cubren todo el proceso.