Alerta: cine y series distorsionan la RCP con técnicas obsoletas, peligro

Las series y películas de televisión siguen enseñando RCP desfasada. El riesgo es claro: una escena mal hecha puede fijar ideas erróneas y hacer perder segundos cuando ocurre un paro cardíaco real.

Un nuevo análisis pone el foco en un problema silencioso. Lo que se ve en pantalla no solo entretiene: también puede condicionar cómo reacciona un testigo en un momento crítico.

La investigación revisa cómo se representa la reanimación cardiopulmonar realizada por transeúntes y alerta de que, en muchos casos, el mensaje que llega al público es el equivocado.

  1. RCP en pantalla: el fallo que se repite
  2. Desde 2008: dos pasos y nada más
  3. Cuando la ficción cambia el mapa del riesgo
  4. Brechas en quién recibe ayuda y una pista para mejorar

RCP en pantalla: el fallo que se repite

Investigadores de la Facultad de Salud Pública y la Facultad de Medicina de la Universidad de Pittsburgh (Estados Unidos) han publicado el primer análisis centrado en representaciones televisivas de RCP hecha por testigos. El trabajo aparece en la revista Circulation: Population Health and Outcomes.

La advertencia es directa: muchas escenas muestran técnicas antiguas. Ese tipo de imágenes puede alimentar confusión y retrasar decisiones básicas en los primeros instantes tras un paro cardíaco.

Desde 2008: dos pasos y nada más

En 2008, la Asociación Estadounidense del Corazón (AHA) aprobó la RCP solo con manos. Se trata de una opción más simple y rápida, y se describe como igual de efectiva para llevar oxígeno a órganos vitales si se compara con el enfoque sanitario que incluye respiraciones de rescate, popularmente conocido como boca a boca.

Según recalcó Beth L. Hoffman, profesora adjunta de ciencias de la salud conductual y comunitaria en Salud Pública de Pitt, en la formación a jóvenes se detecta confusión frecuente: muchos creen que lo primero es tomar el pulso, aunque ese paso ya no forma parte de la RCP de testigos. También señaló que, en encuestas previas a cursos, numerosos estudiantes dicen haber visto RCP en redes sociales y televisión, y esa coincidencia impulsó el estudio.

La RCP solo con manos se resume en dos pasos: llamar a urgencias e iniciar compresiones torácicas. Aun así, tras revisar 169 episodios de programas estadounidenses que mostraban esta técnica desde 2008, el equipo halló que menos del 30 % enseñaba los pasos de forma correcta.

El repaso detectó, además, una presencia notable de prácticas ya obsoletas: la reanimación boca a boca apareció en el 48 % de los episodios y la toma de pulso en el 43 %.

Cuando la ficción cambia el mapa del riesgo

La distancia entre televisión y vida real no se limita a la técnica. También se observan diferencias en quién recibe RCP y dónde.

En pantalla, el 44 % de los receptores tenía entre 21 y 40 años. En la realidad, la edad promedio de quienes reciben RCP es de 62 años.

También cambia el escenario: en los programas analizados, el 80 % de las RCP ocurría en público y el 20 % en casa. Sin embargo, en la vida real, el 80 % de los paros cardíacos extrahospitalarios suceden en el hogar.

Ore Fawole, recién graduado de Pitt y autor principal del análisis, advirtió de un posible efecto: si el público asocia el paro cardíaco solo a espacios públicos o a personas jóvenes, puede dejar de ver la capacitación en RCP como algo relevante. El recordatorio es contundente: la mayoría de los paros ocurren en casa y la persona que se puede salvar suele ser alguien cercano.

Brechas en quién recibe ayuda y una pista para mejorar

El estudio también detectó disparidades en quién recibe la intervención vital, y aquí la ficción y la realidad coincidieron: la mayoría de las víctimas de paro cardíaco que recibieron RCP solo con manos en pantalla eran hombres blancos.

En la actualidad, las mujeres, las personas negras y las personas latinas tienen menos probabilidades que los hombres blancos de recibir esta ayuda por parte de un testigo.

Hoffman planteó que aún no está claro si la televisión refleja esa realidad o si contribuye a moldearla, pero lo consideró una línea relevante para futuras investigaciones. También señaló que una colaboración entre especialistas en salud pública y creadores de contenido podría mejorar las representaciones y dar herramientas para actuar bien cuando cada segundo cuenta.