Gastroenteritis: experto pide evitar ayuno y la dieta astringente

Gastroenteritis

La gastroenteritis vírica vuelve a escena cada invierno y lo hace con fuerza. Es un problema recurrente, muy frecuente en menores de cinco años y en personas de edad avanzada, donde el riesgo es mayor.

La alerta clave: el contagio puede producirse antes de que aparezcan los síntomas y mantenerse hasta varios días después de la recuperación. En casa, en el trabajo o en el colegio, un descuido basta para que el virus salte de una persona a otra.

En este contexto, conviene actuar rápido y con criterio: no ayunar, no caer en la dieta astringente por rutina y evitar refrescos o bebidas isotónicas. La prioridad es otra: frenar la deshidratación y cortar la cadena de transmisión.

  1. Qué es la gastroenteritis vírica y por qué preocupa
  2. Cómo se contagia y por qué el riesgo empieza antes
  3. Tratamiento en casa: hidratación sin errores y comida con sentido
  4. Medicación: cuándo ayuda y cuándo empeora
  5. 10 claves prácticas para combatir la gastroenteritis

Qué es la gastroenteritis vírica y por qué preocupa

La gastroenteritis vírica, como ocurre con el resfriado o la gripe, aparece con frecuencia en los meses fríos. Julio Maset, médico de Cinfa, explica que se trata de una inflamación del estómago causada por determinados virus, que altera la capacidad del intestino para regular la absorción y la secreción de sales y agua.

El resultado se nota rápido: diarrea, vómitos, fiebre generalmente baja y dolor abdominal. El mayor peligro no siempre es el malestar en sí, sino lo que puede venir después.

La preocupación principal es la deshidratación si durante varios días no se toleran alimentos y/o líquidos. Puede ser grave en niños y en personas mayores. Señales de alarma: boca seca, llanto sin lágrimas, ojos hundidos y menos orina.

Cómo se contagia y por qué el riesgo empieza antes

Una persona infectada, con virus presente en deposiciones y vómitos, puede contagiar a otra incluso antes de notar síntomas y seguir contagiando durante unos días tras la recuperación. Ese margen complica el control del brote.

En el caso del norovirus, uno de los microorganismos más habituales detrás de la gastroenteritis, la transmisión puede producirse al:

  • ingerir alimentos o líquidos contaminados
  • compartir alimentos o cubiertos con una persona enferma
  • tocar superficies u objetos contaminados y luego llevarse las manos a la boca

Por eso, conviene extremar la higiene. El doctor Maset insiste en el lavado frecuente de manos con agua y jabón y, tras un episodio de diarrea y vómitos, en desinfectar las superficies que hayan podido contaminarse.

Tratamiento en casa: hidratación sin errores y comida con sentido

Los síntomas suelen durar entre uno y tres días y, por lo general, la afección desaparece por sí sola con hidratación adecuada. Durante el periodo más intenso, el cuerpo puede estar casi incapaz de tolerar alimentos, así que el objetivo del manejo se centra en una idea: evitar la deshidratación.

La clave es reponer sales y minerales perdidos por diarrea y vómitos con líquidos diseñados para ello. Pueden utilizarse sueros de rehidratación oral con glucosa y sodio de venta en farmacias. En cambio, se desaconsejan refrescos y bebidas isotónicas para deportistas, porque su composición está pensada para pérdidas por sudoración, que no es lo mismo.

Para mejorar la tolerancia y reducir el riesgo de vomitar, los líquidos deben tomarse despacio, cada quince a treinta minutos y en sorbos pequeños.

En niños pequeños, conviene no forzar la ingesta: ofrecer líquido cuando haya sed y en pequeñas cantidades, por ejemplo con una cucharilla. En lactantes, no se debe interrumpir la lactancia y se recomienda consultar con el pediatra.

En cuanto a la comida, no hace falta el ayuno y tampoco es imprescindible una dieta astringente. Lo más adecuado es volver a alimentos suaves de la dieta habitual y evitar los que tengan exceso de azúcares o grasas, igual que ocurre con las bebidas.

Medicación: cuándo ayuda y cuándo empeora

En algunos casos, el médico puede indicar analgésicos para aliviar dolor y/o fiebre, y antieméticos para mejorar náuseas y vómitos.

Conviene tenerlo claro: los antidiarreicos no ayudan. Y los antibióticos no sirven en infecciones víricas; además, pueden agravar la diarrea. No existe una medicación específica para esta afección más allá de la rehidratación oral; en casos de fiebre pueden emplearse antitérmicos.

10 claves prácticas para combatir la gastroenteritis

1.- Hidratación constante, pero en pequeñas tomas. Durante los momentos más agudos, conviene reponer líquidos y sales con agua o soluciones de rehidratación oral, bebiendo poco cada vez y repitiendo cada quince a treinta minutos. Beber mucho de golpe puede desencadenar más vómitos.

2.- Volver a la alimentación habitual en cuanto sea posible. Comer cuando aparezca el apetito. Elegir alimentos suaves de la dieta habitual que resulten apetecibles e ir aumentando la cantidad conforme llegue la mejoría. Se desaconsejan los alimentos con demasiada grasa o azúcares.

3.- Lavado de manos frecuente. Realizarlo con agua tibia y jabón, o con gel hidroalcohólico si no hay alternativa, durante al menos quince segundos.

4.- Manipulación y conservación cuidadosa de los alimentos. Un manejo incorrecto puede contaminar los alimentos con norovirus. Conviene lavar y enjuagar bien verduras de hoja verde como lechuga o espinaca, frutas frescas y moluscos vivos.

5.- Limpieza máxima en la cocina. Mantener una higiene estricta de cubiertos, utensilios y superficies, sobre todo tras episodios de vómitos o diarrea.

6.- Evitar antibióticos. Si la gastroenteritis es vírica, los antibióticos son inútiles. La base es la rehidratación oral. Si hay fiebre, pueden utilizarse antitérmicos.

7.- Antidiarreicos: mejor no. No deben administrarse, y menos a menores sin consultar antes, porque pueden hacer que la infección dure más. En personas que toman diuréticos y desarrollan diarrea, el médico puede recomendar suspenderlos durante un episodio agudo.

8.- Valorar probióticos. El médico o el farmacéutico pueden recomendar probióticos para ayudar a repoblar la flora intestinal.

9.- Vigilar la deshidratación. Es la complicación principal. Conviene reconocer signos como piel seca y arrugada, irritabilidad o confusión, mareos o aturdimiento, y latidos cardíacos y respiración rápidos, y acudir al médico si aparecen. El riesgo es mayor en bebés y niños pequeños.

10.- Consultar si no remite. Lo habitual es que los síntomas desaparezcan en uno a tres días, aunque pueden durar hasta quince. Si pasado ese tiempo siguen las molestias, conviene acudir al médico de cabecera. También se recomienda consultar antes de dejar cualquier medicación prescrita previamente al contagio.