Esta nueva molécula podría ser la clave contra la obesidad y osteoporosis

Científicos en Australia han identificado una molécula que podría ser la clave para desarrollar medicamentos basados ​​en péptidos que se dirijan a la obesidad, la osteoporosis y las enfermedades inflamatorias.

Los investigadores del Instituto Cardíaco Victor Chang están arrojando luz sobre cómo la pequeña molécula regula los sensores que son fundamentales para muchos procesos en el cuerpo, incluida la forma en que las células nerviosas de la piel pueden sentir cuando nos tocan.

Creen que ahora será posible diseñar nuevas terapias que podrían reducir o disminuir la actividad de los sensores, también conocidos como canales iónicos PIEZO.

Los primeros objetivos serían la obesidad y las enfermedades óseas como la osteoporosis.

"Estas son realmente moléculas clave que constantemente brindan información al cerebro, como dónde están nuestros cuerpos en el espacio, sentir el tacto e incluso el dolor", dijo el autor principal, el Dr. Charles Cox.

“Esta molécula interactuante que hemos identificado representa un interruptor que nos permite regular estos canales, ampliamente expresados ​​en todo el cuerpo, por lo que podría ser útil para toda una gama de enfermedades en el futuro”.

El Dr. Cox y sus colaboradores utilizaron microscopía crioelectrónica de última generación para averiguar cómo se une esta proteína a los canales iónicos PIEZO.

Ahora que se ha identificado, se cree que la proteína ahora se puede modificar y desarrollar en terapias basadas en péptidos.

“Creemos que podremos impulsar la actividad en los canales que están involucrados en la fortaleza de nuestros huesos, lo que no solo podría ayudar a prevenir la osteoporosis, sino que también podría ayudar a quienes ya la padecen”, dijo el Dr. Cox.

“Este mecanismo novedoso también podría ayudar a combatir la obesidad, un factor de riesgo importante para todas las enfermedades cardiovasculares. A medida que comemos, nuestros estómagos se estiran y se activan moléculas que le indican al cerebro cuando el estómago está lleno. Al aumentar la actividad de estas moléculas, podemos hacer que el cerebro piense que estaba lleno mucho antes, imitando la saciedad”.

Cox y su equipo creen que la molécula también podría adaptarse para atacar enfermedades inflamatorias y cardiovasculares en el futuro.