Realizar ejercicios intensos puede reducir la mortalidad un 17%, según un nuevo estudio

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CBN /AGENCIA FAPESP/DICYT .La práctica regular de actividades físicas se encuentra más que afianzada como una forma eficaz de asegurar la calidad de vida y disminuir la mortalidad. Pero un estudio publicado en la revista JAMA Internal Medicine demostró que no solamente la regularidad, sino también la intensidad de los ejercicios redunda en una mayor longevidad.

Esta es la conclusión que surge de un trabajo de investigación realizado con base en datos de 403.681 personas, en el cual se comparó la disminución de la mortalidad asociada a diferentes combinaciones de ejercicios de intensidades moderadas y vigorosas en el tiempo recomendado por la Organización Mundial de Salud (OMS), de 150 a 300 minutos por semana.

“Cualquier tipo de actividad física regular es mejor que nada. Sim embargo, lo que observamos en nuestro estudio fue que la inclusión de ejercicios vigorosos –como la práctica de fútbol y la de correr, por ejemplo– en la ejercitación semanal está asociado a la disminución de la mortalidad. En la comparación con adultos que realizaron únicamente actividades moderadas, quienes hacen la mitad o el 75 % de ejercicios vigorosos del total de la semana registraron un 17 % de disminución de la mortalidad en general, la que incluye entre diferentes causas a la mortalidad por enfermedades cardiovasculares y por cáncer”, dice Leandro Rezende, docente del Departamento de Medicina Preventiva de la Escuela Paulista de Medicina de la Universidad Federal de São Paulo (EPM-Unifesp), en Brasil, quien coordinó el estudio.

Rezende, quien fue becario de la FAPESP durante su investigación doctoral y postdoctoral, ha venido realizando análisis con base en datos poblacionales para detectar asociaciones entre la actividad física, la nutrición y la disminución de enfermedades crónicas, especialmente el cáncer, como así también estudios de modelado del impacto de intervenciones y políticas públicas orientadas hacia la alimentación sana y la promoción de la actividad física para la disminución de enfermedades y de gastos con salud.

En el referido artículo publicado en JAMA, el científico contó con la colaboración de investigadores de la Universidad de Wuhan (China), la Universidad de Santiago de Chile (Chile) y la Universidad Europea Miguel de Cervantes (España). Rezende utilizó datos poblacionales del The National Health Interview Survey, realizado en Estados Unidos, que realiza un seguimiento de 403.681 personas anualmente mediante la aplicación de cuestionarios y análisis sobre la práctica de actividades físicas y referentes a la salud.

“Con este análisis logramos dar respuesta a una antigua pregunta: ¿qué es mejor, realizar actividad moderada o vigorosa? Demostramos que ambas son importantes, pero que, al imprimirle una mayor intensidad a la actividad física regular, se disminuye aún más la mortalidad. El resultado de este estudio refuerza la recomendación de la OMS de realizar al menos entre 150 y 300 minutos de actividad física de intensidad moderada por semana, o entre 75 y 150 minutos de actividad física de intensidad vigorosa, o una combinación equivalente de las intensidades de ambos tipos de actividades”, dice.

La intensidad de una actividad física se mide según la unidad de equivalente metabólico, o la cantidad de gasto energético que se produce por kilo de peso y por minuto. Las actividades moderadas, como una caminata liviana de desplazamiento, un paseo en bicicleta o actividades domésticas que involucran un cierto gasto energético varían de 3 a 6 unidades de equivalente metabólico. En tanto, la natación, el baile, el ciclismo a una velocidad más alta, correr y practicar deportes tales como el fútbol, el handbol y el boxeo son actividades vigorosas, que corresponden a más de 7 unidades de equivalente metabólico.

“Primeramente comparamos a los adultos que no practicaban actividades físicas con aquellos que practicaban alguna actividad física durante la semana, independiendo de la intensidad. De este modo, vimos que los adultos que practicaban alguna actividad física, más allá de su edad y de otros factores, registraban una menor mortalidad [en comparación con quienes nunca dejaron de ser sedentarios]. No importa si la actividad es moderada o vigorosa. Pero la magnitud de esa disminución de la mortalidad es mayor con la actividad vigorosa que con actividades moderadas. Estos resultados corroboran las últimas recomendaciones de la OMS con respecto a las actividades físicas”, afirma.

En el análisis de los que realizaron al menos alguna actividad física durante la semana, los investigadores calcularon el porcentaje de ejercicios vigorosos y moderados en la práctica semanal. “Una persona que realiza 75 minutos de actividad física vigorosa cumple el equivalente a 150 minutos de actividad moderada en el porcentaje de la participación de la actividad vigorosa sobre el total de actividad física semanal”, explica Rezende.

Para “calibrar” los datos de una gran cantidad de personas con distintos historiales, los investigadores tuvieron que incluir otros factores que podrían interferir en el resultado final, evitando así “sesgos”. “Fue necesario ajustar el análisis con lo que denominamos como variables de confusión, que podrían interferir en el resultado de un estudio relacionado con la longevidad, que monitorea a esas personas durante años. Por eso debemos ajustar factores tales como el tabaquismo, las enfermedades existentes al comienzo del estudio, el consumo de alcohol y otras variables que podrían explicar esas asociaciones”, dice.