Un bebé recibe terapia génica CRISPR personalizada y evoluciona bien

Un recién nacido de Pensilvania ha puesto el foco mundial sobre una promesa que hasta hace poco sonaba a ciencia ficción: una terapia genética con CRISPR creada para una sola persona, con el objetivo de corregir un fallo en su ADN.

El caso es el de KJ, un bebé con un trastorno metabólico extremadamente raro que le impedía transformar el amoníaco en urea. La amenaza era inmediata: daño cerebral, daño hepático e incluso un desenlace fatal si el amoníaco se acumulaba.

En el Hospital Infantil de Filadelfia (CHOP) se activó un plan de máxima urgencia. Un equipo de especialistas diseñó una intervención personalizada para atacar la variante concreta del gen defectuoso, y los primeros resultados ya apuntan a un cambio histórico para enfermedades genéticas ultrarraras.

  1. Un bebé en Pensilvania y una carrera contra el amoníaco
  2. CHOP apuesta por una edición a medida con CRISPR
  3. Seis meses, nanopartículas lipídicas y tres infusiones

Un bebé en Pensilvania y una carrera contra el amoníaco

KJ nació con un problema crítico: su cuerpo no podía convertir el amoníaco en urea, el mecanismo habitual para eliminarlo por la orina. Sin ese “filtro” biológico, el amoníaco puede volverse tóxico con rapidez.

La situación obligó a mantener al bebé con medicación y una dieta extremadamente restrictiva para evitar el metabolismo de proteínas. Era una medida de contención, no una solución definitiva, porque el riesgo de daño cerebral o hepático seguía presente.

El diagnóstico encajaba con la deficiencia grave de carbamoil fosfato sintetasa 1 (CPS1). Esta enzima se produce en el hígado y es clave para transformar el amoníaco, generado al procesar proteínas, en urea. En el caso de KJ, el fallo en CPS1 bloqueaba ese paso esencial.

CHOP apuesta por una edición a medida con CRISPR

Los médicos del Hospital Infantil de Filadelfia (CHOP) consideraron que CRISPR podía ir más allá de un tratamiento estándar: la idea era corregir directamente el gen defectuoso en el genoma de KJ. El objetivo era ambicioso: una corrección que, en la práctica, actuara como cura del defecto de base.

Los padres, Nicole y Kyle Muldoon, aceptaron dar el paso y confiaron el proceso a dos referentes de la terapia genética: la Dra. Rebecca Ahrens-Nicklas y el Dr. Kiran Musunru. El equipo elaboró un tratamiento a medida que logró corregir el defecto genético.

“Años y años de avances en edición genética y de colaboración entre investigadores y clínicos han hecho posible este momento, y aunque KJ es solo un paciente, se espera que sea el primero de muchos en beneficiarse de una metodología que pueda escalarse para ajustarse a las necesidades de un paciente individual”, dijo Rebecca Ahrens-Nicklas, MD, PhD, directora del programa Gene Therapy for Inherited Metabolic Disorders Frontier Program (GTIMD) en el Hospital Infantil de Filadelfia.

Ahrens-Nicklas y Musunuru forman parte del Somatic Cell Genome Editing Consortium financiado por los NIH, y llevaban años trabajando en cómo convertir CRISPR en una herramienta capaz de generar dosis individualizadas para enfermedades extraordinariamente raras. El contexto no es menor: hasta ahora, las terapias CRISPR aprobadas por la FDA y estandarizadas se enfocaban en dos enfermedades que afectan a decenas de miles de pacientes.

El gran freno, según el propio enfoque del caso, es que CRISPR es compleja y cara de aplicar. Esa barrera deja fuera a millones de personas con trastornos genéticos ultrarraros, donde cada variante puede requerir una solución distinta.

Seis meses, nanopartículas lipídicas y tres infusiones

Según un comunicado de prensa de CHOP, el equipo se centró en la variante específica de CPS1 de KJ, apoyándose en años de trabajo con variantes similares causantes de enfermedad. En solo seis meses se diseñó y fabricó una terapia de edición de bases, administrada al hígado mediante nanopartículas lipídicas, para corregir la enzima defectuosa.

La cronología es precisa: a finales de febrero de 2025 KJ recibió la primera infusión de la terapia experimental. Después llegaron dosis de seguimiento en marzo y abril de 2025. El desarrollo y el despliegue clínico se describen en un artículo publicado recientemente en The New England Journal of Medicine, con participación de colaboradores académicos y de la industria.

Hasta el momento, KJ ha recibido tres dosis sin registrar efectos secundarios. El avance también se notó en el día a día: pudo dejar la medicación e introducir algo de proteína de nuevo en su dieta, aunque el seguimiento deberá mantenerse durante toda su vida.

“Se pensó que era responsabilidad ayudar a su hijo, así que cuando los médicos se acercaron con su idea, se depositó la confianza en ellos con la esperanza de que pudiera ayudar no solo a KJ, sino a otras familias en su situación”, dijo su madre, Nicole, a CHOP.