Vall d'Hebron: "1º trasplante de cara del mundo" con donante de eutanasia
Un trasplante facial es una de las cirugías más exigentes que puede afrontar un hospital. Implica precisión milimétrica, coordinación total y un acompañamiento clínico y emocional constante.
En Barcelona, el Hospital Vall d’Hebron ha dado un paso inédito al realizar un trasplante parcial de cara vinculado a una donación procedente de una persona que había recibido la Prestación de ayuda para morir (Pram), conocida como eutanasia. El caso se presentó como un hito por la forma en que permitió preparar el procedimiento con antelación.
Este tipo de avances recuerda la importancia de hablar sobre donación y trasplantes con claridad y responsabilidad. Detrás de cada intervención hay decisiones difíciles, equipos enormes y una meta común: recuperar funciones básicas y calidad de vida.
- Un hito en Vall d’Hebron
- Planificación 3D y control intraoperatorio
- La historia de Carme
- La donación y la decisión final
- Antes y después del trasplante
- Así se organiza un trasplante facial
Un hito en Vall d’Hebron
La directora asistencial del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, Maria José Abadías, explicó en una rueda de prensa que el centro ha llevado a cabo “el primer trasplante de cara del mundo” realizado con una donación de una persona que había recibido la Pram.
En el mismo encuentro intervino la receptora del trasplante parcial de cara, Carme. Abadías detalló que este ha sido el sexto trasplante facial realizado en España, con tres de ellos en Vall d’Hebron, y el número 54 contabilizado en el mundo.
El coordinador de programas de Donación y Trasplantes del hospital, Alberto Sandiumenge, recalcó que se trata de un procedimiento “muy difícil y muy complejo”. En este caso, añadió, fue necesaria la participación de más de 100 personas y muchos meses de reuniones.
Planificación 3D y control intraoperatorio
El jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Quemados, Joan-Pere Barret, señaló que el trasplante se realizó con un enfoque pionero: fue el primer trasplante de cara con planificación 3D mediante guías de corte tanto de la receptora como de la donante de forma simultánea.
Según explicó, esto fue posible porque la donante iba a recibir la eutanasia. Esa circunstancia permitió planificar con antelación y con detalle cada paso del trasplante, además de crear modelos tridimensionales para preparar la intervención.
Barret indicó también varios hitos técnicos asociados al procedimiento: el primer trasplante de cara del mundo con control continuo neurofisiológico junto al Servicio de Neurofisiología Clínica; el primero con control de perfusión intraoperatorio con fluorescencia NIR (Near-Infrared) mediante el sistema SPY-PHI; y el primero con control posoperatorio de oximetría somática regional con infrarrojos.
La historia de Carme
Carme estaba de vacaciones en Canarias en julio de 2024 cuando la picadura de un insecto derivó en una infección. Después, desarrolló una sepsis que la obligó a “luchar por su vida” durante dos meses.
Ese proceso desembocó en necrosis en varios tejidos del cuerpo, incluyendo la cara, la boca, la lengua y distintos músculos faciales. Las consecuencias afectaron funciones básicas y el día a día.
En diciembre de 2024, acudió al Hospital Vall d’Hebron. Barret le planteó varias alternativas, entre ellas el trasplante de cara. Carme eligió esa opción y se activaron los trámites necesarios para llegar a la intervención.
La donación y la decisión final
Durante el proceso, otra paciente del hospital solicitó la eutanasia por problemas genéticos, con la intención de “no dejar que fuese la enfermedad quien decidiera por ella”. En ese contexto, expresó su voluntad de donar órganos y planteó también la posibilidad de donar la cara, si se consideraba oportuno.
Barret explicó que él y su equipo conocieron a la donante y describió la carga emocional del momento. Según sus palabras, lo único que quería saber la paciente era si podía donar la cara, y la respuesta fue afirmativa.
El médico destacó la generosidad y el altruismo de la donante. También puso en valor el trabajo del equipo de coordinación de Trasplantes, al que definió como una labor diaria “silenciosa y anónima”, orientada a acompañar a quienes recibirán la eutanasia y a sus familias, y a dar una oportunidad a las personas en lista de espera.
Antes y después del trasplante
Carme relató que, antes del trasplante, pasó por tres UCIs. Al salir, la necrosis se había “comido media cara”. No podía comer, respiraba mal y no podía llevar una vida normal, ni siquiera salir a tomar un café.
Tras cuatro meses y medio del trasplante, y después de un mes entre UCI y Planta de la Unidad de Quemados, describió avances claros: ya tenía sensibilidad en toda la zona trasplantada, notaba el contacto y podía comer y beber. En sus palabras: “Es perfecto”.
La receptora realiza ejercicios de rehabilitación de forma periódica. También expresó su agradecimiento a la donante, a quien no conoció por ley, y al equipo de Vall d’Hebron y a Barret, a quien definió como “mi ángel de la guarda”.
Así se organiza un trasplante facial
El trasplante facial es un procedimiento que solo se realiza en unos 20 centros en todo el mundo. Requiere profesionales de Cirugía Plástica y Microcirugía reparadora, Trasplante, Inmunología, Laboratorios, Psiquiatría y Psicología Clínica, Rehabilitación, Unidad de Cuidados Intensivos y Anatomía Patológica, entre otros ámbitos.
Para que la donación sea viable, donante y receptor deben compartir sexo y grupo sanguíneo, y tener medidas antropomórficas de la cabeza similares. Además, el trasplante solo se realiza tras una valoración del receptor que incluye una entrevista con una persona referente “de su máxima confianza”.
En este caso, antes de la intervención se realizaron TAC a la donante y a la receptora. Esto fue posible al tratarse de una persona que iba a recibir la eutanasia y que ya había confirmado la donación. Con esa información se elaboraron modelos tridimensionales digitales y una máscara de silicona para aplicar en la zona facial de la donante y reconstruir el área intervenida.
La operación puede durar entre 15 y 24 horas. Incluye el trasplante de piel, tejido adiposo, nervios periféricos, musculatura facial y huesos de la cara, entre otros elementos, y contempla apoyo emocional y psicológico en el postrasplante.