Jóvenes argentinos en Nochevieja en España: 'Hay que practicar lo de las uvas'
Los dos argentinos relataron cómo fueron sus primeras Navidades en España
La Navidad suele venir con mesa llena, risas y el “¿quién pone los villancicos?”. Pero no siempre toca ese pack completo. Cuando el trabajo aprieta o la vida lleva a otro país, las fechas se viven con un ojo en el reloj y otro en el móvil.
En ese grupo entra Julián Pérez, un joven argentino que vive en España. Su historia conecta con algo muy común: aprender tradiciones nuevas sobre la marcha, con el riesgo de meter la pata justo cuando todo el mundo está mirando.
En el programa Esto también pasará, el protagonista compartió su experiencia para evitar que otros caigan en el típico fallo de “primerizo”. Y es que, a diferencia de lo que pasa en España, en Argentina no se sigue la tradición de comerse las uvas.
- Una Nochevieja con manual de supervivencia
- Las uvas, el detalle que lo cambia todo
- El ritmo de las campanadas y el miedo a atragantarse
Una Nochevieja con manual de supervivencia
Julián Pérez explicó que ya le había tocado pasar la Nochevieja lejos de casa. Por eso, su intervención tuvo un objetivo claro: que otras personas no se encuentren con sorpresas de última hora cuando llegue el momento de las campanadas.
La clave está en conocer el “cómo” y el “con qué”. En España, la escena se repite cada año: pantalla encendida, reloj a punto y uvas listas. Pero para alguien recién llegado, el guion no siempre viene con subtítulos.
Las uvas, el detalle que lo cambia todo
El joven lo resumió con una frase muy concreta, contada tal cual en el programa: "Tú pones TVE o lo que sea, pero tienes que ir comiéndote las uvas, el problema es que yo compré las uvas con semilla".
Según relató, la elección fue sencilla: uvas normales y más baratas, en lugar de las “bolsitas” preparadas que algunos comercios venden para esa noche. El resultado, eso sí, no fue el más cómodo para seguir el ritmo de la tradición.
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La anécdota tuvo además su parte social. Él mismo lo contó en tono de broma: "Acababa de llegar y todos me miraban con cara de 'no, así no funciona esto, te vamos a echar de España". En ese momento, el detalle de la semilla pasó de ser un asunto menor a convertirse en el centro de todas las miradas.
En su entorno también apareció un caso parecido. Una compañera, también argentina, directamente no era fan de las uvas y se despistó con la compra. Al final, acabó tirando de las que alguien consiguió a última hora, con el mismo “problema” añadido: "Me encuentro con las uvas que alguien fue a comprar a último momento y tenían semilla, tras la primera dije que hasta aquí he llegado".
El ritmo de las campanadas y el miedo a atragantarse
La cosa no quedó solo en el sabor o en las pepitas. También apareció el gran enemigo de cada 31 de diciembre: la velocidad. Entre campanada y campanada no hay mucho margen, y menos si cada bocado obliga a maniobrar como si fuese una prueba de habilidad.
Julián Pérez lo remató con otra broma, describiendo el reto en primera línea: "Encima voy a morir rompiéndome las muelas tratando de morder las uvas y encima quizás atragantada, no, no, toda una dificultad, hay que practicar ante lo de las uvas". Para quienes llegan de fuera, el mensaje queda claro: mejor ir preparado, porque la tradición no espera a nadie.