Alba Carrillo cuenta lo que "gente de Vox" le ha dicho para acostarse con ella
Alba Carrillo vuelve a situarse en el centro de la conversación. Esta vez, por una confesión directa y muy comentada sobre lo que algunas personas le han llegado a decir cuando entran en juego la política y el deseo.
La modelo y presentadora, conocida por hablar sin filtros, ha relatado una escena sorprendente: cómo ciertas posturas ideológicas se suavizan de golpe cuando aparece la posibilidad de ligar con ella. Y lo ha contado con detalles que han disparado el interés.
El contexto no es nuevo. Carrillo lleva tiempo dejando claras sus ideas, como ya se vio cuando le preguntaron por sus manifestaciones políticas. A partir de ahí, la historia toma velocidad.
Alba Carrillo y su perfil político sin rodeos
Carrillo no ha escondido su posicionamiento, y menos en sus últimos tiempos. De hecho, ha llegado a resumirlo con una frase que se ha hecho viral: "Sí. Soy muy roja".
En esa misma línea, ha explicado su forma de votar y sus límites: "Voto a lo menos malo. Lo que sí creo es que ni un paso atrás en el tema de los derechos, la ultraderecha me asusta muchísimo, no me gustan los toros, soy animalista, quiero que se respete a los animales, cada vez que puedo lo digo", según ha ido contando en distintas apariciones.
También ha defendido ese posicionamiento desde la experiencia y desde una idea central: los derechos humanos. En una entrevista mencionada en El Mundo, lo expuso así: "Voy levantando la voz por mi propia experiencia, por cómo veo crecer algunos movimientos peligrosos y porque los derechos humanos no se negocian. No necesito ser un animal para defender los animales, no necesito ser homosexual para defender a los gays, no necesito ser inmigrante para defender a los inmigrantes".
La escena de la pulsera que lo cambia todo
En una entrevista con lucloren, Carrillo ha puesto el foco en un tipo de comentario que, según asegura, ha escuchado en más de una ocasión. Lo resumió con esta frase literal: "Gente de Vox me ha dicho que era comunista con tal de echar un polvo. Que se han acabado quitando la pulsera. Sí, sí, sí. Te lo juro por mi vida".
Según su relato, esa transformación se nota en el tono y en el discurso, incluso cuando la otra persona lleva símbolos visibles. Ella lo contó así, después de dejar caer el detalle de "Hasta con pulserita": "Te juro que me ha pasado, y más de una vez. Con la pulserita y no sé qué y empiezan a contarte: 'No, porque tal, porque Pedro, no sé qué, no sé cuántos'. Y cuando tú les empiezas a enseñar un poquito lo que vas opinando pues van virando. Lo ves en la conversación".
El comentario sobre Vox que está dando que hablar
La anécdota ha llamado la atención porque mezcla política, citas y un cambio de actitud que, en su versión, sucede rápido. Carrillo insiste en que no fue algo puntual, sino repetido, y lo presentó como una muestra clara de cómo algunos adaptan el discurso cuando creen que así pueden gustar más.
Además, dejó claro cuál es su límite a la hora de relacionarse con alguien que piensa diferente. Lo explicó sin ambigüedad y con un matiz clave: "¿Que me puede gustar un tío de derechas? Si no tocamos derechos humanos, claro. Yo tengo personas de derechas, amigos y tal, que incluso son gays, pero que no son homófobos, y entonces yo sí puedo. Me refiero a facha que entras en los derechos humanos, que coges el tractor y te los comes, te los llevas por delante, yo no puedo porque a mí eso me imposibilita que te admire y si no te admiro de alguna forma, aunque no sea una relación, y sea simplemente sexual, ya no puedo. Eso con 20 podría tragar porque, total... pero ahora ya no".