Detienen a un vidente tras robar el móvil a una clienta para validar premonición
La obsesión por saber qué traerá el mañana mueve a mucha gente a buscar respuestas rápidas. En la calle, en redes y hasta en la puerta de un templo, siempre aparece alguien dispuesto a prometer certezas.
Eso fue justo lo que ocurrió en Pattaya, en Tailandia: una predicción de mala suerte terminó convirtiéndose en una escena de gritos, registros y un arresto. Y todo por un iPhone.
El giro es tan directo como inquietante: el vidente acertó… porque él mismo provocó el “destino”.
El vidente que prometía ver el año nuevo
Según relató el medio South China Morning Post, Udomsap Mueangkaew se colocó a las puertas de un templo para ofrecer lecturas del futuro del nuevo año. Allí, aseguraba que podía anticipar lo que estaba por venir, pese a que iba "mal vestido".
En ese punto apareció Pim, de 19 años. Se acercó para escuchar su tirada de cartas. El hombre, de 38 años, fue tajante: le dijo que le esperaba la mala suerte y que "perdería un objeto valioso" en un futuro cercano.
La escena dio un paso más cuando el adivino intentó vender una supuesta solución. Le propuso pagar una tarifa de protección para esquivar el infortunio. Ella se negó y entró al templo para rezar, como si no hubiera pasado nada.
La mala suerte se cumple, pero no por casualidad
El golpe llegó rápido: al terminar, Pim notó que su iPhone había desaparecido. La predicción parecía cumplirse al pie de la letra, pero no por una fuerza misteriosa, sino por un motivo mucho más terrenal. El teléfono lo había robado el propio Udomsap.
La joven volvió a encararle para recuperarlo. Él lo negó todo. Incluso sostuvo que ella le estaba "difamando" solo porque su pronóstico se había hecho realidad. Pim no se quedó callada y empezó a gritar, avisando a los demás de que el vidente era un ladrón y un mentiroso.
La presión funcionó. Varias personas se acercaron y revisaron sus pertenencias. El iPhone apareció escondido bajo una caja de mascarillas, un detalle que dejó sin margen de duda lo ocurrido.
Con la evidencia delante, el hombre suplicó que no se presentaran cargos. Alegó que necesitaba el dinero y que era la primera vez que lo hacía. Pim no cedió y lo acusó, con la intención de evitar que otras personas cayeran en el mismo engaño.