Francés con cáncer, nombrado Marinero del Año tras ganar una vuelta al mundo
Tras lo que había pasado en tierra, plantarse ante olas del tamaño de un edificio de tres plantas ya no imponía igual. El mar seguía siendo brutal, pero el miedo había cambiado de forma.
El protagonista es el navegante francés Charlie Dalin. En 2023 empezaron los dolores fuertes en el abdomen. El diagnóstico fue un golpe seco: un tumor de quince centímetros en el intestino delgado. Y era canceroso.
En ese contexto, el plan parecía una locura: competir en la Vendée Globe, una vuelta al mundo de 24.000 millas por aguas límite frente al sur de África, Australia y la Antártida. Zonas frías, remotas y con fama de no perdonar errores.
- Un diagnóstico que lo cambió todo
- La Vendée Globe, el desafío más temido
- La decisión crítica frente a Australia
- Récord, cirugía y reconocimientos en 2025
Un diagnóstico que lo cambió todo
La Vendée Globe estaba en el horizonte, pero el cuerpo marcó una pausa forzada. Los médicos detectaron el tumor en 2023 y confirmaron su naturaleza cancerosa. La pregunta era inevitable: ¿había que abandonar el sueño?
Un médico de gran prestigio le trasladó una opción concreta: la participación podía seguir en pie si se cumplía un plan estricto de pastillas diarias de inmunoterapia. Dalin asumió la situación con mentalidad de regata y lo explicó así en una entrevista con The Washington Post: “Decidí afrontarlo como lo haría cuando tengo un problema a bordo”, dijo Dalin. “No hablo de ello cuando surge el problema. Hablo de ello cuando está reparado”.
Con ese enfoque, empezó a entrenar y a medirse en pruebas previas. También cruzó el Atlántico en un par de regatas entre Nueva York y Francia, gestionando el cansancio y el dolor mientras mantenía la preparación.
El objetivo seguía intacto: estar en la salida de la Vendée Globe en noviembre de 2024. Todo quedaba reducido a una idea: llegar hasta el final. (El vídeo de la victoria aparece al final…)
La Vendée Globe, el desafío más temido
La carrera se celebra cada cuatro años y carga con un apodo que pesa: “el Everest de los mares”. No es solo marketing. La dureza es tal que solo una pequeña parte de los participantes consigue terminarla. En una edición, un participante desapareció por completo.
Las reglas añaden presión desde el minuto uno: los navegantes compiten “en solitario, sin parar y sin asistencia” durante toda la vuelta al mundo. Suelen reunirse alrededor de 40 competidores dispuestos a enfrentarse a temperaturas heladas y olas gigantes por un único motivo: cruzar la meta.
Dalin salió de Francia y puso rumbo al sur. Rodeó el temido cabo de Buena Esperanza, en el extremo sur de África, sin perder de vista el ritmo de carrera. En paralelo, el calendario de medicación se mantuvo firme, día tras día.
El recorrido llevaba hacia las aguas límite, donde el error se paga caro. Y, aun así, la apuesta seguía en pie: aguantar, ajustar y avanzar.
La decisión crítica frente a Australia
El giro clave llegó cerca de la costa sur de Australia. Se formó una tormenta enorme y, con ella, una elección de las que definen una Vendée Globe: tomar una ruta más segura hacia el norte, pero más lenta, o buscar el sur, más rápida y potencialmente peligrosa.
Con el peligro y el cáncer presentes durante el último año, el movimiento fue coherente con su forma de competir. Dalin optó por la vía del sur, asumiendo el riesgo para ganar tiempo.
Los días siguientes fueron un castigo constante. El barco soportó mar de fondo feroz y vientos de fuerza de vendaval. Aun así, la marcha no se rompió.
Cuando el mar aflojó, el resultado fue inmediato: Dalin se colocó en cabeza y además lo hizo con ritmo de récord. La carrera entraba en otra fase: la de aguantar el pulso hasta el final.
Récord, cirugía y reconocimientos en 2025
La Vendée Globe no se decide en una sola maniobra. Cerca de la Antártida, Dalin perdió el liderato. Más adelante, cerca de Brasil, lo recuperó. Y, tras más de dos meses en el mar, llegó el desenlace: en enero de 2025 cruzó la meta como campeón con un tiempo de 64 días y 19 horas, un nuevo récord de la prueba.
Durante la carrera, el tumor siguió creciendo. Poco después, se sometió a una operación para extirparlo, cerrando una etapa que había convivido con el océano y la enfermedad al mismo tiempo.
El año también trajo reconocimientos. En noviembre fue nombrado Rolex World Sailor of the Year de 2025. En diciembre ganó el Premio Magnus Olsson 2025, destinado a navegantes que encarnan la excelencia, la deportividad y la innovación.
El futuro no aparece como una línea recta, pero el trabajo continúa para devolver el timón de la vida y la salud a la normalidad. Tras la victoria, Dalin lo resumió así, según dijo Dalin tras ganar la Vendée Globe: “Soy el hombre más feliz del mundo hoy, eso seguro”, “Son emociones increíbles que nunca había sentido antes. Cruzar la línea con la luz del amanecer brillando sobre un agua perfectamente lisa, el barco deslizándose. Fue sencillamente fabuloso. Una explosión de emociones en mi cabeza (y) una alegría inmensa. Es, con diferencia, la llegada más bonita de toda mi carrera”.