Elon Musk fusiona su imperio para llevar la IA a la órbita

Archivo - Elon Musk.
SpaceX absorbe xAI en una operación de más de un billón de dólares, con la que el hombre más rico del mundo busca unificar lanzamientos, satélites y supercómputo

El tablero de las grandes tecnológicas acaba de moverse con fuerza. Elon Musk, el hombre más rico del mundo, ha decidido juntar dos piezas clave de su universo empresarial en una sola jugada.

SpaceX ha comprado xAI, la compañía de inteligencia artificial que controla desde 2023. El resultado apunta alto: una estructura privada que, según estimaciones, superaría el millón de millones de dólares de valoración y aspiraría a convertirse en la empresa no cotizada más valiosa del planeta.

El plan no se limita a sumar logos. La operación coloca bajo el mismo paraguas la infraestructura de lanzamientos, la red de satélites Starlink y el ecosistema digital formado por Grok y X.

  1. Una compra que sacude el imperio Musk
  2. Salida a bolsa y financiación: el momento elegido
  3. Centros de datos orbitales: la apuesta más extrema
  4. Dudas en Wall Street y apoyos clave: la lectura de los inversores

Una compra que sacude el imperio Musk

La integración llega con una ambición clara: crear un conglomerado capaz de unir conectividad, datos y potencia de cálculo con capacidad de despliegue espacial. A efectos prácticos, SpaceX absorbe a xAI y refuerza un modelo donde las empresas de Musk funcionan como un sistema interconectado.

En un mensaje interno dirigido a las plantillas de SpaceX y xAI, Musk enmarca el movimiento como un paso más hacia "crear el motor de innovación integrada más ambicioso que se conoce, dentro y fuera de la Tierra, en la que se concentrará inteligencia artificial, infraestructuras de lanzamiento, conexión a internet vía satélite, comunicaciones directas con dispositivos móviles y la plataforma líder global de la información en tiempo real y de la libertad de expresión”, con una referencia directa a la red social X, adquirida hace cuatro años e integrada en xAI desde 2025.

Salida a bolsa y financiación: el momento elegido

El calendario añade tensión. Por un lado, SpaceX se estaría preparando para una salida a bolsa que varios medios estadounidenses sitúan en torno al próximo mes de junio. El objetivo que se atribuye a Musk: captar cerca de 50.000 millones de dólares.

Por el otro, xAI ha acelerado inversiones para no quedarse atrás en la carrera por desarrollar modelos de inteligencia artificial. Ese ritmo ha empujado a la compañía a buscar vías extra de financiación, incluso después de cerrar en enero una ronda de 20.000 millones de dólares.

En el mismo texto interno, Musk —quien una vez fue parte de la Administración Trump— vincula la fusión a un problema que considera urgente: el coste energético de la IA. "La demanda de electricidad que requiere la IA ya no puede atenderse desde la Tierra, ni siquiera a corto plazo, sin costes sociales y ambientales", sostiene, antes de presentar el espacio como un entorno más adecuado para escalar capacidad a largo plazo.

Centros de datos orbitales: la apuesta más extrema

El planteamiento pasa por algo que suena a ciencia ficción, pero ya aparece en su hoja de ruta: constelaciones gigantes con capacidad para operar como centros de datos orbitales. La promesa incluye autonomía gracias a energía solar y la aspiración de reducir mantenimiento.

Según sus cálculos, desplegar cada año una constelación de satélites Starlink con un peso cercano al millón de toneladas permitiría sumar hasta 100 gigavatios de capacidad de computación de IA. La cifra queda muy por encima del alcance de los centros de datos terrestres actuales.

En los últimos meses, la idea ha ganado protagonismo en el discurso del empresario. De hecho, SpaceX ha comunicado recientemente a la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos planes para desarrollar un sistema de "centros de datos orbitales" que podría alcanzar hasta un millón de satélites, muy por encima de los aproximadamente 17.000 que ya orbitan la Tierra, según la Agencia Espacial Europea.

El despliegue se liga de forma directa a Starship, el súpercohete con el que SpaceX busca multiplicar su capacidad de transporte de grandes cargas al espacio. En el comunicado conjunto, la ambición va más allá de la órbita baja: “Las capacidades que desbloquearemos al hacer realidad los centros de datos espaciales permitirán bases autosuficientes en la Luna y, en última instancia, la expansión de la humanidad más allá de la Tierra”, se asegura.

Dudas en Wall Street y apoyos clave: la lectura de los inversores

El movimiento también reabre el debate sobre el estilo Musk: compañías tratadas como piezas intercambiables, con capital, tecnología y equipos moviéndose según convenga. Ya ocurrió en 2016, cuando utilizó acciones de Tesla para comprar SolarCity, la firma solar en la que era accionista mayoritario. Y se repitió el año pasado al integrar X en xAI para concentrar datos, computación y talento bajo una misma estructura.

La diferencia clave frente a Tesla es el marco de control: la mayoría de sus empresas son privadas. Eso facilita ejecutar operaciones con más margen y menos exposición pública inmediata, al no existir las mismas obligaciones de transparencia ante accionistas.

Con todo, la compra no se ha recibido con unanimidad. La fusión de SpaceX, uno de los principales contratistas del Gobierno de EEUU, con una empresa de inteligencia artificial a la que investigan por el uso de Grok, ha provocado recelos en parte del mercado. Según Reuters, algunos analistas lo leen como un movimiento más financiero que industrial y alertan del riesgo de difuminar responsabilidades entre negocios muy distintos.

La ironía la puso Ross Gerber, consejero delegado de Gerber Kawasaki, con un mensaje que resume el escepticismo: “se quedó sin dinero. Se fusionó con xAIxAI se quedó sin dinero. Se fusiona con SpaceXSpaceX se queda sin dinero. Se fusiona con… Tesla”.

También hay voces que piden calma. Daniel Hanson, gestor de Neuberger Berman y responsable de un fondo con una inversión de 200 millones de dólares en SpaceX, cree que la operación puede reforzar la posición competitiva, aunque no espera que los centros de datos espaciales entren en el negocio a corto plazo. “Estoy seguro de que han medido tres veces antes de cortar”, dijo a Reuters.

Más allá de los números y del relato futurista, la integración consolida bajo una única estructura privada activos estratégicos: lanzamientos, comunicaciones y desarrollo tecnológico. En palabras del dueño de Tesla, el movimiento no abre “el siguiente capítulo”, sino “el siguiente libro” de su conglomerado.